No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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lunes, 13 de noviembre de 2017

Gastrolandia: Eat is Wok




Hacía tiempo que no comía en un wok, y Fenoll nos llevó a Esteban y a mi a este sitio. No hay mucho que decir: La comida buena la velocidad, máxima. Y el precio, bastante asequible.

Yo me pedí arroz con pollo y verduras pero con extra de gambas, al igual que Fenoll. A los cinco minutos ya lo teníamos en la mesa. Sí es cierto que el arroz no estaba tan rico, y la salsa de soja era un poco fuerte, pero por lo demás genial. Después nos pedimos unas bolitas rellenas de carne, cangrejo y boletus respectivamente. Deliciosas.

Eat is Wok: Calle del Príncipe, 15 (Madrid)


sábado, 17 de diciembre de 2016

Gastrolandia: Goiko Grill



Me habían recomendado tantas veces ir que me daba miedo que las expectativas estuvieran demasiado altas. Sabía, además, que el sitio era relativamente caro y que podíamos salir de allí decepcionados y con los bolsillos vacíos.

Pero no. Goiko Grill, una de las franquicias de hamburguesas mejor consideradas de Madrid, cumplió e incluso superó lo que esperaba. Y eso que pedí una de las más básicas, la Pigma (hamburguesa, queso americano, huevo frito, bacon y una salsa de la casa). Carne buenísima y patatas (rústicas) buenísimas, espectaculares diría yo. Escribiendo esto se me está volviendo a hacer la boca agua. Creo que puedo decir que está en el podio de las mejores hamburguesas que he comido en mi vida.

Sí decepcionaron un poco las quesadillas, diminutas y carísimas. Lo bueno es que me han dicho que entre semana hay menús a buen precio, así que habrá que volver a probar las más extravagantes (algunas llevaban hasta plátano).

Goiko Grill: Alberto Alcocer, 42 (Madrid)


lunes, 15 de junio de 2015

¡Qué difícil es adelgazar en Madrid!




Es muy difícil adelgazar en Madrid. Ya de por sí es una tarea complicada en cualquier parte del mundo, pero en la capital española te encuentras el triple de obstáculos que en ningún otro sitio. Por lo menos yo. Y os voy a explicar por qué.

1. Madrid es una ciudad preciosa. Y hay que aprovechar el tiempo en ella. Desde que estoy aquí el aburrimiento ha desaparecido de mi vida. Y eso limita las horas para hacer deporte. Cuando iba al Máster, llegaba a casa casi a las 16 h, comía y no hacía la digestión hasta cuatro horas después. Entonces ya había algún partido que ver o alguna quedada importante. Y en invierno, un frío de cojones. Ahora, hasta que empiece las prácticas, tengo un poquitín más de tiempo, pero quizá no el suficiente.

2. En Callosa había unas facilidades inmensas para correr. Sólo había que bajar las escaleras y salir en dirección a la huerta. Aquí, hay que coger el metro para correr en un parque o hacerlo directamente en la calle, parando en semáforos una y otra vez. Es un poco coñazo.

3. Los que me conocen saben que adoro comer. Es uno de los grandes placeres de esta vida, y en Madrid la variedad es maravillosa. Ya he probado decenas de bares y restaurantes, y he disfrutado como un niño tapeando por el centro. Lamentablemente, quizá como más de lo que debería. Y es muy difícil comer menos si tienes el McDonalds, el TGB, el Burguer King y el Telepizza tan cerca. Si tienes dos compañeros de piso que tienen fritanga en las venas. Si existen sitios como el Tigre para ponerte las botas por dos duros. Y si estás deseando que lleguen cumpleaños, comuniones y bodas para atiborrarte. Así no se puede.

4. El estrés me da hambre. Los nervios me dan hambre. Tener que hacer cosas me da hambre. En realidad, tengo hambre casi las 24 horas del día. Y es difícil saciar el apetito. En Callosa, a veces, conseguía domarlo bebiendo agua como un condenando, pero aquí sólo tenemos del grifo y si no está fría sabe a rayos.

¿Cómo remediar todo eso? La única manera es con fuerza de voluntad. Me voy a proponer perder peso, no porque quiera ir a la playa y enseñar algo que no sea una barriga cervecera, sino porque quiero verme bien, sentirme ágil y llevar una vida bastante más sana de la que llevo.

Por eso, voy a seguir un plan específico -ideado por mí, paso de pagar dietistas- que publicaré en el blog por si alguien lo lee y puede recriminarme que no lo estoy cumpliendo. Estos son los objetivos:

1. Correr 3 días a la semana.
2. Hacer abdominales todos los días.
3. Comer menos y variedad. Capricho: un día a la semana. Chocolate: un día a la semana.

Día 1: 78,1 kg
Día 2
Día 3
Día 4
Día 5
Día 6
Día 7

Semana 2

Día 8
Día 9
Día 10
Día 11
Día 12
Día 13
Día 14

Semana 3

Día 15
Día 16
Día 17
Día 18
Día 19
Día 20
Día 21




* En azul, días que me voy a correr.
* En rojo, capricho


domingo, 31 de marzo de 2013

Mordiendo la pasta

Lo digo ahora que estoy en frío: el restaurante - buffet "Muerde la Pasta" es una puta locura. Y lo digo después de haber ido ya por primera vez el año pasado y haber repetido ayer por motivo del cumpleaños de  Carlos.




En serio, es una barbaridad. No se engañen por el nombre del establecimiento, no sólo hay pasta. También tienen carnes -todas buenísimas-, pescado, arroz, pizza y los mejores postres que se puedan imaginar. Ah, y barra libre de cerveza, vino, o lo que te apetezca beber. No puedo decir que por unanimidad tenga todo una calidad excelente... pero casi. Yo me vuelvo loco allí. Creo que por eso vamos tan poco. Porque es una auténtica locura.

Sin duda, recomiendo ir a todo aquel que le pirren los buffets y la alta calidad de comida. Es un placer que vale la pena disfrutar.


viernes, 31 de agosto de 2012

Un paladar aventurero

Una de las mejores cosas de la vida es que siempre te puedes encontrar cosas nuevas. Siempre. Habrás vivido miles de experiencias y siempre te quedarán millones por vivir. Desde hace un tiempo intento que cada día sea una novedad. Aprender algo que jamás hayas aprendido. Sentir algo que jamás hayas sentido.

Entre todas esas experiencias, la de probar nuevos sabores siempre ha sido una de mis favoritas. Sobre todo si son de comidas extranjeras. Recuerdo lo que me ilusioné cuando entré por primera vez a un kevab o a un restaurante chino. O cuando en lugar de un chuletón de cerdo de toda la vida te traen buey o ciervo. O cuando saboreas el pescaíto frito de Málaga, el mejor que he probado nunca.

El fin de semana pasado pude vivir varias experiencias culinarias de ese tipo. El viernes, en una tetería de Jacarilla (Alicante), preciosa, al aire libre, en contacto con la naturaleza y con una gran variedad de tés. Yo pedí uno que sabía a clorofila -buenísimo-.

Al día siguiente fuimos a cenar a Torrevieja y yo me empeñé en ir a un restaurante alemán que me recomendó mi madre, donde las jarras de cerveza y las salchichas típicas del país son gigantes. Comimos como reyes -aunque una de las salchichas picaba a rabiar- por unos 5€ cada uno.


Después, Samuel y yo nos aventuramos a probar algo que llevaba mucho tiempo queriendo saborear: el típico sushi japonés. Nos pusieron en una tabla jengibre, wasabi -eso de la foto que parece un chicle verde, madre mía como picaba-, salsa de soja y cuatro sushis. A Samuel le encantó, a mi me resultó asqueroso. Pero había que probarlo. Porque, como digo siempre, si no lo pruebas nunca lo sabrás. Yo y mi paladar aventurero.