No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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martes, 5 de septiembre de 2017

En un España-Italia

Yo nunca pensé que en apenas dos años de profesión conseguiría estar en una gran cita, en un gran estadio, junto a mi jefe, para hacer el directo de un partido tan importante.

Pero vaya, tuve esa suerte el pasado domingo 3 de septiembre, cuando un Santiago Bernabéu lleno hasta rebosar, con miles de personas vistiendo la Roja, vibraba en un duelo ante Italia que decidía prácticamente el pase al Mundial 2018 de Rusia.

Tampoco podía pensar que todo fuese a ir tan bien. El FB Live bien, el wifi del estadio bien (por primera vez en no sé cuántas veces), el partido mejor que bien (ganamos 3-0 e Isco hizo el partido de su vida) y la cobertura bien. Ningún sobresalto, ningún problema.

Lo recordaré toda mi vida y daré siempre las gracias a Eurosport por brindarme la oportunidad de vivir algo así. Uno trabaja para estos momentos inolvidables.


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jueves, 8 de junio de 2017

Mi primer día de Selección





Siendo periodista en Eurosport he tenido la fortuna de ir acreditado al Santiago Bernabéu, al Sánchez Pizjuán, al Estadio de la Cerámica... Sin embargo, nunca había podido ir a un partido internacional de la selección española... hasta este miércoles.

Resulta que España se enfrentaba a Colombia en la Nueva Condomina, apenas a 20 minutos de Callosa de Segura. Aprovechando mi nuevo puesto y que puedo trabajar desde casa, solicité la Acreditación a la Federación... ¡Y me la aceptaron!

Así que me encontré en las inmediaciones del estadio, delante de miles de personas (hacía siete años que la Roja no jugaba en Murcia) y sin saber donde recoger la acreditación, cuando de repente me encontré a Manolo el del Bombo. Llevaba meses sin viajar con la Selección por culpa de una operación de corazón, y todo el mundo estaba pidiéndole fotos. Rápidamente le pregunté si podía hacerle un Facebook Live y me dijo que sin problema. Me dispuse a colocar el trípode, el móvil y el micrófono a la velocidad del rayo y salió uno de los mejores directos que he hecho nunca.




Después me enteré de que le habían robado el Bombo por primera vez en sus más de 40 años animando a la Roja. Se me cayó el mundo encima. Era probable que en ese mismo instante se lo estuviesen mangando.... y se acordaría de mi cara (para mal) el resto de su vida. Por suerte, al día siguiente lo recuperó.

Disfruté de un gran partido a pesar del frío (sí, frío en Murcia en junio, no lo entiendo) y tras hacer la crónica y una noticia sobre los pitos a Piqué, bajé a zona mixta a esperar a los jugadores. Tuve que tirarme en el suelo para poder escuchar lo que decía el propio Piqué (rajada y desplante), Lopetegui y Diego Costa. Este último desveló que saldría del Chelsea este verano, lo que me obligó a encender el ordenador en la misma zona mixta, compartir internet con el móvil y mandar una alerta (además de hacer la noticia) para Eurosport en un santiamén.

Llegué a casa a la una de la madrugada, feliz de haber cubierto un partido de mi Selección, y haber disfrutado como un niño de mi profesión :)


domingo, 16 de abril de 2017

Maldito United

Hacía tiempo que no me gustaba tanto un libro. 'Maldito United' es la historia de los 44 días de Brian Clough en el Leeds United, además de sus inicios como entrenador de fútbol y su hazaña con el Derby County, al que convirtió en campeón de Inglaterra tras ascenderlo de Segunda División.

Arrogante, excéntrico y apasionado. Clough deja a José Mourinho a la altura del betún. La novela, escrita por David Peace, se lee en primera persona, demostrando que el entrenador al que muchos amaban y odiaban también esconde sentimientos, miedos y dudas.



Tras salir de Derby por la puerta de atrás y fichar por un equipo de Tercera División, Clough es llamada por el Leeds para ocupar el puesto dejado por Don Revie, su mayor enemigo, Se ha pasado años criticando el juego del que en ese momento era el vigente campeón del campeonato inglés, por lo que no será bien recibido por gran parte de la plantilla. Además, no contará con su gran amigo Peter Taylor, con quien formó un tándem más que exitoso desde el comienzo de su carrera.

Ya había visto la película, y anoche la volví a ver. Como casi siempre, el libro es inmensamente mejor. Ojalá Peace escriba de la misma forma (tal cual) la historia de cómo Clough inicia una etapa espectacular en un Nottingham Forest que pasa de Segunda División a ser dos veces Campeón de Europa. 18 años estuvo Clough en ese banquillo, esta vez junto a Taylor, logrando la mayor hazaña nunca vista en el fútbol europeo. Mi máxima admiración para él.


domingo, 9 de abril de 2017

Dos días perfectos




¿Qué pasa cuando todo sale rodado? ¿Cuándo los astros se juntan y parece que nada lo va a fastidiar? Rara vez pasa, por eso tengo que describir mis dos días maravillosos de esta semana.

Resulta que me encomendaron una entrevista a Sergio Asenjo, portero del Villarreal. Vi que tenía libre jueves y viernes. Pregunté si podía ser viernes, pues ese mismo día el Submarino jugaba contra el Athletic. Me dijeron que sí. Además, un amigo vive allí y no tenía problemas en quedarme en su casa a dormir. Además, su hermano (uno de mis mejores amigos) también tenía pensando ir. Poco después me dijo mi hermano que iría con tres amigos más de Callosa. La leche.

Y pensé... Si cojo un autobús el mismo día voy a llegar muy justo a la entrevista (era a las 14:00), y ya que tengo libre jueves... ¿Por qué no me paso por Valencia antes? Allí tenía a Esteban y Adrián, dos grandes amigos con los que pasar una buena noche de cañas por la capital del Turia. Encima se unió Pablo (otro gran amigo). Adri me recogió en la estación, fuimos al Oceanográfic a recoger a Esteban y nos fuimos a tapear y cañear como cosacos antes del tradicional TGB. ¡Y encima apareció por allí mi prima!


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Desayuno de lujo en una cafetería recomendada (un bocadillo redondo con bacon, queso parmesano y no se qué más y un zumo de naranja). Coger un cercanías a Villarreal al tiempo que me informan de que la entrevista será por la tarde. Mejor, así como con Carlos y sus dos hermanos en el Burguer King. Después, a recoger las entradas para el partido, descansar en el piso y tomar un café por la calle. Comprar dos banderines del Villarreal en la tienda oficial y salir pitando a la Ciudad Deportiva del Villarreal.

Entrevista deliciosa con Sergio Asenjo, una persona muy agradable que merece mucha más justicia de la que se ha llevado hasta ahora en el fútbol. Ir hacia el Estadio de la Cerámica y encontrarme con mi hermano, ambos con una cerveza en la mano. De repente, aparece Clara Piera (reportera de Gol) y nos entrevista. Desfase. Luego nos tomamos unas bravas espectaculares en un bar pegado al estadio y entramos unos minutos antes de que empiece el partido.




Entramos por un acceso que parece privado. Subimos por un ascensor que parece privado. Entramos por una puerta que parece de lo más privada. Y encontramos comida por todas partes y cerveza (con alcohol), toda la que queramos. Nuestros asientos, acolchados. Y la vista de campo, casi inmejorable. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de un partido que ganó el Villarreal 3-1, consolidando la quinta plaza. ¿Qué más se puede pedir?

Después, dar una vuelta por Villarreal, tomar un par de cervezas y volver al piso a descansar después de dos días increíbles. El viaje de vuelta se hizo largo, pero al llegar a Madrid ya tenía un derbi esperando y una jornada futbolera emocionante por delante. Cómo me gusta.



sábado, 3 de diciembre de 2016

Un día en Leganés



Nunca había estado en Leganés. Y aprovechando que el Villarreal jugaba en Butarque aprovechamos Fenoll y yo para pasar un día allí de verdadero lujo.

Sobre la una del mediodía llegamos a la ciudad, que más bien parecía un pueblecito coqueto al estilo Callosa. Un tipo que me vio con la camiseta del Villarreal se puso a hablar con nosotros en el tren y nos dijo que era amigo del que hacía los famosos carteles del Lega y que fuéramos al bar de su prima, 'El Comodín', donde las aficiones rivales suelen ir a comer y a emborracharse.



Y eso hicimos. Lo encontramos rápidamente, de camino al campo, y vimos allí el Granada-Sevilla y el Clásico mientras bebíamos tercios de Amstel y tapeábamos sin cesar. Después del plato de chopitos acabamos hinchados, y solo el gol de Ramos en el descuento nos levantó de la silla.

De allí, al estadio mientras hacíamos un directo de Instagram con el palo-selfie de Fenoll. Llegamos tres minutos antes de que empezara el partido, y nos sorprendió lo pequeño que es Butarque. Subimos por una rampa y allí estábamos. Nos recordó incluso a El Palmeral de nuestro pueblo. Nos sentamos muy cerca del césped, y nos tragamos, eso sí, un 0-0 en toda regla. El partido fue tan insulso que tuvimos que hacer un Facebook Live para entretenernos.




Acabó el partido y nos fuimos a casa con la sensación de que tenemos fútbol de Primera División muy cerca y a buen precio. Hay que volver.


lunes, 4 de agosto de 2014

SCARBOROUGH 4: De Anfield a Riverside

Quién me iba a decir a mi hace más o menos un mes, cuando supe con seguridad que iba a estar diez días en Scarborough, que iba a cumplir dos sueños, dos objetivos que perseguía desde que la pasión del fútbol se cernió sobre mí. No, no estoy hablando de ver un partido del Scarborough FC, que juega en la octava división inglesa. He tenido la fortuna y el placer de poder visitar dos estadios míticos: Anfield Road y Riverside Stadium.

El primero, dos días después de aterrizar en tierras británicas. Mi prima me dio la gran noticia de que ese domingo todo el colegio iba de excursión a Liverpool, y que por supuesto pasaríamos por el magnífico estadio de los reds. No hay campo que soñara más conocer. Me apasiona la Premier League, y el Liverpool representa el auténtico espíritu del football. Es un campo pequeño -me sorprendí mucho-, tradicional, que posee un aura especial, huele a historia de este deporte. El interior está plagado de cuadros con grandes figuras y con los mejores entrenadores del club. Casualmente, no estaba Rafa Benítez, que consiguió la Champions en 2005 en una de las finales más grandes de la Copa de Europa. El guía nos dio una excusa muy mala, parece que todavía andan quemados con el madrileño.

También me sorprendió -y decepcionó- una sala en la que guardaban camisetas enmarcadas de clubes que fueron humillados por el Liverpool. Estaba la del Barça -cuando fue eliminado en la semifinal de la Copa de la Uefa en 2001- y estaba la del Madrid, cuando perdió 4-0 en octavos de final de Champions, un partido que se recuerda por las palabras de Vicente Boluda, anterior presidente blanco, en las que afirmaba que en Anfield iban a "chorrear" a los reds. Vaya por Dios.



Aquel día tuve también la suerte de poder tomarme una cerveza -dos, para ser exactos- en el bar donde tocaban los Beatles. Incluso eché un meo donde solía hacerlo John Lennon. Vimos un desfile en honor al centenario de la Primera Guerra Mundial -horrible- y comimos en el Subway. Poca cosa que añadir aparte de que tuve que soportar durante el viaje de ida en autobús a unos italianos que no dejaban de cantar su himno nacional -y se reían de que el nuestro no tuviera 'palabras'- y nos decían: "¿Where is Van Persie?" recordando el 5-1 en el Mundial. Una de las pocas palabras que salieron de mi boca aquella mañana fue para responderles: "¿And where is Godín?

Seis días después, estaba a bordo de un autobús dirección Middlesbrough. Un día decidí que este equipo, que alcanzó la final de la UEFA frente al Sevilla en 2006 y que tiene ahora como entrenador a Aitor Karanka, iba a llamarlo para siempre por su apodo: el Boro. O en su defecto, el Boro inglés. Sin embargo, para encontrar un medio de transporte en el que ir hasta allí, tuve que decir el nombre de la ciudad unas 500 veces. Nunca me entendieron.

Eran dos horas y pico de viaje, pero valía la pena. Fui solo, a pesar de mis intentos por llevar a muchos chavales que querían acompañarme. Llegué a la estación de autobuses y cogí un taxi hasta el Riverside Stadium, a las afueras de la ciudad, para ver, casualmente, al Villarreal CF. Resulta que estaba de pretemporada en Inglaterra y su primera parada era el Boro. No podía desperdiciar la oportunidad de ver por primera vez un partido en un campo inglés, y encima frente al Submarino. Compré la entrada por 10 libras y entré al estadio 20 minutos antes del pitido inicial. Me lleve sorpresa doble: primero, al entrar por la puerta del campo, te encuentras con una especie de hall abarrotado de aficionados bebiendo pintas y comiendo hamburguesas. El paraíso, vamos. ¿Cuándo aprenderán en España? Me pedí media pinta y creo que los ingleses me miraron peor que si no llevara nada.

La segunda sorpresa llegó al entrar por el acceso a las gradas. Me encontré con el césped, a ras, y con los jugadores del Villarreal a un metro. Pude hacerme fotos con Cani y Tomás Pina. Conocí a unos amigos de Mario, el lateral derecho, que fueron muy simpáticos ayudándome con las fotos de los jugadores y con otra chica española que estaba allí y que no conseguí ni siquiera su nombre. ¡Una pena! Me quedé con la espina de no estrecharle la mano a Marcelino y decirle que estaba haciendo un gran trabajo en el Villarreal. Creo que le tuve mucho respeto. Demasiado.



Vi el partido cerquísima del césped, al lado de los banquillos, y con una señora del Boro que descubrió que yo era español y que se dedicó a decirme todos los sitios de España que había visitado: Alicante, Benidorm, Alpujarra, los Picos de Europa... incluso me invitó a un bollo, que rechacé porque sospechaba que llevaba pasas en su interior. ¡Con lo buenos que están con chocolate! La señora se llegó a interesar por el Submarino. Me preguntó de dónde era y cual era su mejor jugador. Se sorprendió con los goles amarillos en la primera parte. Y me dedicó una enorme sonrisa cuando se marchó al descanso a causa de la lluvia.

Cuando terminó el partido, me fui corriendo a comprarme un cuarto de libra con queso en el puesto, y fui a la rotonda en la que me dejó el taxi porque le pregunté al conductor si podía volver cuando acabara el partido. El taxista fue muy amable, y aunque no pudo ir, mandó a un compañero a recogerme. 

Éste, al comprobar mi pésimo inglés, se molestó sobremanera en indicarme cómo tenía que encontrar mi autobús en la estación. Pensaba que era fácil, pero fue de locos. Verme a mí, corriendo de un lado para otro entre autobuses, con todas las puertas cerradas -porque ahí no se podía entrar si no era para acceder directamente al autobús- y buscando el que me llevara a Scarborough, cuando solo quedaban cinco minutos para que arrancara, fue una situación de lo más cómica. Cuando buscaba la pantallita con el número, un hombre mayor se cayó al suelo en mis narices. Le ayudé a levantarse hasta que llegó su acompañante y me dio los gracias, pero yo el autobús lo perdía, estaba seguro. Entonces el tipo me ayudó y conseguí dar con él. Muy agradecido.

Todo el lío, las cuatro horas y media de viaje, en un autobús destartalado que no podía subir las cuestas con un desnivel del 25 % y que hacía paradas en medio de la nada, valió muchísimo la pena. Para mí, hay una escena que se me va a quedar para siempre en la retina. Riverside Stadium, descanso. Se oyen cánticos de fondo. De repente, empieza a llover y comienza a sonar 'Wake me up when September ends', de Green Day, por megafonía. Se me pusieron los pelos de punta. Día inolvidable.


jueves, 19 de junio de 2014

El fracaso que siempre soñé



Somos imbéciles. ¿Qué esperábamos? ¿Ganar un Mundial cada cuatro años? Como si los vendieran en el puesto de la esquina por dos duros. Como si alzar la Copa del Mundo fuera igual de fácil que comprar el pan. Absolutamente NO. Los que hemos vivido la época dorada del fútbol español nos hemos creído todas esas milongas de que somos los mejores y tenemos que ganarlo todo. Que somos invencibles. Y una mierda. Hemos sido siempre un equipo más del montón, una selección que hasta 2010 no había llegado a una final de Copa del Mundo en sus casi cien años de historia.

Supongo que ya nadie se acuerda. Hemos ganado tanto y de una forma tan inimaginable que era difícil pensar que nos podían echar en primera fase. Una cosa es confiar en tu equipo, porque han demostrado ser la mejor generación de futbolistas de nuestro país. Y otra cosa, muy distinta, es pedirles, EXIGIRLES, otro Mundial.

Algunos dirán: “No, yo de lo que me quejo es del ridículo, no puedes caer eliminado de esa forma”. Oh, sí. Se puede caer eliminado de esa forma y mil veces peor. En 1950 tres triunfos nos colgaron la etiqueta de favoritos, hasta que Brasil nos destrozó con un 6-1. No volvimos a jugar un Mundial hasta tres ediciones después, donde perdimos dos de los tres partidos de la primera fase.  Lo mismo pasó en 1966. En México 70, hicimos el ridículo a base de anti fútbol. Y no volvimos hasta 1978, cuando  otra vez caímos en primera fase con el no-gol de Cardeñosa. En nuestro Mundial, el de España 1982, la selección no pasó de la segunda fase, ganando un único partido de cinco posibles.

No conseguimos alcanzar unos cuartos de final hasta 36 años después de la última vez. Entonces, tras golear a Dinamarca, éramos los grandes favoritos. Y nos estrellamos frente a Bélgica. En 1990 no pasamos de octavos por el hueco que dejó Michel en la barrera. Luego fuimos eliminados por Italia –Tassotti- en Estados Unidos y por Corea –Al Ghandour- en cuartos de final, haciendo el ridículo en Francia 98 entre medias. 

En 2006 nos dimos el penúltimo batacazo: veníamos de ganar los tres primeros partidos, creíamos que nos comíamos el mundo, dijimos que íbamos a jubilar a Zinedine Zidane… Y él nos jubiló a nosotros.

Entre todas esas vergüenzas y desgracias, de ridículos e infortunios, apareció un oasis en 2010. España había ganado la Eurocopa con el fútbol más preciosista que se había visto en mucho tiempo. Y supimos ratificarlo en Sudáfrica. Nunca habíamos jugado unas semifinales. Mucho menos una final de Copa del Mundo. Pero la jugamos y la ganamos. Practicamos el mejor fútbol del hemisferio. Y cuando creíamos que la alegría no podía durar más, conquistamos otra Eurocopa con un 4-0 a Italia en la final. Lo nunca visto.

Los que vimos a Iniesta meter aquel gol en Johannesburgo pensamos que ya nada podía hacernos más felices. La gente que había sufrido tantos varapalos, tantas derrotas e injusticias, aquel día pudieron contar, antes de morir, que España había ganado un Mundial y ellos lo habían visto. Desgraciadamente, muchos exigieron ganarlo todo a partir de entonces.  Pero eso es imposible.

Sólo ocho países han sido campeones del Mundo. Uno es España, y lo consiguió después de ochenta años de fracasos estrepitosos. El fracaso de ayer, cuando caímos eliminados contra Chile, lo viví con nostalgia, con el recuerdo de que en un tiempo, no hace mucho, fuimos los reyes del planeta. Pero fue el fracaso que siempre soñé. Puede que encajáramos siete goles en dos partidos, que solo hayamos podido marcar de penalti, que hayamos jugado tan mal que ni siquiera pareciéramos nosotros. Pero recuerdo la victoria de hace cuatro años contra la misma selección (Chile) y doy gracias de que la derrota de ayer no fuera entonces. 

Esa victoria, con goles de Villa e Iniesta, nos llevó a ganar la Copa del Mundo. De haber perdido, el de hoy sería el enésimo fracaso, el de la impotencia, el de no poder conseguir la estrella a pesar de haberla tocado con los dedos. Pero no, la estrella es nuestra. Y nadie, absolutamente nadie, nos la puede quitar. Por eso, este fracaso es el que siempre soñé. Porque antes perdíamos por impotencia, por mala suerte, por el árbitro o porque éramos la última mierda de este planeta. Pero el fracaso de ayer fue el de después de haberlo ganado todo. Y doy gracias a Dios de haber vivido para contarlo.


viernes, 13 de junio de 2014

Modo-Mundial


Estoy en modo-mundial. Ayer arrancó el campeonato del mundo en Brasil y mi objetivo es ver los 64 partidos, y hacer un seguimiento en el blog de todos y cada uno de ellos. Hay una hoja en el frigorífico con los horarios de todos los encuentros de fase de grupos. En mi habitación, un póster con los emparejamientos hasta la final. En mi ordenador, varías guías descargadas, entre ellas, una en la que he participado analizando a Camerún y Honduras (Ver o descargar aquí) En el móvil, la aplicación de MI con subscripción Premium para disfrutar de los audios mundialistas. En la tele, Gol Mundial y Road to Brasil a cada segundo. Puesta, la camiseta de la selección española. Avatares de Facebook y Twitter cambiados. Todo preparado para disfrutar de un mes y pico inolvidable.

Un mes que no pude disfrutar hace cuatro años. El día del partido inaugural tuve, nada menos, la Graduación del Instituto. Me perdí el Sudáfrica-México y el Francia-Uruguay. Dos días después, viaje de fin de curso en un Crucero espectacular. Pude ver algún partido en mi camarote. Me perdí la primera parte del España-Suiza por ver la Torre de Pisa. Después corrí hacia un bar para ver la segunda. Cuando volvimos, vi los que pude, pero por unas razones o por otras me perdí grandes partidos, incluida gran parte de la semifinal entre Países Bajos y Uruguay. Este año, algo muy gordo tiene que pasar para que pierda alguno.

Así que nada. Quien quiera saber algo de mí, estaré viendo partidos, o resúmenes, o haciendo crónicas, o escuchando podcast, o leyendo artículos, o vete tú a saber.

PD: Esta enfermedad está muy bien explicada en este artículo de Juan Tallón: 'Jefe, ¿me deja ver el Mundial?


domingo, 27 de abril de 2014

Un Barça-Madrid en Montpellier

Cuando acepté de forma tan improvisada la idea de viajar a otro país y disfrutar de una experiencia sensacional durante cinco magníficos días, tardé un tiempo en asimilar que no vería la final de Copa del Rey entre Madrid y Barça en España, en Callosa, en mi bar de siempre.  La vería en Francia, lejos de todo el ruido, sin prensa con la que ponerse en situación, sin calentar el partido, como si fuera un día normal.


Montpellier era ajeno a todo lo que mueve en España un Barça-Madrid en la lucha por un título. Sí, es verdad que vimos algún niño con la camiseta blanca o con la azulgrana, pero no se respiraba ese ambiente que paraliza un país entero. Ojo: en todo el tiempo que estuve allí no llegué a ver ni una sola camiseta del Lyon, PSG, Marsella o Mónaco, los cuatro grandes de los últimos años en la Ligue 1.

Sí vi cientos de personas que subían al tranvía o paseaban por las calles con la camiseta, el chándal o el abrigo con el escudo del Montpellier Hérault, campeón de Liga hace ya tres temporadas. Tres años en los que se ha marchado la columna vertebral del club –Yanga-Mbiwa, Giroud, Belhanda-. Sólo Rémy Cabella -24 años- ha seguido en el club pese a las ofertas, aunque se le relaciona con el Olympique de Marsella tras firmar una temporada brillante con 13 goles y 8 asistencias en 33 partidos. Pese a que el club se encuentra ahora en un periodo de transición –ha coqueteado con el descenso a lo largo de toda la campaña- la afición en esta ciudad sigue siendo incuestionable.


Sentía curiosidad por el estadio del Montpellier, situado al final de una de las líneas de tranvía, en el barrio de Mosson –tiene parada con su nombre, ‘Stade de la Mosson’-. Fuimos en la tarde de un martes soleado, y al contrario que otras ciudades donde el campo está bañado por las masas, éste presentaba un aspecto como de abandono, en un barrio frecuentado por marroquíes y franceses de ascendencia africana. En una de las escalerillas que daban acceso al estadio se podían ver botellitas de alcohol vacías y paquetes de tabaco. Sin embargo, al mirar por uno de los resquicios, se podía contemplar parte de las gradas y el césped. Hubiera dado lo que fuera por haber podido entrar y presenciar un partido.

Me dijo mi colega Samuel que en esta ciudad el fútbol siempre había sido el deporte que peor se daba. Eran mejores en balonmano o rugby, donde ahora mismo el Montpellier marcha segundo, a dos puntos del líder, el Toulon. Tuvimos la suerte de entrar en los alrededores del estadio de rugby, situado cerca de la casa del padre de Samuel, y pudimos echarnos fotos con algunos jugadores, entre ellos una de las estrellas de la selección francesa. Muy amables, avisaron a dos corpulentos jugadores argentinos para poder hablar con ellos en castellano. Nos hablaron de las ganas que tenían de viajar a España y se quejaban del clima en Montpellier. Fue genial.


¿Y qué estuve haciendo el día de final? En lugar de leer todos los periódicos, estar al tanto de la última hora, ver los informativos, leer cada tweet sobre el partido, escribir una previa, analizar cada detalle del encuentro… me dediqué a ver el inmenso zoológico de Montpellier. Inmenso por decir un adjetivo, pero me quedo corto. Era gratuito, pero era comprensible: su extensión era enorme, los animales que decían que tenían eran prometedores, pero las distancias entre cada recinto eran abismales, los bichos se veían desde lejísimos –algunos, como el león, ni se veían-, y para colmo hacía un sol implacable. Yo solo tenía ganas de volver a bajar la cuesta que tuvimos que subir – a mi pesar-, llegar a casa y concentrarme en el partido.

Cuando paramos para ‘robar’ wifi del Mc Donald´s, me enteré de la definitiva baja de Cristiano Ronaldo. Mal presagio. Llegamos a casa, cenamos, me puse la camiseta del Real Madrid y nos fuimos a un bar situado en la Avenida de Marsella. ‘Le Lion’, se llamaba. La dueña era una mujer mayor que al enterarse de que éramos españoles, se volvió loca de alegría. Nos dijo que su padre era de las Islas Canarias, y su madre de Melilla, pero ella había pasado toda la vida en Francia. Nos invitó a pizza con curry y piña, se volvió loca con el hecho de que yo fuera del Madrid, Samuel y su padre del Barça y Javi del Athletic; tiró su sujetador por los aires… ¡Y hasta nos cantó el ‘Viva España’ de Manolo Escobar! Fue lo mejor de la noche hasta el gol de Bale.

En los prolegómenos del partido ya había empezado el Guingamp-Mónaco de semifinales de la Copa de Francia. El camarero iba cambiando con la previa de Canal + Francia sobre el Clásico, en la que había una mesa redonda con diferentes expertos, entre ellos Javier Gómez, de la Sexta –me impresionó verlo allí hablado en francés-. Entre los puntos que analizaron, destacaron el bajón de Messi y la importancia de Benzema, probablemente el jugador más en forma de la selección francesa en la actualidad.


Durante el trascurso del partido se pudo comprobar que la mayoría del bar iba con el Barça, quizás por la cercanía. Sin embargo, la diferencia entre un bar de Francia y otro de España es escandalosa, literalmente. En lugar de soltar gritos, insultos y demás alaridos, reinaba la cordialidad y el coloquio distendido. Eso sí, ya me gustaría verles en una final de Mundial.

Cuando grité el gol de Di María y el resto permanecían callados, impasibles, como si no hubiera pasado nada, sentí que me invadía la nostalgia de la ‘pasión’ que tenemos los españoles “por el fútbol y los toros”, como me dijo la dueña del local, “mucho más que los franceses”. Un hombre mayor apoyado en la barra me chocó la mano en un gesto de complicidad. No estaba solo.

Sin embargo, el gol de Bartra me hundió en una profunda desesperación. El Barça, que estaba jugando uno de los peores partidos que se le recuerda en una gran cita, empataba casi sin merecerlo. Pero Bale, asumiendo los galones de Cristiano, se apuntó un golazo de bandera, recorriendo la banda izquierda como una gacela, superando a Bartra saliendo del campo y entrando para perfilar la portería y batir por bajo a Pinto. Estallé de alegría. Todos fliparon. Otro hombre que llegó a mitad de partido me chocó la mano como diciendo: “Vaya golazo habéis metido”. El tiro al palo de Neymar casi al final me puso los testículos en la garganta, pero después de eso todo acabó. El Madrid era campeón de Copa.

No pude ni ver a Iker levantando el trofeo.  El padre de Samuel ya se había levantado y se dirigía a la puerta. Habíamos venido en coche y la casa estaba en la otra punta. Al día siguiente busqué la escena en los informativos, copados por la eliminación del Mónaco en manos del Guingamp. Sólo pude volver a ver el gol de Bale, que valió la pena. Lo habría visto miles de veces.


Ver capítulo 1- Gabacholandia
Ver capítulo 2 - La Gran 'M'
Ver capítulo 3 - Rez-de chaussée
Ver capítulo 4 - Un lunes en Montpellier
Ver capítulo 5 - Saint Roch



viernes, 23 de agosto de 2013

Raúl, homenaje a una leyenda

Lo de anoche fue una barbaridad. Tener el privilegio de acudir al Santiago Bernabéu al partido que honra al jugador más grande de la historia del Real Madrid y a un ejemplo en el mundo del fútbol, no tiene precio. Ni el precio de la entrada, ni el calor, ni la matada que supone llegar a las siete de la mañana después de una madrugada viajando en autobús. Todo, absolutamente todo, vale la pena con tal de ver lo que ayer vimos.




Y no es sólo eso. Raúl no sólo es la leyenda viva del madridismo, ni todos los récords que tiene, ni todo lo que han dicho de él las miles de autoridades que tiene este deporte... Raúl ha creado en mí un sentimiento de respeto, cariño y admiración que no he sentido por ninguna otra persona fuera de mi familia y amigos. Es parte de mi vida. Me ha hecho sentir momentos inolvidables, tanto en vivo como por televisión. Hace tres años, en Mestalla, nos emocionó con su gol al Valencia gritando en nuestra cara toda esa rabia contenida de demostrarle a España que todavía seguía vivo, respondiendo en el campo a los múltiples insultos que recibió por parte de la afición valencianista -insultos que también sufrimos nosotros-. Y lo de ayer... fue un homenaje -casi- en toda regla.

Porque a pesar de que posó con todos sus títulos a los pies del Bernabéu, recibió un obsequio por parte del su majestad el Rey, le fue entregado el número '7' y el brazalete de capitán, marcó con la camiseta del Real Madrid siendo coreado por más de 80.000 espectadores, posó con el título de campeón junto a sus anteriores compañeros, que le mantearon; toreó una vez más con su capote, recorrió todo el estadio para dar las gracias a todos los presentes, arengó a los ultras por última vez y besó el centro del campo del Santiago Bernabéu... Raúl mereció mucho más. Mereció un Santiago Bernabéu a oscuras, con fuegos artificiales y un vídeo que describiera lo que ha sido, es y será por siempre Raúl en el Real Madrid. Una leyenda.


domingo, 22 de abril de 2012

La verdad del Clásico

Sí, lo sé: este blog no habla de fútbol. Para eso ya tengo otros. Pero hoy haré una excepción, porque lo que escribo en Córrete la Banda o Futboling Lereliano son artículos redactados por mi. Lo que voy a exponer a continuación en esta entrada son pequeños fragmentos de periodistas a los que les tengo un gran respeto y reconocimiento.



Ayer el Real Madrid ganó el Clásico al FC Barcelona en el Camp Nou por primera vez en cuatro años, por primera vez con Mourinho de entrenador, por primera vez para ganar una Liga después de tanta sequía. Me he llevado muchos palos en las últimas temporadas: los apabullantes 5-0 y 2-6, las múltiples derrotas en nuestro propio estadio, la eliminación de Champions que nos dejó sin final, el gol de Messi en el descuento que nos privó de la Supercopa de España, la eliminación en Copa del Rey en el presente año... pero ayer se acabó. Ayer ganó el Madrid por fin. Podría hacer crónica, pero mi opinión, a parte de poder darla mañana en el programa de ¡Córrete la Banda! en Radio UMH, no tiene sentido alguno para casi nadie. Lo que importa es lo que dicen los expertos, los que se han ganado toda mi consideración y que pueden decir alto y claro lo que sucedió en el Camp Nou. Cada uno puede tener su visión del gran acontecimiento y de las gigantescas consecuencias, pero seguramente sean estas personas las que más se acerquen a la verdadera realidad del asunto.

Rubén Uría: El mejor Madrid de los últimos años se olvidó de la histeria colectiva, de la conspiración y de sus excusas de mal pagador, para desplegar el potencial de fuego de un equipo que abraza, de manera justa y merecida, un título. Un campeonato que debería servir para rearmarle y creer que a la institución, a pesar de quien pese y se llame como se llame, le sienta mal no intentar jugar bien. Con ambición, determinación y autoridad, el Madrid manejó mejor los tiempos de un partido donde brilló en el primer y el último tramo, sufriendo tras el descanso, el periodo donde cedió iniciativa y balón a un Barça, hasta entonces tan desactivado como desconocido. El equipo de Mou, el de los récords, las estadísticas y el saco de goles de sus dinamiteros, conquistó el Camp Nou para romper la supremacía de un Barça que, desde hace tres años y medio, le había condenado a sentarse en del diván del psiquiatra.

Martí Perarnau: Campeón de Liga merecido este Real Madrid consistente en su regularidad, mortífero en la pegada, contundente en la organización defensiva. Al término de las 38 jornadas habrá tenido muy pocas lagunas y escasas ausencias. Su juego imperial del primer tramo de temporada no ha tenido continuidad en el segundo, pero ha sabido amarrarse a su inmenso espíritu competitivo para sacar adelante un título que el Barça le ha peleado hasta las heces (...). El Barça de las imprecisiones frente al Madrid de los aciertos. En otras ocasiones fue al revés, pero hoy todo marchó en la misma dirección. Al descanso, el equipo local había batido su plusmarca absoluta perdiendo nada menos que 42 balones, una barbaridad estadística para un equipo acostumbrado a jugar en una baldosa y no perder nunca el cuero. Incluso un muro como Puyol se dejó comer la tostada ante Khedira en un primer gol que dio alas al futuro campeón (...). Habrán sido dos locomotoras espléndidas peleando durante meses en un reto inolvidable. Llegarán ahora momentos interesantes para ambos: la digestión de la victoria para un vestuario madridista que llevaba tres años dolientes a la sombra de su rival y que parece tener muchas cuentas externas pendientes; y la asimilación de la derrota por parte de un barcelonismo con raíces cainitas que a estas horas debe andar dudando de un equipo irrepetible y un entrenador excepcional.

Julio Maldonado (Maldini): Antes que nada, ganar hoy en el Camp Nou convierte al Real Madrid en justísimo campeón de liga. Eso es así. Único guión posible, Barça con la pelota y el Real Madrid atrás. Defendió bien, controló bien y el Barcelona repitió errores de Londres. Xavi no está bien, viene avisando hace tiempo. Ante rivales tan cerrados el mejor Xavi no está. Su cambio, lógico. Será clave el martes. En cuanto a Pepe, tremenda su exhibición. Igual que se le ha criticado con acciones injustificables en su momento, como central es un portento.

Borja Pardo: Jugadores y entrenador azulgranas deberán reflexionar seriamente que falló para sucumbir de ese modo en el partido clave de la Liga. Pienso que Guardiola leyó francamente mal el partido, no acertó con los cambios y éstos llegaron muy tarde. Se demostró que Guardiola es humano y puede fallar, se demostró que jugadores Campeones del Mundo y Campeones de Europa pueden acusar la presión y la ansiedad de un modo evidente. Un mal día. No se alarmen. Tienen crédito para fallar. En el fútbol, las emociones y los estados de ánimos juegan tanto o más que la calidad individual, y las emociones las controló mejor el Real Madrid que siempre llevó el tempo del partido, aunque fuera en la sombra.

Santiago Segurola: El mérito del Madrid residió en su capacidad para desactivar el fluido juego que caracteriza al Barça, cuyas cualidades quedaron empequeñecidas por el eficaz muro defensivo del Madrid. El discreto partido del Barça no estuvo a la altura de su ambición. No traicionó su identidad, ni resultó irreconocible. Al contrario, dispuso de la pelota en cantidades industriales -73% de posesión, nada menos- y jamás abandonó su plan. Pero eso no fue suficiente.

Diego Torres: Cristiano hizo algo que viene practicando desde hace año y medio. Vivió pegado a la banda izquierda como un satélite del Madrid. Fue el jugador más liberado de cuestiones defensivas en su equipo. Se dedicó a esperar. Más que nunca, aguardó al balón largo para atacar a Puyol. Lo posibilitó el esquema presentado por el Barça, con tres centrales y amplios espacios en los costados. La labor no fue nueva para él. Lo que resultó novedoso fue su serenidad para afrontar un duelo que hasta ayer le había sacado de quicio. En ningún momento exhibió aquella ansiedad por marcar que tantas veces le arrastró a la desesperación. Su gol, el 1-2, fue el número 42 en su cuenta. El más importante de los muchos que han empujado a su equipo hacia un final exitoso. El gol que puede decidir el campeonato y, quizás, su ansiado Balón de Oro.

Marcos López: Sin cambios, ni novedades posicionales, el Barça no encontraba los caminos, el Madrid caminaba hacia el campeonato mientras que el Barça dejaba la sensación de agotamiento y la peor versión en partido grande desde que está Guardiola en el banquillo. Confusión, Iniesta incómodo, Xavi desaparecido y la manija para Thiago. El cambio de Xavi era obligado. Salió Alexis y el Barça explotó. Velocidad y más velocidad, empate en la primera jugada. Ardía la liga, contrarreloj absoluta, todo o nada, ataque masivo y una triangulación a campo entero entre el mago Özil y Cristiano que detonó la liga. Game over, al Barça sólo le quedaba correr y correr como pedía Guardiola luchando por negar una derrota que se sobrevenía. Ansiedad, precipitación y pérdida posicional. Era una locura, descontrol, un camino hacia ninguna parte que el Madrid detectó pronto. La obligación del Barça le había cambiado la mirada, el primer gol fue el hundimiento, el resto un quiero y no puedo donde el Madrid fue mejor, esta es su liga.