No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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lunes, 20 de febrero de 2017

Tener 26





Creo que ya han pasado suficientes días como para saber lo que significa tener 26 años. No, hace tiempo que no me torturo con la edad. Hace tiempo que creo que eso está en la mente. Uno es joven si quiere serlo. Uno no deja de leer libros de Harry Potter o de ver películas de Disney o jugar a la play porque se hace 'mayor'. Eso es lo de menos.

Cumplir años está bien, porque quiere decir que seguimos vivitos y coleando. Asumí los 25 con total naturalidad a pesar de que lo de "cuarto de siglo" sonaba fatal. Sin embargo, los 26 son el MAL. El HORROR. Así lo han querido las instituciones públicas y privadas.

El 11 de febrero me levanté pensando... ¿De verdad debo celebrar este cumpleaños? Me sentí como Sheldon Cooper, que no contemplaba la celebración del aniversario de un acto tan trivial como salir expulsado de una vagina. En este caso, el de los 26, es como celebrar una desgracia. Como gritar un gol del Barça o emocionarte porque se ha estropeado la máquina de los 'Sundaes' en el MacDonalds.

En el mismo momento en el que cumplí los 26, aumentó la comisión que debo pagarle al Banco Santander de forma anual por tener una cuenta. Mi tarjeta de transporte público de Madrid, que me llevaba en metro, autobús o cercanías a cualquier zona de la Comunidad y alrededores (incluso Toledo o Guadalajara) por 20 € al mes, pasó automáticamente a costar 53,60 € solo a la zona A. Poder ir a cualquier sitio me cuesta más de 100 euros. El Metro se encargó de felicitarme cuando me dispuse a pasar los tornos rumbo a Atocha. "Pi-pi-pi-pi, tarjeta no válida". HUNDIMIENTO.

Con 26 años ya no puedo tener tarjeta joven de RENFE, que me hacía un 30% de descuento en cualquier viaje en AVE o talgo. La fecha de caducidad estaba en abril, pero llamé para comprobar si me valía hasta entonces o al tener ya los 26 me daban una patada en el culo. La primera persona me respondió lo segundo, pero insistí y me pasaron con el departamento de la tarjeta en cuestión. Y esta persona me dijo que podía usarla hasta abril. Me la quisieron colar, pero sí, es todo un detalle poder usar esa tarjeta dos meses más. Es como alargar la espera de una muerte segura.

Lo peor ha sido perder los descuentos de Familia Numerosa, pero claro, resulta que en octubre caducaron los carnets y todavía no nos han llegado los nuevos. Seguro que ahora que no puedo usarlo, llegan enseguida.

He tratado de buscar en internet los miles de beneficios que pierdo con 26 años, porque no hay duda de que somos la lacra social de este país. Las primeras entradas de Google son de lo más optimistas. "¿Estoy vieja a los 26 años?", "Sentirse viejo a los 26 años, ¿cada vez más?", "¿Tienes 26 años? Te estás haciendo viejo y no lo sabes"...

Pues maldita sea, me niego a aceptar mi destino. Ya he empezado mi plan para no perder ni un solo euro por tener 26. No puedo desvelarlo por aquí porque algunas cosas podrían estar fuera de la legalidad. Eso sí, quiero hacer un llamamiento al Ayuntamiento de Madrid, a RENFE, al Transporte Público, al Banco Santander y a todos aquellos que cumplieron 26 y se sintieron viejos. Los 26 son los nuevos 20, o como mínimo los nuevos 23. Tenemos derecho a descuentos. Los tiempos cambian, la esperanza de vida es mayor y la gente es joven hasta los 30 o los 35. Así que, Carmena, te lo suplico, haz algo. O jamás te lo perdonaré.

PD: En vez de celebrar mi cumpleaños, ahogué penas en mi pueblo, con mi gente, en una noche que sería inolvidable si no fuera por los innumerables chupitos que bebimos. No me acuerdo ni de la mitad.




jueves, 11 de febrero de 2016

VEINTICINCO

En UN solo intento Arturo sacó la espada de la piedra en la película de Disney 'Merlín el Encantador', esa que vi cientos de veces en mi feliz infancia, antes de acostarme a dormir junto a mi conejo verde de peluche.



Barcelona, que transporta en barco alrededor de DOS millones de pasajeros anuales, fue la primera ciudad a la que viajé teniendo constancia de ello. De aquellos días recuerdo pocas cosas (un gorila blanco, un libro de los Picapiedra, un amigo calvo de mis padres), pero todas fueron maravillosas.



Alessandro Del Piero, que jugó TRES mundiales con Italia de los cuales ganó uno, nació el mismo día que mi hermano. De meterme con él en el parque -de estos de casa- hasta irme de cañas con él en Madrid. Sin duda recuerdo mucho mejor los buenos momentos que los malos.

Más de CUATRO veces vimos al Coyote ser humillado por el Correcaminos la noche que nació mi hermana, en uno de los días más felices de mi vida.



El CINCO de octubre de 2003 fui por primera vez al Santiago Bernabéu, con mi tío. El Madrid ganó 2-1 con doblete de Ronaldo, Figo falló un penalti y yo flipé en colores de estar en el lugar más espectacular del mundo.



Menos de SEIS segundos tardaba en bajar al recreo en el Primo de Rivera para poder comprar una torta de tomate. Se agotaban enseguida.



SIETE goles fueron los que se anotaron en el partido en el que marqué mi primer gol en una Liga de Colegios. Un balón largo del portero, me quedé solo frente al meta rival, paró mi remate pero metí el rechace. Todavía recuerdo que me tiré al suelo tras marcar y todos se abalanzaron sobre mí. El gol rompía el empate a tres y nos daba la victoria.

A las OCHO de la noche más o menos era la hora a la que solía ir al 'ciber' porque en mi casa me prohibieron el internet. Allí actualizaba el fotolog y navegaba por todo tipo de webs, pero sobre todo hablaba por Messenger con la mejor persona que he conocido. Córdoba.



Un NUEVE fue la nota final que me pusieron en Dramatización por interpretar a un inglés parlanchín y un vagabundo cojo en una obra de teatro de la Revolución Francesa. Aquellos ensayos y los elogios recibidos tras las interpretaciones son de lo mejor que me llevo de la Purísima.



El DIEZ era el dorsal que llevaba Dennis Bergkamp el día que le homenajeron en el estreno del Emirates Stadium, donde yo estuve gracias a mi casera en Londres, en el año 2006. Fue el primer viaje que hice yo solo.



ONCE fueron las veces que tuve que repetir 'Bayuyu' para que al final me saliera 'Babayu', palabra que me enseñaron mis amigos los asturianos en el que fue, junto a ellos, Adrián (el 'Yonki'), el Hierro, Gloria y muchos más, el mejor verano de mi vida.



Cerca de DOCE segundos tardó en arder el mítico '40 grados', la primera discoteca a la que fui -recuerdo que tenía 17 años y me dejé barba para que no me pidieran el DNI- y en la que compartí grandes momentos, sobre todo con Demetrio, Dani y Fran.



Alrededor de TRECE partidos -puede que más- narré con un megáfono en el patio del Instituto, el lugar donde conocí a muchos de los que hoy son mis amigos, y donde viví años inolvidables. No se qué habría sido de mí de no haber pasado por allí.



Probablemente fueron CATORCE cubatas por noche los que nos bebimos en el Crucero por el Mediterráneo en el viaje de graduación del Instituto, puede que el mejor que haya hecho en mi vida.



Un QUINCE de febrero de 2011, en la fría noche de Valencia y en el más absoluto silencio de Mestalla, viví el gol más sentimental y emocionante de mi vida. Gracias, Raúl.



Unas DIECISÉIS veces habré visto este vídeo, en el que cantamos todos juntos la canción del Bucanero Homosexual en los Carnavales de Alicante. Sin duda, pocos momentos de éxtasis y felicidad mayores que éste. La mejor representación de alegría jamás vista.



Puede que ya por el programa DIECISIETE estuviéramos algo más rodados en lo que venía a ser nuestra primera experiencia periodística. Hacer 'Córrete la Banda' con Sergio, José, Adrián y Jesús ha sido una de las mayores y gratas experiencias de mi vida.



No los conté, pero seguro que fueron más de DIECIOCHO los vasos de calimocho que bebí en mi primer Bando de la Huerta, sin duda la más grandiosa y feliz borrachera de mi vida. Jamás olvidaré -salvo ciertas cosas- aquel día.



Al menos DIECINUEVE calamares me comí el día que por fin pusieron frescos en el comedor del hotel de Torremolinos, en un viaje que ahorramos durante un año y que disfruté con lo mejor de lo mejor. Hay que hacer más como ese.



VEINTE alumnos se fueron del examen de Derecho cinco minutos después de que empezara, un examen que aprobé por los pelos y que certificó mi título de Graduado en Periodismo. Alegría máxima.



VEINTIÚN años tenía cuando me saqué el carnet del coche a la primera, una de los cosas -por lo torpe que soy- de las que más orgulloso me siento.



Un VEINTIDÓS de noviembre escribí el primer tweet de @CDS_Noticias, lo que sería el comienzo de un medio que hoy tiene web, revista y pronto, una radio. De todas las cosas por las que podría sentirme orgulloso, esta es la mayor.



Un VEINTITRÉS de octubre de 2014 aterricé en la ciudad donde siempre soñé vivir, la que me ha dado grandes momentos en grandes lugares, y la que me ha hecho conocer personas a las que nunca podré olvidar. Gracias Madrid.



Con VEINTICUATRO años vi mi nombre, David Orenes Almira, por primera vez en la web de uno de los periódicos más prestigiosos del mundo. El día que me publicaron la entrevista a Carlos Aitor -siempre en deuda contigo- fue uno de los más felices de mi vida.



VEINTICINCO años es lo mismo que un cuarto de siglo, o que dos décadas y un lustro, y si me pongo a contar las semanas, los días, los minutos o los segundos que es eso me tiro ahora mismo por el balcón. Torturarse por la edad es una tontería, pues lo importante es poder disfrutar cada momento para que luego, al mirar atrás, recuerdes muchas más cosas buenas que malas. Como yo hoy :)




sábado, 4 de julio de 2015

Mi compañero




Mi compañero de piso se levantaba siempre muy tarde. Tenía el horario cambiado, y como los búhos, dormía por las mañanas y vivía por las noches. Cómo yo con la Copa América, vamos. Siempre aparecía en gayumbos, con la cara hecha un asco y los ojos a punto de reventar. Cogía su móvil, respondía los 20.000 whatssaps pendientes -y dejaba 20.000 más para más tarde-, cogía el ordenador y se ponía a leer artículos sin parar. Quizá fueran las 15 h, pero él no tenía hambre, nunca. Hasta que le ponía un plato de macarrones a la carbonara en la mesa. Entonces engullía como si de un pato se tratara.

Luego se tiraba en el sofá y se quedaba viendo Zapeando mientras trataba de responder los 20.000 whatssaps de antes. A veces, se iba al aseo, y tenía miedo de que nunca jamás volviera. Si nos teníamos que ir a un sitio, la palabra 'ducha' se convertía en 'interminable'.  Por la noche, como digo, había que vivir. Salir de fiesta, gastarse un dineral en pubs y taxis. O sino, todo lo contrario: apagar todas las luces y ver capítulos de Juego de Tronos como salvajes.

A mi compañero le encantaba la televisión. O los documentales. O ver películas a destajo.  o vídeos de goles. Y leer artículos científicos o de curiosidades. Le molaba fumar cachimba, beber tinto de verano, comer hamburguesas -la Monster- cuando estoy a dieta y, entre él y José, acabar con todas las existencias de leche en el piso. No era un tipo sucio, pero nunca supo poner el lavavajillas, y creo que tampoco la lavadora. Se planchó una camisa en hora y media, eso sí.

De mi compañero de piso conocía muchas cosas. Llevamos juntos ocho años, joder. Para mí es como un hermano. He vivido con él  ocho meses y no he aprendido nada importante de él. Sólo los pequeños detalles. Lo bueno, lo mejor, ya lo conocía. La única diferencia entre hace ocho meses y ahora es que entonces era el tío más afortunado del mundo por vivir con Sergio Berenguer, y ahora, cada día que pasa desde que se fue, siento un vacío imposible de llenar.

La mayor putada de todas en el día de hoy, el día de su cumpleaños, es no poder felicitarle en persona. No poder celebrarlo con él. No poder escribir esto en la pizarra de la pared en lugar de en este blog -aunque se ha librado de leer mi letra infernal-. Sólo espero que pase un día genial, como él sólo sabe, porque se merece todo lo bueno de este mundo. Porque aunque ya no sea mi compañero de piso, siempre será compañero de vida. Siempre.

viernes, 13 de febrero de 2015

50 veces Mamá




  1. Porque me dio la vida
  2. Porque hizo lo posible por mantenerme vivo
  3. Porque me puso un nombre maravilloso, y no el que querían otros
  4. Porque me llevó a Madrid a operarme del ojo
  5. Porque con 3 años me llevó a un viaje a Barcelona que todavía recuerdo
  6. Porque me puso mil veces la película de Merlín el Encantador
  7. Porque me regaló el mejor peluche del mundo
  8. Porque hizo de los días de Reyes los más especiales de mi vida
  9. Porque hizo que comiera de todo
  10. Porque hizo que mi infancia fuera hermosa
  11. Porque me hizo ser un niño aplicado
  12. Porque me quitó los piojos que invadieron el colegio
  13. Porque nunca me obligó a practicar ninguna religión
  14. Porque me dejó ir a clase con gorra
  15. Porque quiso que aprendiera inglés, música, natación e informática
  16. Porque fue la mejor enfermera para mí
  17. Porque contrató a la mejor ama de casa del planeta
  18. Porque me compró la Game Boy, el mejor regalo que nadie me hizo nunca
  19. Porque me hizo disfrutar de muchos veranos en Torrevieja
  20. Porque me llevó a Disneyland París
  21. Porque me obligó a ir a la Purísima en la ESO
  22. Porque me obligó a leer los libros de Harry Potter
  23. Porque me llevó a lugares increíbles
  24. Porque me apoyó en cada obra de teatro
  25. Porque me dejó ir a viajes que ni siquiera merecía
  26. Porque gracias a ella nunca me faltó de nada
  27. Porque siempre prefirió prevenir antes que curar
  28. Porque tomó la decisión más difícil de su vida
  29. Porque lo antepone todo por sus hijos
  30. Porque consiguió aficionarme a la lectura
  31. Porque gracias a ella conocí a Paco
  32. Porque aguantó todas mis 'trastadas'
  33. Porque me llevó a restaurantes de ensueño
  34. Porque le da casi la misma importancia a mi santo que a mi cumpleaños
  35. Porque ha tenido mucha paciencia
  36. Porque me mandó a Inglaterra con apenas 16 años
  37. Porque me animó a estudiar lo que quisiera desde el principio
  38. Porque siempre se preocupa por mi
  39. Porque si no sufrí un trastorno psicológico, fue gracias a ella
  40. Porque tiene los mejores padres, hermanos y primos que podría tener
  41. Porque me hizo disfrutar de un viaje maravilloso a Toledo
  42. Porque sabe guardar un secreto
  43. Porque me enseñó a cocinar
  44. Porque lucha por lo que considera justo
  45. Porque quiere ser una madre enrollada
  46. Porque gracias a ella soy Graduado en Periodismo
  47. Porque gracias a ella estoy en Madrid, en el Máster de MARCA
  48. Porque gracias a ella soy lo que soy
  49. Porque cree que puedo cumplir todos mis sueños
  50. Porque te quiero

miércoles, 11 de febrero de 2015

¡A comerse el mundo!



Hoy, hace exactamente un año, yo estaba bastante deprimido. Estaba cumpliendo 23 años, y me sentía viejo, incapaz de aprovechar cada segundo de mi vida y mirando al futuro con más negatividad que optimismo. 

La cosa ha cambiado. Cumplo 24, un número horrible, sí -no tanto como el 25-, pero estoy en Madrid, en una ciudad maravillosa, en un piso que comparto con dos de mis mejores amigos, después de comerme un platazo de pasta a la carbonara, tras ver Zapeando y con el móvil a explotar de tantas muestras de cariño. Hace un año no sabía siquiera si iba a terminar la carrera, y hoy estoy donde quiero estar, en el Máster en Periodismo Deportivo de MARCA, y sobre todo, disfrutando de lo que me da la vida a cada segundo. 

Hace ya tiempo que me propuse no desperdiciar ni los pequeños ni los grandes detalles que se nos ofrecen. Agarrar las oportunidades al vuelo. Y nunca sentirse viejo. El que quiere ser joven, lo es toda la vida. Por eso siento que tengo la misma edad que ayer, que hace un año y que hace dos. Sí, he madurado, pero sigo sin haber perdido el sentido del humor, y mucho menos el del ridículo.

Por eso os animo a levantaros del sofá. A experimentar cosas que nunca vivisteis. A soñar con cosas imposibles. A ver el otro lado de las cosas. A ser felices. A experimentar la satisfacción de ayudar a los demás. Y, sobre todo, a darse cuenta de que hoy, mañana, pasado, el sábado, el domingo, el lunes y el martes son días que nos ha regalado alguien para aprovecharlos.

Creo que lo peor que le puede pasar a una persona es no estar ilusionada por la vida. La edad importa un pimiento. Esta es una filosofía que me ha hecho superar cualquier obstáculo y que recomiendo a todos. Salid, como yo, a comeros el mundo.

Muchas gracias a todos :)

domingo, 23 de marzo de 2014

Carlos4espiakc




Siempre he tenido una relación especial con el número 23. Es uno de los primeros que asocio cuando veo muchos dígitos juntos. Lo veo en las matrículas, en los tickets de la compra, en las tarjetas de crédito. Me sirve de ejemplo para muchas operaciones. Lo elijo como uno de los números del Euromillón, a veces incluso echo en la ruleta a ese número en cuestión.

¿Por qué mi cabeza piensa primero en este número y luego en el resto? Por tres sencillas razones: Por la película ‘El número 23’, de Jim Carrey; porque fue el número de David Beckham en el Real Madrid; y sobre todo, porque cada 23 de marzo una de las mejores personas que conozco cumple años. Y esos días son imposibles de olvidar.

Carlos es uno de esos trocitos que sujetan la columna vertebral de mi vida. Nada sería lo mismo si no comentáramos nuestras apuestas, si no comiéramos pollo con mi primo Fran, si no disfrutáramos de lo que es hacer más puntos que el otro en los ‘Comeboyos’.

No hubieran sido lo mismo los viajes a Torremolinos, a Bilbao, al Arenal Sound, las Fallas del año pasado, las celebraciones del Bando de la Huerta –otro no habría dejado que le mordiera-, las excursiones a Alicante, el concierto de Melendi, carnavales, esas borracheras improvisadas que convierten noches rutinarias en las mejores que te puedes imaginar…

Porque Carlos, en realidad, ha estado siempre ahí. En las buenas y en las malas. Cuando he necesitado ayuda y cuando me ha sobrado.  Con él he pasado por miles de experiencias que todavía permanecen imborrables.

Cuando le conocí, era Carlos4espiakc, ese chaval que escribía entradas rarísimas en su Fotolog. Hoy es Carlos, mi hermano, y escribe con letras doradas en el maravilloso libro que es mi vida. 

Muchas felicidades… ¡Y nos vemos en Madrid!

viernes, 28 de febrero de 2014

La mejor persona del mundo




Escribí hace unos cuatro años un libro autobiográfico de más de seiscientas páginas, que cuando lo leo me doy cuenta de lo estúpido y patético que era, pero me sirve también para comprobar lo que tenía y ahora no tengo, y viceversa. Es increíble, porque hay muchos sentimientos que ahora se han evaporado completamente, y pensamientos que creías tener y ahora son solo hojas de papel encuadernadas, encerradas en el canapé de tu cama. 

Sin embargo, hay cosas que no cambian. Allá por 2010, yo era una persona muy sentimental. Quería expresar amor y amistad por los cuatro costados, quería hacer que la gente de mi alrededor se sintiera siempre a gusto y feliz. Porque me lo habían dado todo, yo era un chico que no tenía ni idea de lo que era la vida, ni estar unido a alguien, ni era capaz de querer al prójimo de una forma tan especial.

Mi vida cambió el día que conocí a Sara. El día que me atreví a hablarle por messenger, después de haberla visto cientos de veces de camino a casa paseando al perro. A veces nos mirábamos, como diciendo: "Te conozco, estoy hasta el moño de verte todos los días" pero daba la sensación -por lo menos a mi- de que cuando uno de los dos no aparecía en esa misma calle, alrededor de las dos menos cuarto, no era un día normal.

Ojalá pudiera volver al pasado y chocarle los cinco a mi antiguo 'yo', ese que quiso conocer a esa persona tan especial. Porque entonces descubrí lo que se puede querer a una persona. Lo que es preocuparte por alguien, querer que sea feliz, no poder estar un día sin saber si está bien o mal. Necesitar hablar con ella para seguir viviendo. Todos los problemas, inquietudes o depresiones que haya podido tener en los peores años de la adolescencia, se convirtieron en pasajeros gracias a ella. Creo que no he conocido a nadie que consiga, como ella, convertir un día gris en un día soleado.

Por eso siempre me acuerdo de cómo le decía, una y otra vez, hace años, que era la mejor persona del mundo. ¿Se puede soltar algo así, sin más, sin pensarlo? Por supuesto. Estoy seguro de que muchos lo hacen. Está claro que no puedes conocer a los más de siete mil millones de habitantes que pueblan este planeta, decir que alguien es la 'mejor persona del mundo' es una exageración, una frase hecha. La dices cuando tu pareja te lleva el desayuno a la cama, cuando un amigo te saca de un aprieto, cuando un compañero de trabajo te cambia el turno... 

Pero yo a Sara se lo decía con todo el corazón. Es difícil ser la mejor persona del mundo, incluso de mi mundo. A lo largo de tu vida conoces  a personas maravillosas, que estarías dispuesto a darlo todo por ellas porque te hacen feliz cada segundo. Pero yo no he conocido a nadie como Sara. Se lo dije cientos de veces, ella, como siempre, me decía que no, que no era posible.

Y han pasado muchos años. Obviamente nos hemos distanciado. Hemos pasado de hablar todos los días y necesitarnos el uno del otro, a charlar esporádicamente, en muchas ocasiones de asuntos menores. Quizá sea la madurez, la universidad, los caminos distintos, los tiempos cambian... Lo que sea. Sin embargo, la amistad permanece. Para toda la vida.

Hace unos años, salía de un ciber en busca de mi bicicleta, encadenada en una farola de la esquina. Cuando llegué, encontré que me la habían robado. Sólo quedaba uno de los extremos del candado roto. Era el día de mi cumpleaños y yo estaba destrozado. Entonces fui a la puerta de casa de Sara, y me dio una sorpresa increíble. Se me olvidó mi bici, mi frustración, todo. Entonces entendí que no conocería a nadie igual.

Hoy me lo ha recordado. Diecisiete días después de mi cumpleaños, se ha presentado con su coche, lo ha aparcado junto a un parque y me ha regalado una caja de galletas. No una cualquiera. Una caja de galletas que nos une: el icono de Messenger, la palabra 'Córdoba' -cosas nuestras-, el crucero que disfrutamos juntos... incluso una en la que aparezco yo, con el uniforme del Colegio de la Purísima, y ella, paseando al perro, como aquellas primeras veces en la que nos mirábamos y no nos podíamos imaginar que en el futuro seríamos lo que ahora somos.

Por eso hoy, 28 de febrero de 2014, sigo pensando que Sara es la mejor persona del mundo. Al menos de mi mundo. Porque los años pasan, el tiempo nos maltrata y las distancias nos ahogan, pero habría que ser muy gilipollas para dejar escapar a una persona tan especial. La mejor persona del mundo.


martes, 11 de febrero de 2014

El niño que siempre fui

Otro año más. Sí, yo soy de esas personas que, si fuera por ellas, no cumpliría años a partir de los dieciocho. Los diecinueve me dolieron, pero se llevaron bien. Los veinte fueron horribles. Los veintiuno y veintidós fueron más agradables. Pero los veintitrés... No los aguanto. Desde anoche a las 00:00, me siento más viejo que antes y aunque parece que estoy exagerando, siento como si no estuviera disfrutando la vida lo suficiente. Como si hubiera gastado muchos años de mi vida en tonterías.



He madurado mucho estos años. Lo sé. También sé que dentro de mí sigue habiendo un niño pequeño que espero no desaparezca nunca. A ese niño le sigue gustando ver películas de Disney, le encantan los cruasanes de chocolate, se iría a la montaña a plantar un pino con su padre y daría lo que fuera por estar a los pies de los Reyes Magos pidiéndoles los regalos de Navidad.

Por eso, hoy me he levantado con ganas de no tener veintitrés años. Me he quitado la barba de vagabundo que llevaba, me he puesto ropa más o menos juvenil, y me he puesto a escuchar canciones de hace mucho tiempo. Da la casualidad de que esta tarde ha sido la primera desde que iba al colegio que tengo clase en la Universidad. Luego unas galletas para merendar, y ahora aquí sentado, en el sillón de mi habitación, pensando al igual que la cantante de la Oreja de Van Gogh, que en realidad me gustaría cumplir un año menos. Sería genial vivir en el País de Nunca Jamás, ¿verdad? O ser como Benjamin Button, aunque subiendo y bajando -de los 23 a los 5 años, y viceversa-.

Sí, parece mentira que el día de mi cumpleaños se haya vuelto un día más bien amargo. Que en lugar de querer que llegue lo antes posible, desear que pase cuanto antes. De decirle a todo el mundo que tengo un año más, a callarme para no dar la nota. Yo siempre he dicho que el día de cumpleaños de cualquier persona es un día especial, en el que se debe sonreír todo el rato, en el que comes tu plato favorito, haces lo que te da la gana -sin pasarse- y lo celebras a lo grande con tus amigos. Luego yo soy un poco hipócrita, y me alejo de todo eso. Ni siquiera tengo pensado celebrar nada. Pero es la pura verdad.

Quizás dentro de un año maldiga los 24, que también serán horribles -aunque no tanto como los 25-, pero hay una idea que se me quedó grabada hace tiempo y que aplico siempre desde entonces: Los años se cumplen, sí, la mente madura, también, pero el que quiere ser joven lo es toda la vida. Solo hay que echarle imaginación. Ponte a ver Oliver y Benji. Juega con tus peluches de toda la vida. Merienda la mona de todos los jueves. Escucha las canciones que ponía tu padre en el coche cuando eras pequeño. Y jamás pierdas el sentido del ridículo.

Sé el niño que siempre fuiste.


domingo, 10 de noviembre de 2013

Una grata sorpresa



Ayer tuve la suerte de vivir un día muy especial. Creo sinceramente que las sorpresas -las buenas, por supuesto- son lo mejor del mundo. No hay absolutamente nada mejor. Porque  ayer le cambiamos por completo el día a una de las mejores personas que conozco. Y estoy seguro de que se lo pasó en grande.

A Esteban, que le conozco desde hace aproximadamente seis años, se le puso la cara más blanca de lo normal cuando abrió la puerta de la casa de su huerta y encontró a todos sus amigos gritándole ¡SORPRESA! Hoy es su cumpleaños y él pensaba celebrarlo el viernes, pero nadie -casualmente- podía. Todo estaba previsto para ayer, aunque el pensaba que al final sería la semana siguiente. 

Su cara de perplejidad lo dijo todo. No tenía palabras.Se fue a abrazarnos a todos casi de forma inconsciente y acabó al fondo de la sala llevándose las manos a la cabeza. Después, ensaladilla, tortilla, calamares, croquetas, delicias de Elche, carne a la brasa, tarta, cerveza, regalos, música y fotos para el recuerdo, como la que ilustra esta entrada.

Creo que pocas personas merecen tanto una sorpresa como la de ayer que Esteban. Por eso no sólo es un privilegio tenerlo como amigo, sino también haber participado en un día tan especial para él.¡Felicidades, 'Carasu'!


martes, 5 de noviembre de 2013

Hace cinco años

Tal día como hoy, hace cinco años, mi primo Sergio apareció en el mundo para hacer de las suyas. Esa misma noche, la Juventus ganaba 0-2 en el Santiago Bernabéu con dos golazos de Alessandro Del Piero. Y hoy, cinco años después, es el cumpleaños de mi primo y el Real Madrid juega contra la Juventus, esta vez en Turín, y esta vez sin Del Piero. Gracias a Dios.



Hoy, además, ha salido el nuevo disco de Avril Lavigne. Tiene muy buena pinta. Y he ido al hospital a que me hicieran una ecocardiografía para ver cómo voy del corazón. Al parecer es más grande de lo normal, continúo al límite de la enfermedad que tienen mi madre y mi abuela. A mi hermano también se lo han detectado. Nos han dicho que esperemos cinco años más para ver que pasa, y que de momento podemos llevar una vida normal, como siempre, como hace cinco años.

PD: A mi primo le gusta poner cara de tonto en las fotos, como a mí. Los genes...
PD2: Prometo hacer más entradas como esta. No sé, son cortas y me gustan.



lunes, 11 de febrero de 2013

Un mal día para cumplir años

Un mal día para cumplir años. Sobre todo si son 22. Sí, son 22 ya desde que nací en un hospital de San Bartolomé y empecé a disfrutar de una vida cargada de experiencias, tanto buenas como malas. Pero hoy es no es un buen día. Lunes, vuelta a la rutina después de exámenes y cuatro días de vacaciones, vuelta a la Universidad, a hacer radio -algo bueno-, a que los profesores nos presenten las asignaturas del nuevo cuatrimestre y nos atemoricen con sus kilométricos trabajos, incluyendo uno de -agárrense- maquetación. Vuelven las pesadillas.

No, hoy no es un buen día para cumplir años. Salir a la calle a comprar el pan y tener que volver a contracorriente. El viento no da tregua y continúa el mal temporal día y noche... hoy es imposible estar fuera de casa. Abrigado hasta las cejas me he pasado toda la tarde, en mi casa o en el Pub La Casa, donde he tenido una reunión para hablar asuntos importantes para CDS Noticias. Asuntos que traen problemas que de momento no tienen solución.

Y sí, hoy es un mal día para cumplir años, y no por la dimisión del Papa... pero lo que importa de un día es el final, y el final ha sido feliz Como casi siempre. 22 años, y a seguir dando guerra.