No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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miércoles, 11 de febrero de 2015

¡A comerse el mundo!



Hoy, hace exactamente un año, yo estaba bastante deprimido. Estaba cumpliendo 23 años, y me sentía viejo, incapaz de aprovechar cada segundo de mi vida y mirando al futuro con más negatividad que optimismo. 

La cosa ha cambiado. Cumplo 24, un número horrible, sí -no tanto como el 25-, pero estoy en Madrid, en una ciudad maravillosa, en un piso que comparto con dos de mis mejores amigos, después de comerme un platazo de pasta a la carbonara, tras ver Zapeando y con el móvil a explotar de tantas muestras de cariño. Hace un año no sabía siquiera si iba a terminar la carrera, y hoy estoy donde quiero estar, en el Máster en Periodismo Deportivo de MARCA, y sobre todo, disfrutando de lo que me da la vida a cada segundo. 

Hace ya tiempo que me propuse no desperdiciar ni los pequeños ni los grandes detalles que se nos ofrecen. Agarrar las oportunidades al vuelo. Y nunca sentirse viejo. El que quiere ser joven, lo es toda la vida. Por eso siento que tengo la misma edad que ayer, que hace un año y que hace dos. Sí, he madurado, pero sigo sin haber perdido el sentido del humor, y mucho menos el del ridículo.

Por eso os animo a levantaros del sofá. A experimentar cosas que nunca vivisteis. A soñar con cosas imposibles. A ver el otro lado de las cosas. A ser felices. A experimentar la satisfacción de ayudar a los demás. Y, sobre todo, a darse cuenta de que hoy, mañana, pasado, el sábado, el domingo, el lunes y el martes son días que nos ha regalado alguien para aprovecharlos.

Creo que lo peor que le puede pasar a una persona es no estar ilusionada por la vida. La edad importa un pimiento. Esta es una filosofía que me ha hecho superar cualquier obstáculo y que recomiendo a todos. Salid, como yo, a comeros el mundo.

Muchas gracias a todos :)

lunes, 9 de febrero de 2015

Cuando los piñazos compensan


¿Ven la foto? Sí, soy yo. Y este podría ser básicamente el resumen de lo que hice o pude hacer en Sierra Nevada. Caerme, caerme y volverme a caer. Pero entre medias, hubo un viaje alucinante que nunca olvidaré.

Me levanté a las 4:45 de la madrugada, me duché, me vestí, me hice un par de sandwiches, cogí un macuto, una mochila y una bolsa de basura con todo lo necesario para esquiar -prestado por Javi- y bajé a la furgoneta donde esperaba Esteban, más radiante que nunca. Recogimos a Javi, Inma, Rocío y Sofía y nos adentramos en la autovía mientras escuchábamos Ska-p, M-Clan o Linkin Park. Todo muy variado.

Así fue un viaje de más de cuatro horas que finalizó en lo alto de Sierra Nevada, después de sufrir las de Caín para que la furgoneta pudiera llegar hasta arriba. Imaginen: todos los coches adelantando a una furgoneta con el triángulo encendido y bordeando el arcén -y casi el precipicio- porque no podíamos pasar de 30 km/h. 

Ese fue el principal contratiempo. El segundo, un material que habíamos comprado pero que no habíamos reservado. Estuvimos media mañana en la tienda. El tercero, una cola de mil demonios para recoger la tarjeta. El cuarto, y en este caso hablo por mí, unas botas que no eran de mi talla y que hicieron que me entraran ganas de amputarme los pies. Me las cambié hasta tres veces. Y el quinto, y también hablo por mí, los efectos de no haber esquiado en la vida y, por consiguiente, tener que soportar los gritos de un Esteban completamente desquiciado. Y con razón.

Porque no sé que me pasaba, que entre casi no haber dormido, el hecho de ir cargado con el material de un lado para otro, el infierno de las botas, la fatiga de estar levantándome tras caer una y otra vez, el frío que entraba hasta el alma y los alaridos de Esteban, yo llegaba hasta confundir la izquierda con la derecha. Era incapaz de entender conceptos como "perpendicular" o "inclinar". Me metí cada leche que deseaba no volver a levantarme jamás. Javi me hizo probar los esquís -lo que intentaba era snowboard, aunque yo más bien hacía caídaboard, tortazoboard o despeñaboard- pero fue aún peor. Lo máximo que pude hacer fue ponerme de pie -unos segundos-. Tuve que bajar a ratos andando, a ratos subido a los esquís como si fuera un trineo.

Por la tarde, nos fuimos a Granada tras averiguar que el Madrid había perdido 4-0 contra el Atlético. Agradecí no haber visto semejante ridículo. Tras varias vueltas por el centro, acabamos encontrando el hostal en un callejón plagado de gatos y escondido entre escalerillas sinuosas. Lo primero que nos dijo la chica -que, increíblemente, era de Catral- fue que no había agua en la habitación de la chicas. Nosotros no teníamos aseo, sí dos colchones sobre una especie de palés y una litera del tamaño de un portaviones, aunque la sensación de altura era todavía más acojonante. Recuerdo haberlas pasado canutas para bajar de ella.

El hostal era muy raro. La mayoría de clientela era extranjera, estaba en un sitio que parecía el Barrio de la Cruz de mi pueblo, el agua de la ducha empezó siendo caliente hasta que me duché yo, la zona comunitaria era un salón cargado de papeles para liar en la mesa y un ordenador donde un argentino se ponía a escuchar música. El desayuno estaba incluido, y obviamente pensamos en un buffet. Craso error. El desayuno consistía en subir hasta arriba, donde había una pequeña cocina donde tenías que hacerte un vaso de leche y tostadas con mermelada. Como en casa, vamos. Pero imaginen, a las ocho y media de la mañana, la cocina atestada de gente haciéndose el desayuno. Y el argentino escuchando música, como si todo lo demás no fuera con él.


No salimos del hostal para ir de tapeo hasta casi las once de la noche. Fuimos a la famosa calle Elvira, un tanto desangelada por el frío que se incrustaba en las venas. Acabamos en un garito de mala muerte que olía a ropa mal lavada, nos pusieron un plato mitad macarrones, mitad trozos de tortilla de patatas. El camarero lo llamaba 'Mix'. Después, y tras un intento por parte de mis compañeros de ir al Domino's Pizza (¡¡En Granada, donde el tapeo debería ser casi una obligación!!) estuvimos en un bar donde te ponían medio litro de cerveza y una tapa -en este caso, calamares y bombas rellenas de patata y carne- por 2,50 €, mientras escuchabas un concierto de Maná de fondo.

La noche no fue del todo bien. A pesar de estar reventados, nos acostamos muy tarde, yo en un colchón con más muelles rotos que los que Homer tiraba por el retrete. Sobre las cuatro de la madrugada, un tipo comenzó a tocar el timbre, que tenía un melodía simplemente insufrible. Cuando vio que nadie le abría, empezó a dar golpes. Cada vez más fuertes. Hubo un momento que pensé que derribaba la puerta a cabezazos. Cuando le dije a Esteban que abriera, que me daba ya igual que fuera un maníaco, un torturador o un asesino en serie con tal de que parara, el tipo nos oyó. Y nos dijo: "LA CONCHA DE TU MADRE, ESTÁN USTEDES HABLANDO Y YO AQUÍ GOLPEANDO LA PUERTA 40 MINUTOS, HE LLAMADO A LA POLICÍA, ABRAN YA DE UNA JODIDA VEZ". Sí, señores. Era el argentino. Se le habían olvidado las llaves. Y lo mejor es que no tenía ni habitación.

Al día siguiente, vuelta a Sierra Nevada. Yo iba con el ánimo alicaído, pensando si los tortazos del día anterior no eran ya suficientes. Pero conseguí unas botas que no me hicieron daño, subí a una cuesta donde solo habían niños y profesores de esquí, y tras media hora poniéndome las fijaciones, me tiré. A saco. Noté la velocidad. La gran sensación de estar bajando una cuesta sin importarte la caída. Hasta que descubres que no sabes cómo girar y en lugar de estamparte contra el que haya delante, te tiras de culo contra la nieve, que según Esteban amortigua -los cojones-. 

Me tiré unas cuantas veces más, con sus correspondientes batacazos, y bajé a comerme una hamburguesa con huevo frito y patatas. De ahí, a la tienda del material -se portaron excelente-, de ahí a la furgoneta y de ahí a la estación de autobuses, con paso previo en el Burguer King. Tardé más de seis horas en llegar a Madrid, coger un cercanías y andar desde Chamartín hasta el 205 de la Castellana. Acabé muerto, destrozado, aún siento dolor en partes de mi cuerpo que ni siquiera sabía que existían. Pero valió la pena. Fue un viaje que volvería a repetir una y mil veces -los piñazos contra la nieve no, no soy tan masoquista-. Eso sí, en el próximo, más ración de tapeo :)



sábado, 7 de febrero de 2015

El viento sopla a favor

Ha arrancado muy bien el año. Vaya que sí. Con mi gente, en Madrid, en una Nochevieja mágica. Con grandes reencuentros en Callosa. Con una deliciosa fiesta de Roscón de Reyes. Con un cumpleaños sensacional en Elda. Y con una vuelta a casa, a la Castellana, cargada de grandes momentos.


En estos 25 días he hecho muchas cosas. He donado sangre, he ido a ver un Real Madrid-Atlético con mis tíos, he ido a jugar a fútbol con los de mi clase, he descubierto el llamado 'tercer tiempo', me he hinchado a comer en el Tommy Mels de la Vaguada, me he comprado unas zapatillas de lobo, he visto nevar, he salido en los Informativos de Telecinco, he trasnochado para ver el Sudamericano sub-20, he conocido a Paco Jémez, me he comido un menú con paella y codillo a la gallega, he ido al cine a ver la Teoría del Todo, he descubierto que me sale de maravilla el pavo en salsa y que es muy fácil hacer mi salsa favorita, a la pimienta; he ido a la rotativa donde imprimen MARCA, he visto cómo el Villarreal se clasificaba por primera vez en su historia a semifinales de Copa, he descubierto un buen restaurante chino, me he emborrachado con Esteban en el Mercado Provenzal, he disfrutado de una de las mejores Superbowls de la historia, he asistido a un acto único gracias a 'Patrocínalos', me he dado cuenta de que voy por buen camino, he vuelto al Bernabéu gracias a Sergio y he encontrado unas de las mejores croquetas que probé en mi vida. Visite cualquier Rodilla de Madrid.

Ahora estoy de vuelta a casa por el cumple de mi hermana y porque esta misma noche me voy a Sierra Nevada a hacer snow -para que me entendáis, a darme porrazos- y a Granada de tapeo y cañeo. Sí, la vida, últimamente, me sonríe. Y no sería posible sin esa gente que te apoya, que es capaz de demostrártelo con un tesoro que nunca olvidaré. Eso ha sido lo mejor de estos últimos 25 días, lo mejor que me han hecho, creo yo, en toda mi vida. Esas son las cosas que te hacen seguir adelante. Sopla el viento a favor. Hay que aprovecharlo.

viernes, 30 de enero de 2015

Tres Callosinos en la Castellana 1x09

Tenemos nuevo inquilino en la Castellana. Va a enseñar a hacer snow a David. Y lo peor es que va a hacer un vídeo con las hostias que me voy a dar. ADV.






lunes, 19 de enero de 2015

Tres callosinos en la Castellana 1x08


Para tres callosinos en Madrid, asomarse de repente por la ventana y ver NIEVE es lo mismo que contemplar unicornios pastando en la huerta. Somos grandes privilegiados.




sábado, 17 de enero de 2015

Podemos cambiar el mundo


Cada año nuevo, miles y millones de personas se marcan propósitos para cumplirlos antes de que comience el siguiente. La mayoría son simples: perder peso, dejar de fumar, estudiar más, encontrar trabajo. Yo, desde hace unos cuatro años, trato de marcarme entre 30-40 retos para acabar cumpliendo poco más de la mitad, aunque he de reconocer que me siento orgulloso de ello.

Sin embargo, muchos de esos retos estaban relacionados entre sí, y algunas veces no podía controlarlos dadas sus dimensiones. Llegábamos a septiembre y me daba cuenta de que mientras estudiaba Derecho como si no hubiera un mañana para acabar la carrera, era imposible al mismo tiempo escribir todos los artículos que hubiera querido. Que estando en Madrid es muy difícil subir al refugio de la Sierra de Callosa una vez al mes. Y que no puedes optar a leer 30 libros en un año si a mediados de agosto solo llevas ocho.

Así que este año no he elaborado una lista de retos. Ni de propósitos. Pero sigo queriendo hacer lo que, en definitiva, estoy haciendo en los últimos cuatro años: quiero sentirme bien conmigo mismo, quiero hacer feliz a los que están a mi alrededor, quiero conocer gente, probar cosas nuevas, viajar, esforzarme al máximo en el duro oficio del periodista, aprender todo lo que esté en mi mano... y sobre todo, aportar mi granito de arena para intentar cambiar el mundo.

Todos nos horrorizamos cuando vemos gente morir en Siria, niños desnutridos en África, vagabundos en las calles de Madrid, ancianos desahuciados, hombres y mujeres enfermos, millones de parados, colectivos marginados, gente deprimida que es incapaz de salir adelante.... Sin embargo, la mayoría pasamos y seguimos haciendo nuestras vidas, la mayoría de veces inconscientemente, igual porque pensamos que no es nuestra guerra o que no podemos hacer absolutamente nada. Pero vaya que si podemos.

El miércoles pasado fui a donar sangre. Siempre que se lo he comentado a algún amigo, éste ha desistido a acompañarme, bien porque tienen "alergia a las agujas", bien porque tienen "cosas que hacer" o bien porque su sangre "seguro que no es compatible". Desde que descubrí lo maravilloso y fácil que es donar, siempre pienso que ojalá pudiera hacerlo una vez a la semana. Solo hay que rellenar un cuestionario, dejar que analicen una gota de sangre de tu dedo, tumbarte en la camilla, soportar un minúsculo pinchazo y esperar unos minutos. TRES VIDAS. Se salvan tres personas gracias a esa acción altruista que tarda poco más de un cuarto de hora y que no tiene absoluto coste. La sangre, en su totalidad, se recupera en dos meses. Y el efecto que produce en el cuerpo, al cabo de 12 horas, es completamente nulo. Es más, después de donar, fui a comprar al supermercado, a retransmitir el Villarreal en el ordenador y a ver partidos del Sudamericano sub-20. Se me olvidó incluso que llevaba un vendaje en el brazo. Los que no donan creo que es, sin duda, por falta de información. Porque creo en las personas y estoy seguro de que para ellos vale la pena un pinchazo insignificante con tal de ayudar a gente que lo necesita.

Todos los días se puede donar. Dejo dos enlaces, uno donde pone los centros de transfusión o los próximos puntos de donación en AlicanteMadrid, pero podéis mirar en otras comunidades.

Sí, somos una simple hormiga en un planeta enorme, y es lógico pensar que las mayores tragedias del mundo son insalvables. Pero si cada hormiga contribuyera con una minúscula labor social, estoy completamente seguro de que este mundo, ahogado por las guerras, la corrupción, los desastres naturales y la discriminación, cada día saldría un poco más a flote. En este blog vamos a luchar por ello. ¿Y tú?

#PodemosCambiarElMundo


viernes, 2 de enero de 2015

Especial Nochevieja: NUEVE Callosinos en la Castellana

El Especial de Nochevieja de NUEVE Callosinos en la Castellana fue un gran éxito y tuvo casi 200 visitas, pero Youtube nos lo ha censurado porque uno de los que salían en el vídeo se arrepintió de aparecer y le importó un carajo el resto. Denunció incluso después de haber cortado su parte. No lo vamos a volver a subir, lo dejamos como contenido extra para quien esté interesado. Pero es, sin duda, una absoluta vergüenza.