No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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lunes, 15 de junio de 2015

¡Qué difícil es adelgazar en Madrid!




Es muy difícil adelgazar en Madrid. Ya de por sí es una tarea complicada en cualquier parte del mundo, pero en la capital española te encuentras el triple de obstáculos que en ningún otro sitio. Por lo menos yo. Y os voy a explicar por qué.

1. Madrid es una ciudad preciosa. Y hay que aprovechar el tiempo en ella. Desde que estoy aquí el aburrimiento ha desaparecido de mi vida. Y eso limita las horas para hacer deporte. Cuando iba al Máster, llegaba a casa casi a las 16 h, comía y no hacía la digestión hasta cuatro horas después. Entonces ya había algún partido que ver o alguna quedada importante. Y en invierno, un frío de cojones. Ahora, hasta que empiece las prácticas, tengo un poquitín más de tiempo, pero quizá no el suficiente.

2. En Callosa había unas facilidades inmensas para correr. Sólo había que bajar las escaleras y salir en dirección a la huerta. Aquí, hay que coger el metro para correr en un parque o hacerlo directamente en la calle, parando en semáforos una y otra vez. Es un poco coñazo.

3. Los que me conocen saben que adoro comer. Es uno de los grandes placeres de esta vida, y en Madrid la variedad es maravillosa. Ya he probado decenas de bares y restaurantes, y he disfrutado como un niño tapeando por el centro. Lamentablemente, quizá como más de lo que debería. Y es muy difícil comer menos si tienes el McDonalds, el TGB, el Burguer King y el Telepizza tan cerca. Si tienes dos compañeros de piso que tienen fritanga en las venas. Si existen sitios como el Tigre para ponerte las botas por dos duros. Y si estás deseando que lleguen cumpleaños, comuniones y bodas para atiborrarte. Así no se puede.

4. El estrés me da hambre. Los nervios me dan hambre. Tener que hacer cosas me da hambre. En realidad, tengo hambre casi las 24 horas del día. Y es difícil saciar el apetito. En Callosa, a veces, conseguía domarlo bebiendo agua como un condenando, pero aquí sólo tenemos del grifo y si no está fría sabe a rayos.

¿Cómo remediar todo eso? La única manera es con fuerza de voluntad. Me voy a proponer perder peso, no porque quiera ir a la playa y enseñar algo que no sea una barriga cervecera, sino porque quiero verme bien, sentirme ágil y llevar una vida bastante más sana de la que llevo.

Por eso, voy a seguir un plan específico -ideado por mí, paso de pagar dietistas- que publicaré en el blog por si alguien lo lee y puede recriminarme que no lo estoy cumpliendo. Estos son los objetivos:

1. Correr 3 días a la semana.
2. Hacer abdominales todos los días.
3. Comer menos y variedad. Capricho: un día a la semana. Chocolate: un día a la semana.

Día 1: 78,1 kg
Día 2
Día 3
Día 4
Día 5
Día 6
Día 7

Semana 2

Día 8
Día 9
Día 10
Día 11
Día 12
Día 13
Día 14

Semana 3

Día 15
Día 16
Día 17
Día 18
Día 19
Día 20
Día 21




* En azul, días que me voy a correr.
* En rojo, capricho


jueves, 28 de mayo de 2015

Cambridge: Capítulo 3




Escribo este capítulo final ya en casa, en Madrid, con la habitación hecha un desastre y después de recuperar muchas horas de sueño acumulado. En la madrugada de ayer, todavía en tierras inglesas, cogí en Cambridge un autobús a las tres de la madrugada para ir al aeropuerto, esperar hasta las seis para coger el avión y llegar al piso a las once de la mañana. Sí, fue una muerte lenta y dolorosa.

Pero mereció la pena. Sobre todo por un último día alucinante. Contamos desde la noche del lunes, cuando fuimos a un sitio magnífico e irreal de Cambridge, el 'LOLALO', un lugar donde ponen todo el reggaeton que te puedas imaginar, ambientado en una especie de selva tropical. Ojo, porque pusieron hasta la 'Macarena', y fliparíais viendo a los guiris, borrachos perdidos, bailando aquello. Ojo: en la foto, con Mónica, otra callosina por el mundo. Estamos en todas partes. ¡En todas!


Como en todos los garitos de Inglaterra, el Lolailo cerró a las tres de la madrugada -de nuevo, chapamos el pub-, así que teníamos unas cinco horas para descansar antes del gran viaje a Londres. Sin embargo, la muerte y la resaca nos obligaron a salir hacia la capital inglesa, en tren, a las doce.

Llevaba nueve años sin pisar Londres. Lo que recordaba del Támesis era un río donde la mujer que me acogía por entonces se ganaba la vida tocando la guitarra. Cuando lo vi, esplendoroso, enorme -un poco lleno de mierda, también- delante de mis narices, supe que con 16 años no había apreciado de verdad la magnitud de donde me encontraba.


Dimos un rodeo chulo por la zona, antes de irnos a comer a una especie de antro -inciso: en Inglaterra, al contrario que en España, los antros son, además de antros, caros de cojones-. Después, vimos el Big Ben, el Golden Eye, el palacio de Buckinham, Green Park y, por último, Picadilly Circus, parcialmente acompañados por la señorita Ana Sancho, quien nos enseñó la zona, nos llevó a a beber cervezas en happy hour y nos descubrió una de las mejores hamburguesas que he comido.

La vuelta fue mortal, sí. Llegamos a Cambridge a las doce de la madrugada y quedaban tres horas para coger el bus. Pero había que ir a Londres, y disfrutar de un día increíble en el que a la gente le chocaba ver a Sergio y a mi con las camisetas de Liverpool y Manchester (¡Mirad, están andando juntos!), en el que comprobamos que la capital está dominada por una franquicia llamada PRET AND MANGER (pero Fenoll desafió el sistema dejando un regalito en uno de ellos); y en el que hablar inglés -o spanglish, o inglés murciano- nunca fue tan reconfortante.



Nos lo hemos pasado en grande. Sobre todo con mis gratas experiencias con los taxistas. En la noche del Lolailo, el conductor me agarró del brazo porque Fenoll todavía no le había pagado. Y en la vuelta de Londres, como todavía no me acostumbro y estaba tan cansado que no vi el volante, me senté en el asiento del taxista. El hombre, ya mayor, abrió la puerta y me preguntó, con tono serio: Are you a driver? Sergio todavía se está descojonando.

Han sido miles los detalles que han hecho que este viaje sea maravilloso. Lamentablemente, no me acuerdo de todos, y darían para escribir diez entradas como esta. Pero el más importante es el hecho de saber que da igual estar en Madrid, en Alicante, en Cambridge, en Múnich o en Singapur. La amistad jamás se rompe. Y estamos dispuestos -cuando ahorremos- a ir hasta el fin del mundo si es necesario.

lunes, 25 de mayo de 2015

Cambridge: Capítulo 2



Escribo con agujetas en la parte inferior de las nalgas -no penséis mal- y sin planta de los pies porque creo que he andado y montado en bici como no lo he hecho en mi vida. Ojo, cuando vuelva no me vais a ver más delgado ni mucho menos. Todo esfuerzo físico se ha compensado con mucha grasa british -es el plato típico de aquí, nosotros tenemos la tortilla de patatas y ellos la grasa british-.



¿Por qué andamos tanto y montamos tanto en bici? Lo primero, porque en el día 2, diez horas después de dormir como cosacos y comernos un desayuno al más puro estilo inglés, Berenguer y yo decidimos perdernos al comprobar que quedaban 22 minutos para que llegara el autobús. Vimos patos y vacas rodeando el río Cam, y decidimos 'acortar' para ir al centro. Acabamos en Milton, un pueblo a las afueras de Cambridge, en la nada más absoluta. Había pradera a la izquierda y pradera a la derecha. Hasta una señora nos dijo algo parecido a "no sigáis, un poco más allá está Mordor".



Dimos la vuelta, cuando nos dimos cuenta que igual aparecíamos en la huerta de Callosa, y encontramos una hora después a Fenoll, que nos llevó un poco más allá del inframundo para comer una buena ración de fish and chips. Luego decidió que era buena idea recoger la bici en casa de su amigo, entre 45 y 60 minutos andando. Y después de recoger la bici, que se le caiga el sillín y tener que ir andando hasta su casa. Entre las veces que se equivocó y las otras tantas que se desvió para que viéramos no se qué, acabamos recorriendo la periferia, el centro y las afueras de Cambridge. Luego fuimos al Hospital para que me amputaran los pies.



La vida en este pueblo es placentera. En las calles que no están en el centro, reina una tranquilidad pasmosa. El olor a fritanga -sobre todo a bacon- invade el ambiente, al igual que las grandes dimensiones de césped que dan ganas de tumbarte y vivir allí toda la vida. Cambridge tiene naturaleza, tiene río, tiene vida social y tiene una riqueza cultural increíble. Como dice Sergio, preferiría vivir aquí antes que en Londres.



Esta mañana, después de dar mil vueltas en bici -parecíamos los chavales de verano azul- hemos acabado desayunando en un café italiano, donde hemos conocido a una chica majísima de Jaén, que lleva cuatro años viviendo en la ciudad. Nos hemos tomado unos chocolates calientes y unos cruasanes de chocolate y jamón-queso, y nos hemos adentrado en el centro, donde hemos disfrutado de los collegues -o como se escriba-, del mercado, de las iglesias y catedrales y de -según Fenoll- la casa donde vive Stephen Hawking. Hemos comido en un mexicano, nos hemos tirado en el césped, hemos visitado el café donde trabaja Fenoll y hemos podido contemplar -uoh- el puente de las matemáticas.



Ahora estamos reponiendo fuerzas porque esta noche vamos a una discoteca que se llama Lolailo o no se qué. Sergio está tirado en la cama como un saco de patatas y Fenoll... bueno, Fenoll está exactamente igual. Yo necesito un masaje en los pies, pero por lo demás estoy listo para otra noche estupenda en Cambridge, la ciudad donde amanece a las cuatro de la mañana, donde la gente pone candados en sus contenedores por si les roban la basura, donde hay más bicis que personas y donde te puedes encontrar en medio de la calle -ojo a esto- ratones, puercoespines, e incluso zorros. Sí, Sergio y yo vimos un zorro esperando al autobús. No sabemos si llevaba ticket.


domingo, 24 de mayo de 2015

Cambridge: Capítulo 1




Escribo desde Cambridge, un lugar famoso en todo el mundo por su Universidad, y desde ahora por albergar a una las mejores personas que se conocen. Francisco Javier Fenoll decidió pasar un año aquí, entre guiris. Y como le llamamos para quedar y dijo que si íbamos a su casa... ¿Pues por qué no?

Así que nos embarcamos mi amigo Berenguer y yo en un avión que zarpaba a las seis de la mañana, después de habernos hinchado en el Tigre -lo que adoramos el Tigre- y de haber tomado algo por última vez en la Risueña. Una última Copa en un lugar castizo, español -aunque el 70% de los clientes eran sudamericanos-. Lo que vendría después serían cervezas, cocteleras y más cervezas. Pero antes, la matada del siglo.

Llegamos al aeuropuerto sobre las 4:30, algo contentos por los litros de cerveza y tinto de verano en el cuerpo. Gran momento el de estar esperando a que llegara la chica al mostrador de la puerta de embarque y que los cientos de personas allí sentados se levantaran al instante, como si acabaran de abrir un Mediamarkt el día de la salida de la PlayStation 5. A Sergio le pusieron en la cola PRIORIDAD y a mi en LA OTRA FILA. Sí, como si fuera pasajero de tercera clase. Luego, en el avión, nos pusieron a 20 asientos de distancia, pero la matada fue tal que casi dio igual. Como siempre, despegar fue genial. Aterrizar... bueno, me pegué un susto de muerte. Yo estaba esperando con los ojos cerrados porque habían dado el aviso hacía ya 10 minutos. Así que cuando di el respingo, la pareja de sudamericanos sentada junto a mí se descojonó en mi cara.

Llegamos a buena hora al auropuerto de Londres -una hora antes, jeje (me maten)-, lo malo es que nos encontramos con una cola espectacular para enseñar el DNI. Era triste ver mi cara de muerto, con una moquita infernal, y repitiéndome la salsa que le echan a todo en el Tigre. Lo mejor fue la conversación con el del control, demostrando que mi inglés sigue siendo genuino.

Hombre: ¡Hola!
Yo: Hello!... ¡Hola!
Hombre: From Madrid?
Yo: ... Yeeees!
Hombre: How many days?
Yo: Um..... four!
Hombre: London?
Yo: ... Yeeeees. And Cambridge.
Hombre: Ahhhh! Okei, Okei. Bye!
Yo: Bye!

Llegamos a la estación de autobuses diez minutos antes de que saliera nuestro autobús. Fenoll nos dijo que creía que era el 19, y la operaria nos lo confirmó. Sin embargo, un buen rato después de la hora de salida, le pregunté Where is my bus? y la chica me dijo que ¡OHH! Tienes que cambiar los billetes. No nos lo podíamos creer. Luego resultaba que la operaria se llamaba Marissa, sabía español y se había equivocado, era el 17. Pero nos cobraron 11 libras más, sin ningún problema. Fuckin Marissa.

Dos horas y pico después, cogimos el autobús dirección Cambridge. En unos asientos acolchados, propios de una zona VIP, caímos rendidos hasta llegar al centro del pueblo, donde esperaba Fenoll con una bici, un papel donde nos decía todo lo que teníamos que hacer para llegar a casa sanos y salvos y una llave doblada. Es un genio.



Llegamos en perfectas condiciones, gracias a las indicaciones de Fenoll. Al entrar a la casa, nos dijo que no había nadie y que su habitación era la de enfrente de las escaleras. Lo que obvió fue que la habitación estaba SUBIENDO las escaleras, no en el piso de abajo. Entramos a la habitación y apareció una chica recién salida de la ducha chillando como una posesa. Estuvimos a un pelo de Antonio Resines de verla completamente desnuda.

En el papel ponía que abriéramos su armario. Estaba lleno de todo tipo de  guarrerías de chocolate: nutella, mini-napolitanas, kinder bueno, galletas... comimos unos sandwiches y fuimos al centro, donde nos esperaba nuestro amigo y una chica de Jaén, Ana, que se apuntó al maravilloso plan de ver Eurovisión mientras nos hinchábamos a beber cerveza. Fue en un pub de Ely, un pueblo cercano a Cambdrige, donde nos comimos una hamburguesa legendaria, conocimos al disparatado profesor de Fenoll, vimos actuar a Edurne sin sonido y bebimos chupitos de Jagger y cerveza en las jarras que usa mi madre para guardar el agua.





Reconozco que NO pude votar a Edurne. Era la primera vez que estaba fuera de España en Eurovisión, y los ingleses me torpedearon para que no pudiera llamar ni mandar sms. Hay un amaño importante en este sentido. Pero bueno, disfruté diciéndole a un aficionado del ManU que De Gea se iba a Madrid porque echaba de menos a su girlfriend. Y de regalo, les dábamos a Bale. Se indignó completamente, como si Gareth fuera Faubert en sus peores tiempos.

Después nos fuimos al Regal -creo que se llamaba-, una especie de Discoteca elegante pero plagada de guiris borrachos. Lo mejor eran los camareros, casi todos disfrazados. Uno iba de soldado imperial de Star Wars, otro de Gandalf... y estos de la foto, ni puñetera idea.



Llegamos a casa después de que un taxi conducido por un colombiano nos pusiera 'Dime si conmigo quiereh hacer travesurah' y tras parar en un cajero que no nos dejó sacar dinero -le pagamos en euros-. Esperamos una hora a que llegara Fenoll, que había ido a por la bici -y a comer algo en el McDonald. Caímos rendidos a la espera de un nuevo día, éste del que estamos disfrutando ahora mismo. El viaje no empieza nada mal.


lunes, 20 de abril de 2015

Un premio de cine


Lo recuerdo como si fuera ayer, Yo estaba en el mismo sillón en el que estoy sentado ahora, en el salón de mi piso de Madrid, buceando entre noticias de Internet. Es entonces cuando veo el anuncio de las bases de la segunda edición del Festival de Cortos 'Callosa en Cine'. Ese que nos llenó de ilusión el año pasado, un evento que nunca se había hecho en nuestra ciudad y que iba a ser todo un éxito. 

Mi gran amigo Samuel y yo nos pusimos manos a la obra y formamos parte de él con 'Citas', un corto realizado con mucho esmero pero con medios escasísimos. No logramos entrar en la final, pero el simple hecho de poder verlo en la pantalla gigante de la Casa de Cultura era más que suficiente. Sin embargo, este año queríamos más. Pero yo estaba en Madrid y Samuel, en Montpellier.

Entonces se me ocurrió una idea: vamos a hacer un corto que seamos capaces de hacer de forma sencilla, cada uno frente a nuestro ordenador. Será un concurso online. El premio será estar en el Barça-Madrid. Y habrá que pasar una serie de pruebas para conseguirlo. Dicho y hecho. Cada uno hizo sus tomas y luego las montamos. ¿El resultado? Un corto hecho de nuevo con recursos mínimos -un poco más de luz y sonido- y a toda prisa. La pieza llegó al Ayuntamiento minutos antes del cierre de plazo.

Cuando vi que 'Todo por el Clásico' era finalista, no me lo pude creer. Ahí estábamos. Dando un paso más. Y encima, estaríamos allí, en Callosa, para verlo. No nos veíamos desde Navidad, pero nos reencontramos en nuestra ciudad para disfrutar del Festival y de nuestro corto. Lo que no imaginamos es que encima conseguiríamos el premio del Público. Mucha gente fue exclusivamente a ver y votar nuestro corto. Se oyeron risas, vítores y aplausos, y con eso era más que suficiente. Pero el premio fue el culmen. Una gran satisfacción.

Al año que viene estaremos encantados de hacer otro corto y presentarlo en la tercera edición de 'Callosa en CINE'. Un festival que, de hacerse, espero que se organice con antelación, se le dé una publicidad espectacular, se incite a los jóvenes callosinos a presentar cortos, que se seleccionen antes los finalistas, que se sepan antes los horarios, que no coincida en un mismo fin de semana con Vueltas Ciclistas, manifestaciones de la PAH o conciertos de gente joven; que se llene el salón de actos de la Casa de Cultura, que se prueben las piezas en el proyector una y mil veces, que se haga un despliegue informativo del certamen, que se vuelva a confiar en el maravilloso José Manuel Martinez de presentador y en Royo Design en el diseño de publicidad, que acudan al evento -qué menos- los miembros del jurado; que se faciliten buenos horarios, al menos, a los cortos callosinos -el mio se emitió a las dos del mediodía-, que se haga un tráiler de los cortos finalistas para emitirlo antes de la gala, que haya actuaciones musicales, que se le dé más publicidad al espectáculo de un mentalista deslumbrante -ESE TÍO MERECÍA EL SALÓN LLENO-, que la gente no se vaya una vez dados los premios y que se le dé a este Festival la seriedad que merece. Si Rafal puede, nosotros también.


domingo, 5 de abril de 2015

Ruta de la tapa 2015: Crítica

Hacer una ruta de la tapa es una de las mejores experiencias que se pueden vivir. Durante mi estancia en Callosa -con motivo de las vacaciones de Semana Santa- he tenido el placer de poder vivir la de mi pueblo. Ha sido fantástica, más por la compañía que por la organización y la calidad de los platos. Hay mucho que mejorar.

Este año no se hizo una cuartilla con recuadros para conseguir el sello de cada bar y poner nota. Tuvimos que hacerlo nosotros en un papel. Y esta vez no sortearon nada para aquellos que la completasen. El precio ha subido 50 cent respecto a la primera edición (de 1,5 a 2 euros). Me quejo de la subida de precio porque no se ha correspondido con una subida ni de calidad ni de cantidad. Falta una mayor organización y promoción de la Ruta, conseguir que se inscriban una mayor variedad de bares -casi todos son del grupo Hinsa- y que se la tomen más en serio. La Ruta duraba dos semanas y en el Rincón del Tapeo solo prepararon tapas exclusivas durante la primera. Y en muchos bares nos dijeron que se habían acabado (las tapas, en taperías, se habían acabado). Eso no se puede consentir. Ojalá en un futuro se potencien más estas cosas porque revitalizan los bares de nuestra ciudad y son un foco importante de turismo en muchos municipios.

1. Rincón de Pepe.
Pizza de jamón recién cortado y tomate
Nota media: 7,2




2. Cassia
Secreto de cerdo / Bacalao
Nota media: 8,6




3. Jamaica
Montaditos variados y ensaladilla rusa
Nota media: 6,5



 4. Doan´s
Langostinos
Nota media: 5,3




5. Rincón del tapeo
Patatas rancheras, bravas y una croqueta
Nota media: 5,6



6. A K´Al Tordo
Huevos rellenos y chipirones
Nota media: 5,8



7. Bar Quino
Tortilla de patatas y calamares
Nota media: 8,4



8. Manhattan
Montaditos
Nota media: 7,4



9. Racó del Ángel*
Pincho de tortilla, ensaladilla y salmón
Nota media: 6,75


10. Miami
Montaditos varios
Nota media: 6




*El Racó del Ángel no estaba dentro de la Ruta, pero lo incluimos porque nos salía por 1,5 €



domingo, 8 de marzo de 2015

Pasión en lo que haces



Tuve la enorme suerte de encontrar mi vocación relativamente pronto. Mi cabeza era un mar de dudas cuando cursaba 3º de la ESO, porque a esa edad te apasionan muy pocas cosas. Al ser uno de los alumnos con más resistencia de la clase, mi profesora me recomendó estudiar CAFD, algo que desestimé cuando me detectaron que estaba al límite de la misma enfermedad del corazón de mi madre. Por fortuna, tenía un plan B, y con el tiempo se convirtió en mi máxima aspiración.

A mí nadie me inculcó que tenía que ser periodista. En realidad, te paras a leer textos que escribí hace diez años y me dan absoluta vergüenza. Mi padre quería que estudiara para ser profesor, como él y como su padre, y habría sido lo más fácil y sensato. Pero es que a mí lo que me gustaba era el fútbol. Tenía libretas llenas de apuntes de jugadores, álbumes llenos de fichas de los futbolistas de la Liga, partidos que veía en los bares o escuchaba por la radio. Sabía que tenía que hacer algo relacionado con aquello, costara lo que costara.

En ese sentido soy muy distinto a mi hermano, que nunca ha tenido una verdadera pasión por un trabajo en concreto y que buscó una carrera relacionada con el inglés, porque le habían repetido mil veces que era el idioma del presente, con el que encontraría trabajo seguro. A él le preocupa estar en el paro. Yo ya tengo asumido que lo más probable sea estar en el paro unos cuantos años. Pero no me preocupa. No podría hacer una profesión que no me llenara por dentro.

Como mi hermano, que se cambió de Magisterio bilingüe a Filología Inglesa, existen miles de jóvenes en España que no sienten pasión por un trabajo, y que les espera, a muy buen seguro, una vida sin motivación, sin ganas de levantarse por la mañana, sin fuerzas para hacer de este país un lugar mejor. Está comprobado que aquellos que son felices en el trabajo son felices en la vida. Son los más cualificados en su sector, los que buscan aprender, avanzar e innovar.

Este país, que atraviesa una crisis económica importante, también adolece de falta de pasión, de creatividad. Y hay que irse hasta abajo, a las guarderías, para resolver el problema. Si en China los niños son instruidos desde muy pequeños en valores como el esfuerzo y la disciplina, en España debemos potenciar la imaginación, el altruismo y el emprendimiento.

En mi Trabajo de Fin de Grado expuse que las clases en la Universidad se habían quedado anticuadas: la teoría era mucho más abundante que la práctica. Imaginen en los colegios e institutos. Desde que entré a primaria hasta que entré en la universidad, ni un sólo periodista profesional me explicó los valores que representaba este oficio, los sacrificios que conllevaba, los entresijos que guardaba. A mí lo único que me hizo entrar en la Facultad de Periodismo fue el fútbol. Ni más ni menos.

Hacen falta más charlas de profesionales, más test para averiguar la vocación del alumno, más visitas a las Universidades, más asignaturas enfocadas a trabajos concretos. Una orientación que permita a los jóvenes encontrar su camino, sin verse perdido en una carrera que entró porque no había otra, porque sus padres le obligaron, o porque estaba de moda. Por eso tengo el gran placer de ayudar en todo lo posible a José Portugués, un callosino que ha creado esta Fundación para servir de intermediario entre profesionales y alumnos. Lean la entrevista porque no tiene desperdicio.

Yo tuve suerte, pero miles de jóvenes no la tienen. Encontrad vuestra pasión, y haced de ella vuestro trabajo.