¡Ya estamos de vuelta! ¿Os acordáis de nosotros? El año pasado tres callosinos se fueron a vivir juntos a Madrid, en una primera temporada cargada de aventuras y grandes momentos. Ahora, después de un parón demasiado largo, volvemos a la carga, esta vez con un nuevo inquilino -Adrián Redondo- al que conoceréis más en el próximo capítulo. Primero, había que inaugurar la segunda temporada en un sitio como dios manda. En el lugar con más poder de España.
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No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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viernes, 4 de diciembre de 2015
miércoles, 2 de diciembre de 2015
Carta al Metro de Madrid
Querido Metro de Madrid:
Hola. Llevo utilizándote desde hace más de un año, cuando me vine a vivir aquí, y lo cierto es que la mayoría de veces me has dado más soluciones que problemas. No puedes evitar, por supuesto, que pierda el metro en las narices, que haya obras de vez en cuando o que no pueda cogerlo pasada la una y media de la madrugada.
Sin embargo, hay algo que creo que sí puedes hacer y que me está quitando años de vida. Voy al grano.
Trabajo en Suanzes, normalmente por la noche, y salgo tarde, a las 00:00. La mayoría de las veces llego y tengo que esperar 15 minutos. Ante eso no puedo hacer nada y lo sé. Lo que no entiendo es por qué al llegar a Alonso Martínez para hacer transbordo (a Plaza Castilla), cuando llego al andén ya está yéndose el tren. Lo tengo calculado. A veces me pego la carrera de mi vida y consigo llegar, otras no. Y cuando no lo consigo, son 20 minutos esperando al siguiente.
Si ya de por sí los intervalos de espera son mayores por la noche... ¿Por qué hacéis que un tren llegue justo cuando se está yendo el otro? Me pasa en cualquiera de los que se cogen a partir de esa hora, en esa estación. ¿No hay alguna forma de que el tren de la línea 10 tarde un poco más en llegar, o el de la línea 5 llegue antes? Si los andenes estuvieran enfrente no habría problema, pero hay que recorrer tres pasillos enormes y cuatro escaleras mecánicas para llegar de uno a otro.
Te ruego que lo consideres, por favor. Todos los días tardo el doble en llegar a casa, y lo único que necesito es 20-30 segundos más de margen. Sólo eso. Tiene que haber alguna forma de ajustar los metros para que esto no pase. No soy el único. Ayer mismo, a un chaval con gorro y a un hombre trajeado les pasó lo mismo. Y para colmo, un barrendero se rió en mi cara.
Un saludo y espero respuesta pronto. Hoy vuelvo a salir a las 00:00.
Gracias.
martes, 1 de diciembre de 2015
Bigotudo por un mes
Sí, con ese bigote parezco el señor Súper -de Mortadelo y Filemón-. Reconozco que no me gusta nada, que llevarlo durante un mes me ha gustado menos, y que para colmo muchos creen que el haberlo hecho no sirve para nada. Bueno, hasta el más mínimo gesto de reivindicación creo que sirve para algo. Concienciar sobre el cáncer de próstata y otras enfermedades que sufren los hombres es una campaña que Movember lleva haciendo desde hace mucho. Y, si no pasa nada, pienso unirme a ella todos los años. Más información, aquí.
sábado, 28 de noviembre de 2015
Una carrera por la vida
Correr diez kilómetros es más fácil cuando sabes que es por algo bueno. Por ayudar a gente que lo necesita. Por financiar proyectos nobles, aunque parezcan imposibles. Por soñar con un mundo sin víctimas en accidentes de tráfico. Para concienciar a aquellos que conducen más rápido, o beben al volante, o se cargan de estupefacientes o circulan sin dormir. La barbaridad de accidentes que se pueden evitar y que no se evitan.
Hay que luchar contra eso. Aunque haya que madrugar después de pasar la noche en vela. Aunque haga un frío de cojones mientras esperas a que tu compañero de piso te abra porque te has dejado la tarjeta de transporte -nunca lo hizo-. Aunque estés al borde de una enfermedad del corazón que puede dejarte tieso si te pasas de la ralla. Aunque te recomienden que te eches crema en los pezones, no lo hagas, y maldigas al infierno por tenerlos irritados durante dos días. Aunque estés corriendo y el sol te pegue en la cara, mientras el sudor se te mete en los ojos y hagas casi un kilómetro a ciegas. Aunque vayas escaldado hasta casa y luego trabajes ocho horas seguidas. El simple hecho de ayudar a hacer de este mundo un lugar mejor merece la pena. Vaya que sí.
PD: Correr a lo largo del Paseo de la Castellana, con una marea azul por delante y por detrás, y disfrutando del paisaje -los árboles, la Plaza de Colón, Nuevos Ministerios, el Bernabéu- ha sido una de las mejores sensaciones que he tenido en mi vida.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Un año en Madrid
Madrid es un despertar temprano, o tardío, dependiendo del turno que tengas en el trabajo. Es mirar por el balcón y ver las dos torres Kio, en su majestuosidad, vigilándolo todo en pleno centro de la Castellana. Es ver el asfalto recubierto de hojas marrones, caídas por el otoño, que empezó hace mucho más tiempo que en cualquier lugar donde haya vivido antes.
Madrid es bajar el ascensor con alguien a quien no has visto en tu vida. Aunque lleves un año en el edificio. Es ver a los vecinos de enfrente una vez cada cuatro meses, y seguir tan sonrientes como siempre. O es ver a ancianos molestos por las prisas de jovenzuelos como nosotros, que nos ceden el paso casi malhumorados, mientras el portero del fin de semana te saluda como si fuera Chewaka.
Madrid es mucha gente. Muchas personas. Por todas partes. Y muchos coches. Es ser incapaz de pasar la Avenida en semáforo rojo. Yo, que me he saltado incontables. Es bajar las escaleras del metro mientras escuchas de fondo el "Buenos días, señor" del hombre negro que vende pañuelos en la esquina del Delina's. Es sonreír porque en el panel pone que queda un minuto, o morir de rabia cuando las puertas del metro se cierran en tus mismísimos morros.
Madrid es un calor tremendo en verano y un frío que te sacude el cuerpo en invierno. Es vivir de cambios de temperatura constantes, porque en todo establecimiento hay calefacción o aire acondicionado. Es llover, relampaguear, granizar o nevar cuando menos te lo esperes. Es poder dibujar 'Callosa de Segura' en el suelo y salir en Telecinco gritando como un animal.
Madrid es ir a Valdeacederas a comprar al Mercadona. O una bombilla en la Ferreteria. O pollo de campo -y no del terreno- en el 'Mercado de las Maravillas'. Es comer en el Telepizza los martes (locos), tapear en los 100 Montaditos el miércoles y cenar en el TGB los jueves -o comer, o las dos cosas-. Es hincharte a comer en el Tigre hasta que no puedas más. Y luego ir en busca de un pub donde no te ofrezcan chupitos de licor de melocotón.
Madrid es ir a comprar el pan y encontrarte con Helen Lindes. Ir al Bernabéu y subir las escaleras del Metro junto a Víctor Sánchez del Amo. Es esperar la cola para entrar a un concierto y saludar a Miki Nadal. Es pasear por Gran Vía y ver a un humorista comprando ropa interior en Lefties, o a Garbajosa cenando con su mujer en una mesa al aire libre. Es llegar a Sol y encontrarte una manifestación de cualquier -repito, cualquier- cosa: Bomberos cabreados, izquierdistas resignados, franquistas Anti-Podemos, empresarios desempleados, jóvenes en paro, mujeres contra el maltrato, homosexuales contra la Iglesia o protestantes contra el efecto invernadero.
Madrid es ver los típicos sitios de siempre y enamorarte de ellos. De una puesta de sol en el Retiro, de un bocata de calamares en la Plaza Mayor, de un paseo en el Teleférico, de una foto en el Palacio Real, de unas tostas en el Rastro, de una celebración en Cibeles. Pero también es descubrir, porque a esta ciudad nunca dejas de descubrirla. Las maravillosas vistas desde las Tetas de Vallecas, un té en 'La Ciudad Invisible', una pinta en un pub irlandés de primera categoría o unos chopitos de lujo en las callejuelas paralelas a la Puerta del Sol.
Madrid es un sueño. Es todavía no creer que estás allí, y menos un año. Es poder hacer lo que quieras. Es poder hacer lo que más te gusta, y poder perseguir las ilusiones que tenías de niño. Es sentirte el rey del mundo. Es disfrutar cada segundo con tus compañeros, con tus amigos, con aquellos familiares que te visitan, con ella. Es coger un tren en Atocha y contar los minutos para volver. Es querer vivir aquí toda la vida. Ojalá.
jueves, 15 de octubre de 2015
Chutes en vena de mi tierra
Adoro Madrid, siempre he querido vivir aquí y creo que siempre querré. Pero necesitaba unas mini-vacaciones, una pequeña desconexión, estar varios días en casa, en mi casa, con mi familia y amigos, y dejar de sentir el bullicio de tanta gente desconocida para disfrutar de la paz que supone vivir en un municipio de apenas 20.000 habitantes.
En uno diez días he hecho de todo, por cierto. Desde defender una propuesta por el futuro de CDS Noticias en un escenario a recoger mi título de Graduado en Periodismo. Desde aprender a hacer calamares rellenos a ver las películas de 'Cómo entrenar a tu dragón'. Desde volver a sentir lo que es jugar al FIFA a recordar lo mortífero que puede ser subir al pico más alto de la Sierra. Desde quedar con la gente a la que más quieres, a recrear festejos únicos con los tuyos.
Sí, se me ha hecho hasta raro volver a la capital. Y eso que al asomarme una vez más al balcón del noveno piso del 205 del Paseo de la Castellana, y notar el frío y la inmensidad de Madrid, he vuelto a sonreír, porque sé que este es mi sitio. Pero necesito chutes en vena de mi tierra cada cierto tiempo. No lo puedo evitar. Y nunca lo evitaré.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Una experiencia que MARCA
Lo recuerdo como si fuera ayer. Yo estaba tirado en una cama diminuta de un hostal destartalado en plena Gran Vía, a la altura de Callao. Los primeros rayos de sol iluminaban la habitación mientras yo trataba de contener la emoción de lo que iba a ocurrir en apenas unos momentos. Iba a tener mi entrevista para el Máster en periodismo deportivo del Diario MARCA.
Por supuesto, no había dormido en toda la noche. ¿Cómo hacerlo con los nervios a flor de piel? Para colmo, no calculé bien los tiempos y llegué tarde a Unidad Editorial, un edificio enorme en un recinto gigantesco. Ver las letras de MARCA a la izquierda de los tornos nada más entrar me puso los pelos de punta. Bajé a hacer las pruebas y la entrevista, y después Froi me llevó a la redacción. Allí vi caras muy familiares, caras que tenía grabadas en fuego de tantas visitas a los directos de la web, de tantas conversaciones en Twitter. Cuando vi la calva de Marcos López (Futbolitis) no pude aguantar decir su nombre en voz alta y sonreír como todo aquel que explota de ilusión.
Unos meses después me encontraba en la recepción de ese mismo edificio, junto a veintidós personas más que muy pronto serían mis compañeros (y de los que sólo puedo hablar maravillas). Creo que casi deliré cuando vi a Axel Torres entrar por la misma puerta por la que yo entraría durante tres meses, cinco días a la semana. Mis ídolos, mis referentes, estaban tan cerca que casi podía tocarles.
Eso fue hace prácticamente un año. Sin duda, los casi doce meses más cortos de mi vida. Allí he conocido a grandes profesionales, he visitado grandes eventos e instalaciones, he disfrutado como un niño haciendo lo que más me gusta. Y he pasado los tres meses más alucinantes de mi existencia. ¿Sabéis lo que es entrar cada día en una redacción donde periodistas como Javier Estepa, Ángel Liceras, Alberto Benítez, Froilán Mora, Manuel Malagón, Pablo Díaz, Emilio Contreras, Fran Villalobos Almudena Rivera o Javi Domínguez te tratan de tú a tú? De ellos he aprendido una barbaridad, y por eso les agradezco toda la amabilidad y complicidad que han tenido a lo largo de esta experiencia.
Porque la verdad, ha sido una experiencia irrepetible. He hecho de todo. Desde una fotogalería del piso de Manhattan de Cristiano Ronaldo hasta un reportaje de fútbol-silla, pasando por mis escritos del Villarreal, directos únicos -Mundial de Atletismo, Muguruza clasificándose para semifinales de Wimbledon y el Granada-Villarreal, además de muchos del Mercado de Fichajes-, salidas al Cerro del Espino, al Santiago Bernabéu -presentación de Kovacic- escapadas al aeropuerto -a perseguir a Danilo- y entrevistas a grandes figuras como Guti, Caparrós, Sánchez, Molina o Lobo Carrasco.
He aprendido mucho en redes. Muchísimo. Gracias a Alejandro Fernández, a Pablo Otero, a Montse Lorenzo y a Alberto Benítez por todo lo que me han enseñado y por estar ahí siempre. Si de algo he sacado más provecho, ha sido de ese grupo de buenas personas. Gracias también, por supuesto, a Julia del Mar, Adrián Angulo o Froilán Mora. Desde ahora sois referentes.
Me voy de MARCA con una sensación muy triste, de mal cuerpo. Como si estos tres meses, que han sido de lo más aprovechados, hubieran pasado como una ráfaga de viento. Caras que no volverás a ver -o sí-, recuerdos que permanecerán imborrables para siempre, y sueños que, quién sabe, puede que nunca vuelvas a vivir.
Se cierra una etapa, pero estoy seguro de que se abre otra. Yo no me rindo. Lucharé por ser periodista deportivo aunque me cueste la vida en ello. Gracias a esta casa por ser precisamente eso, una casa, un lugar donde siempre me he sentido a gusto y feliz, haciendo de mi pasión una profesión. MARCA ha puesto los cimientos de un futuro que, estoy seguro, será ilusionante. Solo hay que leer lo que pone en mi camiseta, en la foto que ilustra esta entrada. Again, again and again.
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