No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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domingo, 28 de agosto de 2016

Vuelvo

Los Juegos estuvieron a punto de acabar conmigo. El cambio de horario, las numerosas tareas que hacer para varios medios, las ganas de ver todo, las noches en la redacción y el estrés propiciaron que no tuviera tiempo para ninguna otra cosa. Todo ello en plena mudanza y Fiestas de Callosa.

Pero eso se acabó. Por enésima vez, me niego a que este blog muera. He hecho una serie de cambios que espero que me hagan tener el tiempo suficiente como para actualizarlo a menudo. Lo necesito.

Solo espero que el insoportable calor que inunda Madrid estos días se vaya cuanto antes. Aunque estemos a 28 de agosto, bienvenido eres, septiembre. Y vete cuando quieras para que venga octubre.

lunes, 25 de julio de 2016

El viaje de nuestras vidas

¿Cómo sabe eso de que ansías tanto hacer una cosa, que pasan los años y todo sigue igual hasta que un día descubres que sí, que lo vas a hacer, y que será tan maravilloso como se suponía? Pues la verdad es que sabe a muchísimas cosas, todas buenas, desde el momento en el que ves a tus amigos sentados en el banco esperándote a que les abras la puerta de casa hasta que acabas en el piso de una desconocida bebiendo cerveza y ahogando nuestros últimos segundos juntos.



Describo este viaje, el del Interrail, como el mejor que hemos hecho en nuestras vidas. No porque cada viaje es mejor que el anterior, ni porque lo tenga tan reciente que así me lo parezca, o simplemente porque quiera presumir de haber vivido una experiencia así. No. Este viaje lleva la palabra MEJOR y, por supuesto, la palabra VIDA.

Es difícil contar con detalle lo que me hemos vivido en seis días (contando los días juntos en Madrid, me salen casi 10). En realidad,  hay cosas que ni siquiera soy capaz de explicar. Hay otras que si las contara saltarían chispas por todas partes. Así que me remitiré al guión establecido del viaje. Y lo haré de carrerilla:

Sábado 16 de julio

Me encontré a Carlos, Sergio y Fenoll en el banco de enfrente de mi casa, en Madrid. Subimos. Descansamos un rato. Fuimos a Chamartín a preguntar si desde allí se podían reservar billetes internacionales. Fuimos al Tigre a comer y beber como salvajes. De ahi al MaskCopas. De ahí a la Risueña. De ahí a una copia del Mercado Provenzal. De ahí a dormir.



Domingo 17 de julio


Llego a casa de trabajar. Me los encuentro jugando a la xbox. Me voy con Fenoll a ver cosas que nos pueden dejar para nuestro nuevo piso. Volvemos a casa y ya ha llegado Adrián. Nos vamos a cenar al Museo del Jamón. Nos tomamos la última en el 100 Montaditos-Sureña. Volvemos a casa.


Lunes 18 de julio

Nos despertamos. Fenoll se afeita en el pasillo de la entrada. Nos repartimos el companaje de Adrián entre las maletas. Nos vamos a desayunar a la cafetería del Intercambiador. Sacamos dinero. Compramos bocadillos en el bar del Metro. Llegamos al aeuropuerto. Compramos cartas por valor de casi 8 euros. Embarcamos. Hace calor en el túnel de vestuarios. Entramos en el avión. Dos horas después llegamos a Bruselas. Nadie nos hace un control ni nos toca nuestros huevos s_____s.



Encontramos a nuestro chófer, pero casi le perdemos unas diez veces porque a pesar de su barrigón anda muy deprisa. Nos lleva a la puerta del hotel Albert. Cogemos un tranvía. Llegamos a Grand Place. Vemos al niño meando. Nos comemos un metrallete (bocadillo de carne, cebolla, muchas patatas fritas y salsa picante) en Fritzland. Unos españoles a nuestro lado nos oyen comentar lo bien que vamos a cagar (IRONÍA) después de esos bocatas. Nos vamos a beber al Delirium. Una bota de cristal de cerveza, sí. Hablamos con unas madrileñas y luego con unas guiris americanas. Buscamos un bar más barato y acabamos en otro Delirium porque el camarero nos convence. Nos sentamos con unas chicas portuguesas. Aparecen las guiris americanas. Bebemos hasta que cierran. Nos volvemos al hotel andando. Igual tardamos una hora mientras Fenoll capturaba pokemons.

Martes 19 de julio

Nos levantamos. Cogemos un autobús. Dejamos las maletas en la consigna de la estación de tren. Desayunamos unos gofres. Nos vamos a recorrer las inmediaciones del Parlamento y la Comisión Europea. Visitamos el Museo de Dinosaurios. Nos perdemos. Hace mucho calor. Encontramos una parada de metro. Vamos a sacar las cosas de la consigna pero hemos perdido el ticket. Pagamos 12 € y nos devuelven las cosas. Compramos barras de pan para hacernos bocadillos con el companaje.




Cogemos un tren destino Gante. Cogemos un tranvía destino al hotel. Nos deja al pie de una cuesta enorme. Llegamos a nuestra habitación, en la que hay 14 camas, un calor insoportable y un aparato de aire acondicionado estropeado. Nos duchamos y al rato estamos sudados otra vez. Salimos de allí pitando. Descubrimos que Gante está en fiestas. Nos dan agua potable gratis. Cenamos en el Mosquito Coast (un fraude). Nos vamos a beber a un Delirium frente a una feria. Carlos se bebe dos cervezas en 9 segundos. Acabamos en una carpa bailando. Nos vamos a dormir.

Miércoles 20 de julio

Nos despertamos como si hubiéramos estado 20 horas en una sauna. Asaltamos el buffet-desayuno para compensar la habitación infernal. Dejamos nuestras cosas en el hotel y nos vamos a patear Gante. Damos un paseo en una barca en el canal con muchos españoles. Nos dan un helado gratis y un paraguas multicolor. Entramos en las mazmorras de un castillo. Echamos dinero en un pozo y pedimos un deseo. Nos hacemos unas cuantas fotos en la ciudad y nos comemos un perrito caliente gigante con una cerveza Jupiler. Vamos a Primark a comprar ropa de verano porque media maleta era de invierno (nos dijeron que haría frío y hacía más calor que en la comunión de Charmander).




Recogemos nuestras cosas del hotel y vamos a la estación con destino a Brujas. Casualmente nos encontramos allí con unas españolas que vimos en Gante. Cogemos un autobús dirección al hotel. En esta habitación corre más el aire, pero no hay consignas. Compramos candados y nos tomamos una cerveza en el bar del hotel. Nos hacemos unos bocatas con el companaje y nos vamos a ver Brujas. Volvemos al bar del hotel y nos tomamos unos jagger boom y unas birras en la happy hour mientras jugamos al 'culo' con unas españolas. Nos acostamos.

Jueves 21 de julio

Nos levantamos temprano. Desayunamos en el buffet del hotel. Llegamos a la parada de autobús y si lo esperamos no llegamos al tren con destino a Bruselas. Salimos corriendo. Llegamos reventados a la estación. Cogemos el tren a Bruselas, pero allí, por pedirnos unas hamburguesas calle abajo, perdemos el de Amsterdam. Aprovecho y me compro dos cajas de mejillones.




Me como una en el tren. Llegamos a Utrecht, donde decidimos que ibamos a dormir, pero cancelamos la habitación y reservamos otra en Amsterdam. En los pocos minutos que estuvimos en Utrecht nos encontramos con un callosino (ESTABA CLARO). Llegamos a Amsterdam. Cogemos el tranvía. Llegamos al hotel. Dejamos las cosas y nos vamos a ver el centro de la ciudad. Visitamos los coffee shops, el barrio rojo y demás. Perdemos la noción del tiempo. Nos vamos a dormir.

Viernes 22 de julio

Madrugamos para ir al Mercado de las Flores, Alquilamos unas bicis y damos una vuelta por la ciudad. Nos dan queso gratis en una tienda. Nos vamos a un parque enorme y precioso. Encontramos un sitio perfecto y nos ponemos a jugar a las cartas. Volvemos a perder la noción del tiempo. Por la tarde, acabamos en un trocito de césped junto a un lago, acostados mientras un tipo tocaba la guitarra y cantaba como los ángeles al tiempo que la brisa soplaba a nuestro favor.




De los mejores momentos de nuestra vida. Comemos unas hamburguesas aplastadas del Mcdonalds. Volvemos al hotel a ducharnos. Vamos al centro. Cenamos con las guiris americanas que conocimos en Bruselas. Una de ellas parece que va encocada perdida. Nos invitan a cervezas y croquetas (ellas las llaman albóndigas) en otro bar. Nos tomamos un gofre (el cuarto de la semana). Nos bebemos una botella de 2 litros en apenas 15 minutos. Volvemos al hotel. Dormimos.

Sábado 23 de julio

Nos levantamos. Dejamos las bicis. Cogemos un tranvía con destino a la estación de tren. Cogemos un tren con destino a Bruselas. Allí comemos unos bocatas en un restaurante suizo. Luego los mejores gofres de la ciudad (el quinto de la semana). Compramos souvenirs y chocolate belga. Nos tomamos la última birra en el Quick. Cogemos un autobús con destino al hotel Albert.



Esperamos al chófer en un bar. Dormimos en el coche de traslado al aeuropuerto. Allí encontramos a unas madrileñas que habíamos visto como tres veces en Bruselas. Quedamos con una de ellas para salir por ahí al llegar a Madrid. Bebimos unas cervezas. Y unos cubatas. Y llegamos a casa a las 6 de la mañana. Al día siguiente finiquitamos nuestro periplo en el 100 Montaditos, dando por hecho que este viaje ha sido, seguro, mejor que un día sin pan (solo ellos lo entenderán).



sábado, 2 de julio de 2016

Un día en la Eurocopa 2016

Esta es la historia de un viaje inolvidable express a Marsella. Dicen que es preciosa, pero yo casi no pude saborear la mayoría de sus monumentos y atracciones. Solo el monumento más importante, el Velodrome, y la atracción más importante: la Eurocopa 2016.




Tener la oportunidad de acudir a un partido de este torneo es equivalente, para mí, a estar en el paraíso. Mi amigo Samuel vive a dos horas de Marsella, en Montpellier, y compró entradas para todos los partidos que se iban a disputar en esa ciudad. Al ser minusválido, siempre iría con acompañante, y gracias a que pude contar con dos días libres, elegí el primer partido de cuartos, pensando que si España quedaba primera de grupo y eliminaba a su rival en octavos, la vería en directo en una de sus citas más importantes.

No pudo ser. La Roja acabó segunda por un penalti fallado de Ramos y un gol casi en el descuento de Perisic, y para colmo fue eliminada en la siguiente ronda a manos de Italia. El partido que veríamos sería el Polonia-Portugal, un Lewandowski-Cristiano Ronaldo, vamos. Tenía miedo de que las aficiones no estuvieran a la altura de otras como la británica o la islandesa, pero me sorprendieron sobremanera.




Pero bueno, que me voy por las ramas. La historia comienza un jueves a las cinco de la mañana. Suena Summer of 69 en el despertador y unos minutos después recibo una llamada perdida. Es el taxista. Al ver que no le llamo, me manda un mensaje y me dice que ya está abajo. Me preparo una mochila, me visto y salgo del piso. Dos horas después ya estoy en un avión con destino a Marsella, Debo decir que creo haber aprendido a guiarme (por fin) en los aeropuertos y en este tipo de viajes. La única pega: no mastiqué chicle mientras aterrizaba el avión y el oído derecho se me taponó como si tuviera cera para diez procesiones. Por suerte, volvió a la normalidad unas horas después.

Poco después llegaban Samuel y su hermano Yann en la furgoneta para recogerme rumbo a la ciudad. Aparcamos cerca del estadio -eran casi las 10 de la mañana y apenas había ambiente de día de Eurocopa- y nos digirimos a los alrededores a comer algo. Unos crepes con chocolate, para ser más exactos.



Insistí en ir a la Fan Zone. Yo esperaba una carpa en la que hubieran cientos de polacos bebiendo cerveza hasta el amanecer del día siguiente, pero nos encontramos con un recinto gigantesco y semi-vacío en medio de la playa. Allí nos encontramos con cuatro españoles -como nosotros, con la camiseta de la Roja- que venían desde el País Vasco para ver el partido. Nos los cruzamos hasta tres veces durante el día, y nos invitaron a cubatas de ginebra -muy fuertes por cierto-.  En aquella playa comprobamos que algunos polacos barrigones y algunas bellezas polacas disfrutaban de un buen baño y del -soporífero- calor que hacía en ese momento. En la Fan Zone chutamos penaltis, nos hicimos fotos rocambolescas, entramos en sorteos, jugamos al Pro, pintamos en un mural y nos bebimos una fresquita y carísima cerveza (siete euros).

La vuelta a los alrededores del estadio fue asfixiante, pero lo amenizamos con los cubatas de ginebra y los saludos con los polacos (¡Polska!) y los lusos (¡Portugal!). Lo que nos terminó de sacar una sonrisa definitiva fue un polaco que nos quería vender una entrada y se la acabó regalando a Samuel mientras le explicaba que había sufrido un accidente de coche y casi acaba en silla de ruedas. Esa entrada permitió a Yann entrar al campo con nosotros.




Volvimos al Velodrome. Allí comimos paninis (deliciosos) y nos dimos un garbeo por la zona, ya plagada de polacos y portugueses. Empezaron a calentarse. Nos encontramos con un portugués fan del Sporting de Lisboa y defensor de Cristiano Ronaldo y Pepe que nos contó mil anécdotas. Lo mejor llegó cuando la plaza se llenó de polacos que empezaron a cantar y no pararon. Nos unimos a los cánticos y disfrutamos de lo lindo. En esas, me crucé con un alemán que se puso a cantar el Que viva España de Manolo Escobar y que me restregó por la cara que eran campeones del mundo. Yo le contesté con un 'Carles Puyol' y se le borró la sonrisa al tiempo que reproducía lo que yo consideré como 'improperios alemanes'.




Por fin era la hora de llegar al campo. Con los pies destrozados, un voluntario de la UEFA se ofreció a llevarnos en jeep a la puerta por la que entrábamos. Un crack. Entrar al Velodrome fue como entrar por la pantalla de televisión en la que días atrás veías los partidos de la Eurocopa y soñabas con formar parte de eso. El partido acabó empate a uno y nos fuimos a la prórroga y a los penaltis. La vuelta se retrasaba: llegaríamos a las 4 de la mañana a Montpellier.

Pesadilla

Ahora les voy a contar la otra cara de la moneda. No quiero extenderme mucho porque es recordar esas horas y me entran ganas de tirarme por la ventana, pero es necesario contarlo porque creo que hasta hicimos historia.

Llegamos al coche a las 00:30. Arrancamos, conducimos 200 metros... y Yann no puede doblar el volante. Se atasca. Maldice a los dioses viejos y nuevos y para el coche junto a un semáforo. Llama a sus padres. Cuelga. Resulta que tiene una antigua avería y no funciona. Hay que llamar al seguro.

Cuando vuelve de llamar, nos dice que hay que esperar una hora a que llegue la grúa y compruebe los daños para después buscar una solución para nosotros. O volvemos en un taxi adaptado a Montpellier o dormimos en un hotel con cama pagada. Les voy a adelantar el final: no ocurrieron ninguna de las dos cosas. Estuvimos horas y horas esperando hasta que un hombre marroquí nos llevó con la grúa a un depósito donde Cristo perdió la chancla y dando tantos tumbos que Samuel casi acaba volcado en el suelo.



Llegamos al depósito. Yo ya temía que nos descuartizaran vivos. En lugar de eso, guardaron la furgoneta y nos metieron en una sala con un sofá y dos sillas a esperar. Esperar. Esperar. Eran las tres de la mañana y yo llevaba casi 24 horas sin dormir. Yann recibía una llamada cada cierto tiempo y yo me hacía ilusiones que se rompían en cuanto colgaba. Que no encuentran hoteles, que no encuentran taxis adaptados, que bla bla bla. Acabé durmiendo en el suelo de aquella sala perdida dios sabe dónde.

Nos despertaron cuando más calor hacía para seguir esperando en recepción, donde había aire acondicionado. Una mujer nos dijo que en 15 años que había trabajado allí jamás se había quedado nadie allí a dormir. Eran las 8 de la mañana y estuvimos esperando cuatro horas más hasta que apareció un taxi con un remolque que nos dejó en Montpellier 15 horas después de haberse roto la furgoneta.

Calma

Tras la tempestad, conseguimos descansar en casa de Samuel. Comimos hachís (un plato típico francés, no droga) y entre eso y una ducha conseguí revivir. Luego gané una partida al chinchón y jugamos unos cuantos fifas antes del Bélgica-Gales, que disfrutamos con unas cervezas y unos tacos rellenos de tres carnes, queso y patatas verdaderamente espectaculares. Sobre la 1 y pico ya estaba en la cama recuperando horas de sueño, y al día siguiente me preparaba para volver a Madrid, tras dos días intensos pero emocionantes. Experiencia maravillosa.






sábado, 14 de mayo de 2016

Eurovisión 2016: mis favoritos




El año pasado vi Eurovisión en un pub de Ely, un pueblo a las afueras de Cambridge, con la tele sin sonido y una máquina de discos amenizando el local, mientras guiris borrachos veían cantar a Edurne y decían: "¡La novia de De Gea! ¡La novia de De Gea!

Este año lo veré a medias. Con dos horas y pico de retraso, para ser exactos. Igual hasta consigo poner TVE en alguna tele de la redacción. Lo que no pienso dejar escapar es una nueva oportunidad de perder dinero apostando a mis favoritas.

Sí, este año he vuelto a hacer una lista con mis candidatas, las que más me han gustado. Mi sorpresa al ver cuáles eran favoritas en las casas de apuestas me ha hecho dudar profundamente de mi gusto musical. Rusia (1,52), la que tiene todas las papeletas para ser ganadora, estaba en mi segundo escalón, es cierto. Pero en el podio le siguen Australia (4,50) y Ucrania (8.50). ¿Cómo va a ganar Australia Eurovisión? ¿Han visto lo horrible que es Ucrania?

En lugar de éstas, voy a confiar en mi criterio y voy a apostar un eurito por cada uno de estos países.

1. Gabriela Guncikova (República Checa) - 201 € por euro apostado



2. Freddie (Hungría) - 201 € por euro apostado




3. Donny Montell (Lituania) - 151 € por euro apostado



4. Nina Kraljic (Croacia) - 201 € por euro apostado




5. Joe & Jake (Reino Unido) - 41 € por euro apostado




Ni falta que diga que mucha suerte y todo el apoyo del mundo a Barei y su 'Say Yay!'. Me parece que está en el podio de las mejores canciones españoles en los últimos 13 años. RetaBet la coloca la 15º, pero esperamos que esté más arriba :)

lunes, 25 de abril de 2016

Hay que volver

Llevo tiempo sin escribir aquí. Y no me gusta. Porque este blog lo empecé para contar mis experiencias y poder desahogarme. Pero ya no tengo tiempo ni para él.

Ha pasado ya un año y medio desde que llegué a Madrid. En ese tiempo he hecho un Máster y prácticas en la web de Marca, y desde octubre estoy en Eurosport, haciendo lo que me gusta y subiendo escalones poco a poco. Aquí he conocido a gente maravillosa a la que nunca olvidaré.

He aprendido a vivir lejos de mi ciudad, incluso podría decirse que he llegado a acostumbrarme, Aunque una parte de mí quiere estar siempre allí, quiere que Callosa sea un pueblecito a las afueras de Madrid al que poder visitar cada dos por tres.

Desde la capital he conseguido -con algo de ayuda- potenciar CDS Noticias, que ya tiene más de 3000 seguidores en Facebook, tiene una web con un margen de visitas aceptable y una revista que cada mes se vende con más fuerza. Sin embargo, cada vez estoy más seguro de que las posibilidades de crecimiento son muchísimo mayores de los que la gente cree, pero desarrollarlas desde aquí y sin las herramientas necesarias es casi imposible.

Ahora intento adelgazar algo. No sé si para sentirme bien conmigo mismo, o para que mi madre deje de decírmelo cada vez que voy a Callosa, o para que la gente me vea mejor. O por que se acerca el verano, y quién sabe si no me avergonzaré si me quito la camiseta en una playa o una piscina en los próximos meses.

Y no sé qué más contar, la verdad. Ahora mismo debería estar actualizando la web, mirando algún tema para Sphera o para esta noche en Eurosport, pensar en alguna apuesta -estamos en racha- o hacer algo de la revista, que vamos muy retrasados. Pero el cuerpo me pedía volver a escribir aquí. Hay que volver. Se intentará.

lunes, 29 de febrero de 2016

Mis 8 valoraciones de los Oscar (5)

Sí, hoy es la primera vez que voy a poder dar mi opinión de las ocho nominadas a Mejor Película antes de la Gala. Llego de ver las dos últimas que me quedaban y lo he conseguido: Podré ver los Premios Oscar de este año con total consciencia.

1. Mad Max. Es posible que sea la película de acción que más me haya impactado en mi vida. No te da casi ni un respiro y la realización es impresionante. Es una persecución que vives como si estuvieras en ella.

2. Marte. Vi esta película antes de saber que iba a ser nominada, pero salí de allí con la certeza de que si no lo estaba, estaban cometiendo una de las mayores injusticias de la historia del cine. Una mezcla entre comedia y drama, entre risas y tensión, entre alegría y tristeza. Es muy difícil que un film de tales dimensiones consiga hacerte sonreír al mismo tiempo que sufrir por dentro. Y gran parte de culpa la tiene Matt Dammon y un guion fabuloso. Ah, y una música que da un buen rollo tremendo.



3. El Puente de los Espías. Una historia muy bien contada, como siempre consigue Spielberg. Tom Hanks nunca falla, y el final, si no conoces lo que pasó de antemano, es conmovedor y apasionante. Un fiel reflejo de la Guerra Fría y de lo difícil que es defender a alguien que es odiado por todos.

4. La Gran Apuesta. Tiene la enorme dificultad de contar una historia enrevesada y que usa tantos términos de la jerga económica que a veces te desconecta de la película. Pero su reparto, la curiosidad que transmite y que en una escena aparezca Margot Robbie, es más que suficiente para que valga la pena.

5. Spotlight. Para el que es periodista -como un servidor- ver como transcurre este film es una verdadera delicia. Una equipo de investigación de un periódico se empeña en descubrir un caso de acoso sexual sin precedentes en Estados Unidos, y la fuerza del guion más un reparto de lujo hacen que esta película supere, en mi opinión, a Todos los Hombres del Presidente.

6. El Renacido. Lo siento si exagero, pero creo que es una obra maestra. No, no es la película de todos los tiempos ni es lo más espectacular que haya visto el ojo humano, pero Iñárritu ha creado una joya, ha transformado una historia sin apenas argumento en algo épico, fuera de lo natural; las imágenes, la fotografía, los paisajes son magníficos; y ha catapultado -esperemos- a Di Caprio a por su primer Oscar. Lo merece tanto como Tom Hardy el de actor de reparto.



7. La Habitación. La que más me ha impresionado. Brie Larson, pero sobre todo Jacob Tremblay -increíble que no se den estatuillas a actores revelación- son protagonistas de una historia alucinante, que enternece, estremece pero sobre todo emociona. Te vas de la sala con los pelos de punta.

8. Brooklyn. Una película romántica que además te hace pensar sobre lo complicado que es vivir lejos de casa, dejando todo atrás, cambiar completamente tu vida y luego dudar absolutamente de todo. La verdad es que me he sentido bastante identificado. Preciosa.

Quiniela de los Oscar

Película: El Renacido
Director: Iñárritu
Actor: Leonardo Di Caprio
Actriz: Brie Larson
Actor de reparto: Tom Hardy
Actriz de reparto: Kate Winslet
Habla no inglesa: El hijo de Saúl
Guion original: Del Revés
Guion adaptado: La Habitación
Montaje: Mad Max
Fotografía: El Renacido
Banda Sonora: Los Odiosos Ocho
Canción: 'Til It Happens To You'
Diseño de producción: Mad Max
Vestuario: La chica Danesa
Maquillaje: Mad Max
Sonido: El Renacido
Efectos sonoros: Mad Max
Efectos visuales: Mad Max
Animación: Del Revés
Corto animación: Mundo del mañana
Documental: Amy: la chica detrás del nombre
Corto Documental: Body Team 12
Corto ficción: Stutterer




jueves, 11 de febrero de 2016

VEINTICINCO

En UN solo intento Arturo sacó la espada de la piedra en la película de Disney 'Merlín el Encantador', esa que vi cientos de veces en mi feliz infancia, antes de acostarme a dormir junto a mi conejo verde de peluche.



Barcelona, que transporta en barco alrededor de DOS millones de pasajeros anuales, fue la primera ciudad a la que viajé teniendo constancia de ello. De aquellos días recuerdo pocas cosas (un gorila blanco, un libro de los Picapiedra, un amigo calvo de mis padres), pero todas fueron maravillosas.



Alessandro Del Piero, que jugó TRES mundiales con Italia de los cuales ganó uno, nació el mismo día que mi hermano. De meterme con él en el parque -de estos de casa- hasta irme de cañas con él en Madrid. Sin duda recuerdo mucho mejor los buenos momentos que los malos.

Más de CUATRO veces vimos al Coyote ser humillado por el Correcaminos la noche que nació mi hermana, en uno de los días más felices de mi vida.



El CINCO de octubre de 2003 fui por primera vez al Santiago Bernabéu, con mi tío. El Madrid ganó 2-1 con doblete de Ronaldo, Figo falló un penalti y yo flipé en colores de estar en el lugar más espectacular del mundo.



Menos de SEIS segundos tardaba en bajar al recreo en el Primo de Rivera para poder comprar una torta de tomate. Se agotaban enseguida.



SIETE goles fueron los que se anotaron en el partido en el que marqué mi primer gol en una Liga de Colegios. Un balón largo del portero, me quedé solo frente al meta rival, paró mi remate pero metí el rechace. Todavía recuerdo que me tiré al suelo tras marcar y todos se abalanzaron sobre mí. El gol rompía el empate a tres y nos daba la victoria.

A las OCHO de la noche más o menos era la hora a la que solía ir al 'ciber' porque en mi casa me prohibieron el internet. Allí actualizaba el fotolog y navegaba por todo tipo de webs, pero sobre todo hablaba por Messenger con la mejor persona que he conocido. Córdoba.



Un NUEVE fue la nota final que me pusieron en Dramatización por interpretar a un inglés parlanchín y un vagabundo cojo en una obra de teatro de la Revolución Francesa. Aquellos ensayos y los elogios recibidos tras las interpretaciones son de lo mejor que me llevo de la Purísima.



El DIEZ era el dorsal que llevaba Dennis Bergkamp el día que le homenajeron en el estreno del Emirates Stadium, donde yo estuve gracias a mi casera en Londres, en el año 2006. Fue el primer viaje que hice yo solo.



ONCE fueron las veces que tuve que repetir 'Bayuyu' para que al final me saliera 'Babayu', palabra que me enseñaron mis amigos los asturianos en el que fue, junto a ellos, Adrián (el 'Yonki'), el Hierro, Gloria y muchos más, el mejor verano de mi vida.



Cerca de DOCE segundos tardó en arder el mítico '40 grados', la primera discoteca a la que fui -recuerdo que tenía 17 años y me dejé barba para que no me pidieran el DNI- y en la que compartí grandes momentos, sobre todo con Demetrio, Dani y Fran.



Alrededor de TRECE partidos -puede que más- narré con un megáfono en el patio del Instituto, el lugar donde conocí a muchos de los que hoy son mis amigos, y donde viví años inolvidables. No se qué habría sido de mí de no haber pasado por allí.



Probablemente fueron CATORCE cubatas por noche los que nos bebimos en el Crucero por el Mediterráneo en el viaje de graduación del Instituto, puede que el mejor que haya hecho en mi vida.



Un QUINCE de febrero de 2011, en la fría noche de Valencia y en el más absoluto silencio de Mestalla, viví el gol más sentimental y emocionante de mi vida. Gracias, Raúl.



Unas DIECISÉIS veces habré visto este vídeo, en el que cantamos todos juntos la canción del Bucanero Homosexual en los Carnavales de Alicante. Sin duda, pocos momentos de éxtasis y felicidad mayores que éste. La mejor representación de alegría jamás vista.



Puede que ya por el programa DIECISIETE estuviéramos algo más rodados en lo que venía a ser nuestra primera experiencia periodística. Hacer 'Córrete la Banda' con Sergio, José, Adrián y Jesús ha sido una de las mayores y gratas experiencias de mi vida.



No los conté, pero seguro que fueron más de DIECIOCHO los vasos de calimocho que bebí en mi primer Bando de la Huerta, sin duda la más grandiosa y feliz borrachera de mi vida. Jamás olvidaré -salvo ciertas cosas- aquel día.



Al menos DIECINUEVE calamares me comí el día que por fin pusieron frescos en el comedor del hotel de Torremolinos, en un viaje que ahorramos durante un año y que disfruté con lo mejor de lo mejor. Hay que hacer más como ese.



VEINTE alumnos se fueron del examen de Derecho cinco minutos después de que empezara, un examen que aprobé por los pelos y que certificó mi título de Graduado en Periodismo. Alegría máxima.



VEINTIÚN años tenía cuando me saqué el carnet del coche a la primera, una de los cosas -por lo torpe que soy- de las que más orgulloso me siento.



Un VEINTIDÓS de noviembre escribí el primer tweet de @CDS_Noticias, lo que sería el comienzo de un medio que hoy tiene web, revista y pronto, una radio. De todas las cosas por las que podría sentirme orgulloso, esta es la mayor.



Un VEINTITRÉS de octubre de 2014 aterricé en la ciudad donde siempre soñé vivir, la que me ha dado grandes momentos en grandes lugares, y la que me ha hecho conocer personas a las que nunca podré olvidar. Gracias Madrid.



Con VEINTICUATRO años vi mi nombre, David Orenes Almira, por primera vez en la web de uno de los periódicos más prestigiosos del mundo. El día que me publicaron la entrevista a Carlos Aitor -siempre en deuda contigo- fue uno de los más felices de mi vida.



VEINTICINCO años es lo mismo que un cuarto de siglo, o que dos décadas y un lustro, y si me pongo a contar las semanas, los días, los minutos o los segundos que es eso me tiro ahora mismo por el balcón. Torturarse por la edad es una tontería, pues lo importante es poder disfrutar cada momento para que luego, al mirar atrás, recuerdes muchas más cosas buenas que malas. Como yo hoy :)