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No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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martes, 30 de septiembre de 2014
Nuestro sitio
Hoy, esta vacío. Pero en unos días...
Será nuestro lugar sagrado. El sitio donde estirar las piernas. Donde relajarse. Donde desayunar, almorzar, merendar o cenar. Donde tomar unas birras. Donde pasar el rato. Donde ver la Champions. Donde reencontrarnos tras un día agotador. Donde sentirnos libres. Donde vivir la experiencia de nuestras vidas.
Sí, hoy este sofá está vacío. Pero muy pronto se llenará de grandes recuerdos.
#YaQuedaMenos :)
lunes, 22 de septiembre de 2014
38 pruebas superadas... ¡GRADUADO EN PERIODISMO!
Antropología: Me estudié el abominable temario en un día. Saqué un 6,5 con un par
Lengua: La gente flipó cuando dos callosinos fueron de lo mejor en la prueba de ortografía
Historia: Tuvimos que comentar 100 textos, hacer un trabajo y aprobar un examen de desarrollo
Base de Datos: Aún me sigo preguntando cómo demonios aprobé esta asignatura
Organización y Gestión de empresas: Perdí la vergüenza a exponer. Jamás estuve tan estreñido
Teoría de la Comunicación Mediática: De las notas (8) que más orgulloso me siento
Análisis de textos y redacción: Aprobado con la gorra. Lo mejor: cuando le dije "Ardyyy" a Ferris
Psicología: Inolvidable exposición sobre Dora la Exploradora
Contabilidad: Saqué un 7,5 en septiembre gracias a mi abuelo. Todavía no sé para qué sirve esto
Estadística: Siete convocatorias después, celebré por todo lo alto superar el mayor obstáculo de mi vida
Comunicación audiovisual: Valió la pena solo por este vídeo. Aún lloro de la risa
Publicidad: Los jueves tenías dos opciones: ir a ver anuncios a clase o quedarte en casa durmiendo
Historia del Periodismo: El curso estuvo marcado por un libro que llegó a obsesionarme: POSTGUERRA
Instituciones Jurídico-Políticas: Pasé de un 2,8 en febrero a un 7,2 en septiembre
Redacción Periodística: Dijeron "es más difícil aprobar en diciembre que en febrero". Nos gustan los retos
Lenguaje y técnicas periodismo impreso: Ídem a la anterior. No somos gente convencional
Psicología social: Nos juntamos uno de cada madre en un grupo que, milagrosamente, aprobó a la primera
Documentación Informativa: Le dijimos a la cara a nuestro profesor que haríamos el trabajo más importante de la asignatura en verano. No lo hicimos. Nos aprobó de todas formas.
Periodismo radiofónico: El mismísimo François Hollande, presidente de Francia, nos atendió en exclusiva
Comunicación Digital e Internet: Demostramos al mundo lo malo que es el Piratepad y su rana pirata
Psicología de las relaciones de grupos: Creí que eran 30 preguntas y fueron 36. No vi esas 6. Oups
Fotoperiodismo: Momento mítico el profesor viendo nuestras fotos tomadas con el móvil y resoplando como si el Apocalipsis estuviera tocando a su puerta
Reporterismo: Nuestro gran reportaje fue sobre lo asquerosa que está el agua de la Vega Baja
Tecnología Audiovisual: Esta y otras prácticas lamentables nos dan la vida: Vídeo
Diseño periodístico: Por momentos, pensé que jamás la aprobaría. Gracias a mis compañeros por soportar junto a mí tal calvario (ver aquí) y a Andrea Miralles. Sin ella no habría sido posible
Instituciones de la UE: ¿A quién se le ocurrió esta asignatura? No, en serio, quiero saberlo
Producción Periodística: Hicimos una revista estupenda del Callosa Deportiva. Gran trabajo
Psicología de la comunicación: ¿Esto era Grado en Periodismo o en Psicología?
Comunicación Corporativa: Aprobamos con lo justo por hacer un trabajo de la Cooperativa Eléctrica
Comunicación política: Calculé que sacaba entre un 4,8 y un 5,2 en un test maquiavélico. Saqué el 5,2
Ética y Deontología: Un trámite. Luego descubrí que mi profesor era el subdirector del D.Información
Periodismo Económico: Raimundo supo desde el primer día que me daban angustia los números.
Producción Audiovisual: Hice de 'lobo' en los Tres Cerditos. Christofer Mackenzie no hizo nada
Derecho de la Información: Nos presentamos 30. A los cinco minutos se fueron 20. De los diez, solo cuatro fueron los elegidos, y yo fui uno de ellos. Estuve a punto de mandarlo todo a la mierda
Crítica cine y tv: Vimos las películas más raras que pudo encontrar Antonio Sempere
Periodismo deportivo: La segunda mejor nota de la clase. Ansiada asignatura
Trabajo de Fin de Grado: Leí una decena de libros, 185 columnas, hice cuatro entrevistas, escribí como un condenado, atropellaron a mi tutor, encuaderné el trabajo horas antes de entregarlo y lo expuse el otro día ante un Tribunal cachondo -en su mayoría- y respetable. Último obstáculo superado. Ya soy GRADUADO EN PERIODISMO.
martes, 16 de septiembre de 2014
¿Los periódicos se venden por los columnistas?
Este miércoles tengo la exposición de mi Trabajo de Fin de Grado, el último obstáculo para ser oficialmente graduado en Periodismo. Como tengo que hacer un Power Point -algo que me parece aburridísimo- y tengo que aclarar ideas, creo necesario hacer un resumen en el blog. Así escribo un poco, que lo tengo un tanto abandonado.
El título de este TFG es 'El Columnismo Literario o Periodismo Creativo como señuelo en los medios de comunicación escritos'. Es decir, la capacidad de los periódicos o medios digitales para captar audiencia gracias a sus columnistas, considerados 'estrellas' o 'voces de autoridad' dentro de este oficio. Voy a adelantaros el final: le he dado la vuelta. Los periódicos no se compran ni se leen por los columnistas. Se han acomodado. Desde su pedestal, se han creído los dueños del chiringuito y han dejado que el tiempo pase, hasta que los ha destruido.
He realizado un registro de todas las columnas en una semana cualquiera de los cuatro periódicos con más tirada en nuestro país: El País, El Mundo, ABC y La Razón. Contabilicé 185 columnistas, repartidos de forma equitativa entre todos los diarios. La inmensa mayoría de sus columnas van referidas a temas políticos (46%) u otras sub-categorías relacionadas -derecho penal, monarquía, terrorismo, UE-. En un segundo escalón están los columnistas que poseen más variedad temática y que tienen mayor capacidad de explotar su vena literaria (20%), aunque también la utilizan, en su mayoría, para opinar sobre asuntos políticos.
De todos ellos, son muy pocos los que utilizan la literatura para dar forma al texto. Suelen ocupar una tribuna de relevancia en el periódico, ya sea en la contraportada o en la primera página: Rosa Montero, especializada en denuncia social, Alfonso Ussía, más centrado en política y fútbol, Manuel Vicent, cuyo estilo roza lo poético, y por supuesto, Juan José Millás, máximo exponente del columnismo literario y, probablemente, el único capaz de asumir de forma natural los recursos de la novela dentro del periodismo, además de tener la osadía de incluir algún relato de ficción. ¡FICCIÓN! Ni siquiera hoy, en pleno 2014, está bien visto escribir una especie de cuento inventado en las páginas de un diario.
La gente está cansada de la política. Noticias de política, análisis de política, y columnas de política. ¡Basta ya! Nadie lee toda esa mierda. Es difícil encontrar un texto que cuente la intrahistoria. Me explico: cuando lees un titular que reza así: "Orbán consolida su control en Hungría" y su subtitular "El primer ministro populista revalida la mayoría absoluta con un 46,8% de los votos según los primeros resultados", la mejor forma de empezar esta noticia es como lo hizo la enviada especial de El País en Budapest, Silvia Blanco:
"Iuliana Toth, de 61 años, y su amiga Margo, de 57, aprovechan una tarde soleada sentadas en una terraza cerca del centro de Budapest. Es una zona llena de tiendas y ellas llevan varias bolsas con ropa. "¡Voy a votar por Fidescz, por supuesto!", dice la más joven, que trabaja como pedagoga. "Solo Fidesz", subraya con entusiasmo Iuliana, jubilada de la misma profesión, repitiendo el lema del partido del Ejecutivo. Lleva el pelo corto, mechas rubias y manicura con brillantina".
Es difícil encontrar una introducción así en una noticia de política nacional. Los enviados especiales están obligados a indagar en la zona, salir a la calle y entrevistar a los protagonistas o afectados. ¿Por qué los que trabajan aquí, en España, no hacen lo mismo? Se nota en los textos la falta de profundidad, de investigación. La precariedad laboral ha mermado las redacciones, convertidas en salones de estar donde los periodistas escriben a partir de comunicados o notas de prensa. Las empresas recortan en lo más valioso del periodismo: la reconstrucción de la escena. El poder ir a una terraza de Budapest y hablar con dos señoras mayores sobre las elecciones húngaras. Describir algo relevante desde lo más mundano, lo que le interesa de verdad a la gente.
Las columnas, al igual que los artículos de opinión y hasta los reportajes, son cada vez más análiticos y menos narrativos. ¿Es importante la objetividad? Por supuesto. Pero los textos de un periódico deben ser atractivos para el lector, hacerle un mundo tan complejo un poco más fácil. Y sobre todo, no provocar bostezos desde la primera página.
Hasta la saciedad han defendido las Facultades de Periodismo el sistema estadounidense de principios del siglo XX, cuya estructura se basaba en información objetivada y en la respuesta a las seis preguntas fundamentales: qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Éste es otro problema que ha propiciado un desnivel considerable en la calidad de los textos periódisticos: la escasa formación literaria en las Universidades.
Y es que el recelo por la conjunción periodismo & literatura ha sido permanente desde el nacimiento del Nuevo Periodismo. Pese al éxito que cosecharon obras como 'A sangre fría', de Truman Capote, 'Hiroshima', de Hersey, o 'Relato de un Náufrago' de García Márquez, además de un sinfín de publicaciones de periodistas como Tom Wolfe o Norman Mailer, el periodismo literario siempre estuvo en el ojo del huracán, por su presumible "falta de rigurosidad". Ese prejuicio debe desaparecer, porque el periódico no es solo un elemento informativo: también es pedagógico y, por supuesto, de entretenimiento: Un lector agradece la información explicada con sencillez y con elementos característicos de la novela (descripción, identificación del "yo", reconstrucción de la escena). Si además se consigue su disfrute, el retorno o feedback está más que asegurado.
Si a eso le añadimos que el columnista o periodista literario abusa del yo personal, actuando como protagonista incluso cuando no lo es; que son muchos los detractores que impiden la normalidad de la ficción dentro de un periódico, y que el se está desaprovechando la oportunidad de ofrecer un producto de alto nivel en soportes digitales, podemos comprobar que existen demasiados obstáculos que dificultan un periodismo literario de calidad en los medios escritos.
Así pues, basándome en mi análisis y en las opiniones de los mejores columnistas de este país, algunos de ellos entrevistados por un servidor -Antonio Sempere, Pep Torrent, Fernando Ramón y José Belmonte- podemos concluir lo dicho al principio: que los periódicos, ni mucho menos, se venden ya por los columnistas, y nos sorprenderíamos si viéramos la escasa audiencia que tienen éstos en la web del medio. Que escasean los textos literarios, principalmente porque se ha recortado en ellos, porque es más fácil hacer un texto político o de fútbol. Porque han perdido profundidad, debido a la supresión de grupos de investigación. Porque las Universidades no contribuyen. Porque el columnista, antes producto estrella, se ha estrellado contra su propio ego.
Y la única manera de que las columnas vuelvan a ser el verdadero señuelo de los medios escritos es rompiendo todas las barreras, acabando con la polémica, demostrar que el periodismo literario es necesario e imprescindible. En palabras de Tomás Eloy Martínez: "Demostrar que la realidad nos pasa delante de los ojos como un relato, en el que hay diálogos, enfermedades y amores, además de estadísticas y discursos".
Si a eso le añadimos que el columnista o periodista literario abusa del yo personal, actuando como protagonista incluso cuando no lo es; que son muchos los detractores que impiden la normalidad de la ficción dentro de un periódico, y que el se está desaprovechando la oportunidad de ofrecer un producto de alto nivel en soportes digitales, podemos comprobar que existen demasiados obstáculos que dificultan un periodismo literario de calidad en los medios escritos.
Así pues, basándome en mi análisis y en las opiniones de los mejores columnistas de este país, algunos de ellos entrevistados por un servidor -Antonio Sempere, Pep Torrent, Fernando Ramón y José Belmonte- podemos concluir lo dicho al principio: que los periódicos, ni mucho menos, se venden ya por los columnistas, y nos sorprenderíamos si viéramos la escasa audiencia que tienen éstos en la web del medio. Que escasean los textos literarios, principalmente porque se ha recortado en ellos, porque es más fácil hacer un texto político o de fútbol. Porque han perdido profundidad, debido a la supresión de grupos de investigación. Porque las Universidades no contribuyen. Porque el columnista, antes producto estrella, se ha estrellado contra su propio ego.
Y la única manera de que las columnas vuelvan a ser el verdadero señuelo de los medios escritos es rompiendo todas las barreras, acabando con la polémica, demostrar que el periodismo literario es necesario e imprescindible. En palabras de Tomás Eloy Martínez: "Demostrar que la realidad nos pasa delante de los ojos como un relato, en el que hay diálogos, enfermedades y amores, además de estadísticas y discursos".
lunes, 11 de agosto de 2014
Autos y Locos
El año pasado organizamos un Torneo 24 horas de fútbol sala, el cual tuvo una gran aceptación y conseguimos que fuera un evento muy especial. Este año quisimos repetir, pero no llegamos al número de participantes que esperábamos. Sin embargo, el mismo día que suspendimos el torneo, ya estábamos planeando el siguiente: una carrera de Autos Locos.
Cuando oí 'Autos Locos' por primera vez pensé en la serie de dibujos animados que de pequeño veía en Cartoon Network. Fue hace unas semanas cuando, sentados en el Pub LA CASA, hablamos de que ya se habían celebrado carreras en Cox y Redován. La competición consistía en crear tu propio coche sin motor y debía ser rápido y original. Además, la carrera tenía que celebrarse en una cuesta. Al día siguiente ya estábamos en el Ayuntamiento hablando con la Comisión de Fiestas para organizarlo.
Dicho y hecho. No nos pusieron ni un problema. Unos días después ya teníamos carteles, y entrábamos en el Programa de Fiestas. La concejal, Conchi Martínez, hablaba en los medios del éxito que había tenido en otros pueblos y que seguramente habría una alta participación. Sin embargo, dudo mucho que imaginara tal espectáculo que se armó en la Rambla Alta.
Alrededor de seis mil personas acudieron al evento a lo largo de su transcurso, quizá más. A las 15 h, ya estaba la Rambla despejada de coches, y en las siguientes horas la llenamos de vallas y cintas para que el público no sufriera ningún percance. La paja llegó después, y se colocó en los basureros y en el Santo. No hubo ni una sola persona que hablara de los 'Autos Locos' y no mencionara la "hostia que se van a pegar en el Santo". Por suerte, nadie se estampó contra uno de nuestros monumentos más preciados.
Sin embargo, sí hubo un percance, el único de toda la carrera: la Pantera Rosa, uno de los coches más preparados y que causó gran sensación al repartir al público 'Donuts' por doquier, perdió una rueda al final del trayecto y se estampó contra la ambulancia. Uno de ellos tuvo que ser trasladado al Centro de Salud y tuvimos un parón de más de media hora. Por suerte, el hombre está bien y solo sufre una contusión.
La participación fue una barbaridad: 10 autos y 9 triciclos, algunos de ellos muy originales y atrevidos. Desde dos militares con un mini 'jeep' hasta nueve callosinos -Los Sanroquines- vestidos de San Fermín perseguidos por un toro -se llevaron el premio al más original-. Desde el presidente del Centro Excursionista en pañales hasta un coche fantasma. Incluso hubo dos chalados que se tiraron con un carro y un cartel que decía: "No tenemos Auto, pero estamos locos". Los más rápidos fueron 'Los Bomberos', de Redován, al llegar a meta en 27,01 segundos -le sacó ocho al segundo clasificado-.
Nos lo montamos bien. Yo me coloqué arriba, lejos de todo el ruido, para dar la salida a coches y triciclos. Aquello era una fiesta: música, gente cantando, bebiendo y riendo. Debía soplar con un silbato al teléfono, con el que me comunicaba con José, que estaba abajo para cronometrar y avisar a nuestro speaker, el gran Big Man, que nos deleitó con sus excentricidades. Allí había una carpa y nuestros compañeros de Eventos La Casa que pusieron la música y amenizaron la espera de los coches hasta la meta.
Como premios, los ganadores se llevaron dos lotes de Especialidades Hidalgo valorados en 60 €, además de regalos para todos los participantes. Fue un verdadero placer, y una gran satisfacción el poder organizar un evento que ha maravillado tanto y que ha conseguido que mucha gente se lo pase bien. No hay nada que compre lo orgulloso que me sentía de recibir elogios por la organización del evento, después de un esfuerzo por hacer feliz a la gente en estas Fiestas. Gracias al Ayuntamiento, a Eladio, a Conchi Martínez, a la Policía Local -que nos pusieron mil pegas, pero dieron el callo-, a Protección Civil, a todos los que nos ayudaron antes, durante y después de la carrera y a todos los que la hicieron posible. Será un día para recordar toda la vida.
martes, 5 de agosto de 2014
SCARBOROUGH 5: Nostalgia, la gomina asesina y el falso Van Nistelrooy
Ahora lo echo de menos. Adoro Callosa, y me encanta estar con mi gente, y soy una de esas personas que llevan por bandera la frase 'Hogar, dulce hogar'. Como en casa, en ningún sitio. Sin embargo, uno cree que Scarborough, o una ciudad parecida, perfectamente podría convertirse en hogar. En un gran hogar.
Uno cree, además, que en Scarborough hemos dejado cosas pendientes. Que el tiempo ha pasado muy rápido, y que a pesar de lo que se dice, que es un pueblo en el que no se puede hacer nada, está lleno de vida. Y de naturaleza. Y lleno de posibilidades. Podría acostumbrarme perfectamente a una vida en la que tuviera que hablar inglés porque sí, en la que me levantara pronto -a las ocho toda Inglaterra tiene los ojos abiertos-, tomara unos huevos fritos con bacon y fuera a estudiar, trabajar, aprender. Comer a las 12 h, salir a pasear por las sendas, acabar en la playa y bañarte. Subir corriendo al castillo. Bajarlo en bici. Ver un partido de la Premier League con una pinta en la mano. Relajarte en casa viendo una peli de Rocky Balboa. Y dormir hasta que amanezca un nuevo día.
Sí, todo se ve desde otra perspectiva cuando dejas algo. Allí, todo lo malo martilleaba mi cabeza: que no tienes wifi, que Scarborough está lleno de cuestas, que las gaviotas no se callan, que hay cientos de coches, que no entiendes ni pajolera idea de lo que te dice el revisor del tren, que suenan sirenas de ambulancia o de policía cada treinta minutos, que en Inglaterra es difícil ver la luz del sol.
Entonces, solo tienes ganas de volver a casa. Coger el tren de las 16:53, hacer trasbordo en York y llegar al aeropuerto de Manchester a las 20 h. Hacer una cola enorme, de más de dos horas. Mirar a tu alrededor y ver mujeres espectaculares que, al parecer, viajaban a un concurso de belleza; cuatro tipos de muy mal rollo detrás tuyo -uno de ellos me pidió perdón tres veces por darme con la maleta- y, a lo lejos, una figura muy familiar. No me lo podía creer. A unas cuatro filas de mi, estaba a punto de facturar su maleta Rudd Van Nistelrooy, la estrella de fútbol.
¿Qué hacía 'Van Gol' en Manchester? Empecé a asociar ideas. Rudd jugó en el ManU, y los vuelos de Monarch -la compañía en la que viajábamos- de esa noche eran casi todos a España. Él había jugado en Madrid y en Málaga. Seguramente, tendrá casas en todas las ciudades en las que ha jugado. Traté de visualizarlo con más claridad. Llevaba gorra y gafas, como de incógnito, aunque recuerdo haberle visto alguna vez así en sus últimos años en la Rosaleda. No podía hacer nada para acercarme a él, perdería mi sitio en la eterna cola hasta el mostrador. Cuando menos me lo esperé, desapareció.
Por entonces, yo estaba que me cagaba en los pantalones. Nunca había volado con Monarch, y no tenía tarjeta de embarque. Mientras toda la gente iba cargada con papeles, yo solo podía enseñar una factura en el móvil y el DNI. La chica que me tocó fue simpatiquísima, y me dio la tarjeta al instante, además del asiento que yo quise. Me preguntó como se decía 'ventanilla' y 'pasillo' en castellano, y se despidió con un literal 'ADIÓS', con marcado acento inglés, claro.
Subí las escaleras hasta el primer control. La chica que lo custodiaba me hizo tirar la botella de agua y un 'aerosol'. Me había echado el desodorante en la mochila porque sabía que el viaje iba a ser largo y no iba a parar de sudar como un pollo. Comprobé el resto de objetos por si tenía que tirar algo más. Solo llevaba un libro, papeles, el cargador del móvil y un bote de gomina que me compré en 'TESCO' y que me salió por un ojo de la cara. Todo inofensivo.
Entonces llegué al control de verdad. Lo dejé todo en una bandeja y pasé por el detector. Sin problemas. Entonces pasó la bandeja y se desvió por otro conducto. Me temí lo peor: ya hace ocho años, cuando volvía de Londres, los controladores abrieron mi mochila y descubrieron un cuchillo que había tomado prestado de la familia con la que vivía para cortar el espetec. La policía se alarmó al pensar qué podía hacer yo con una arma blanca antes de entrar en un avión.
Pero este no era el caso. Cuando la controladora me abrió la mochila, sacó la gomina y volvió a pasarla por el detector sin problemas, me quedé atónito. ¿EN SERIO? ¿UN BOTE DE GOMINA QUE ME COSTÓ MÁS DE CINCO EUROS? Paré a pensar en las miles de razones con las que podía haber provocado una desgracia durante el vuelo con un bote de gomina asesina. Me imaginaba los titulares: "Hombre provoca accidente aéreo al pringar de gomina la cara del piloto del vuelo 685". Muero.
Después de ese lío, las colas me dieron tregua. Fui al Burguer King, me zampé un menú y esperé a que abrieran la puerta de embarque. Me quedaban cinco libras sueltas, así que decidí gastarlas en chocolate. Fui a una pequeña tienda regentada por árabes en la que me compré dos kit-kats y un kinder-bueno por 2,40 libras. La dependienta, con velo incluido, me hizo sacar la tarjeta de embarque después del billete de cinco libras. Me dijo, 'OK' y me fui. Descubrí que no me dio el cambio unos cuantos metros más adelante. Entonces ya era tarde para volver. Fuck.
Llegué a la puerta y allí estaba. Rudd Van Nistelrooy. Iba a Alicante. Y si me ponía en la cola, iba a ir casi detrás de él. Me aparté y traté de visualizarlo con más claridad desde distintos ángulos. Un señor me observaba perplejo mientras recorría la sala tratando de dilucidar que sí, que era Van Nistelrooy. Al final, no podía marcharme así como así. Tenía que preguntárselo. Se lo solté en español por si me equivocaba y así me iba tan pancho. Pero cuando empezó a reírse ya sabía que no era él. Y que además era español. Me dijo: "ojalá fuera él". Yo regresé a la cola, más larga que antes, muerto de vergüenza. Para colmo, el falso Van Nistelrooy no dejó de mirarme hasta que entramos en el avión.
No despegamos hasta las doce pasadas. Iba sentado con dos chicas rubias que trataron de acomodarse unas doscientas veces para dormir. Yo me puse el Ipod y escuché música hasta que de repente la azafata me dijo que abriera la ventanilla y me quitara los auriculares. Casi me obligó. Si no lo hubiera hecho, ¿nos abríamos estrellado? Nunca lo sabremos.
Se notó la llegada a España. Primero por la angustia del calor. Habíamos subido más de diez grados de golpe. Segundo, porque cuando el segurata me dejó pasar viendo mi DNI, dijo en un tono cálido y campechano: "Hola, Buenah Nocheh". Y tercero, porque el 'eficiente' aeropuerto de Alicante tardó más de media hora en hacer funcionar la cinta de equipaje. Luego, mi madre no recordaba donde había puesto el coche. Entré a mi casa de Callosa a las 5:10, más de doce horas después de haber salido de mi piso de Scarborough. Ya entonces, en mi cama, con un calor de mil demonios e incapaz de dormir, comencé a echar de menos a ese pueblecito de la costa inglesa que, a pesar de las gaviotas, las cuestas, las sirenas y las comisiones, iba a recordar por siempre como un lugar mágico, idílico, de los que sueñas con vivir algún día. Ojalá.
lunes, 4 de agosto de 2014
SCARBOROUGH 4: De Anfield a Riverside
Quién me iba a decir a mi hace más o menos un mes, cuando supe con seguridad que iba a estar diez días en Scarborough, que iba a cumplir dos sueños, dos objetivos que perseguía desde que la pasión del fútbol se cernió sobre mí. No, no estoy hablando de ver un partido del Scarborough FC, que juega en la octava división inglesa. He tenido la fortuna y el placer de poder visitar dos estadios míticos: Anfield Road y Riverside Stadium.
El primero, dos días después de aterrizar en tierras británicas. Mi prima me dio la gran noticia de que ese domingo todo el colegio iba de excursión a Liverpool, y que por supuesto pasaríamos por el magnífico estadio de los reds. No hay campo que soñara más conocer. Me apasiona la Premier League, y el Liverpool representa el auténtico espíritu del football. Es un campo pequeño -me sorprendí mucho-, tradicional, que posee un aura especial, huele a historia de este deporte. El interior está plagado de cuadros con grandes figuras y con los mejores entrenadores del club. Casualmente, no estaba Rafa Benítez, que consiguió la Champions en 2005 en una de las finales más grandes de la Copa de Europa. El guía nos dio una excusa muy mala, parece que todavía andan quemados con el madrileño.
También me sorprendió -y decepcionó- una sala en la que guardaban camisetas enmarcadas de clubes que fueron humillados por el Liverpool. Estaba la del Barça -cuando fue eliminado en la semifinal de la Copa de la Uefa en 2001- y estaba la del Madrid, cuando perdió 4-0 en octavos de final de Champions, un partido que se recuerda por las palabras de Vicente Boluda, anterior presidente blanco, en las que afirmaba que en Anfield iban a "chorrear" a los reds. Vaya por Dios.
Aquel día tuve también la suerte de poder tomarme una cerveza -dos, para ser exactos- en el bar donde tocaban los Beatles. Incluso eché un meo donde solía hacerlo John Lennon. Vimos un desfile en honor al centenario de la Primera Guerra Mundial -horrible- y comimos en el Subway. Poca cosa que añadir aparte de que tuve que soportar durante el viaje de ida en autobús a unos italianos que no dejaban de cantar su himno nacional -y se reían de que el nuestro no tuviera 'palabras'- y nos decían: "¿Where is Van Persie?" recordando el 5-1 en el Mundial. Una de las pocas palabras que salieron de mi boca aquella mañana fue para responderles: "¿And where is Godín?
Seis días después, estaba a bordo de un autobús dirección Middlesbrough. Un día decidí que este equipo, que alcanzó la final de la UEFA frente al Sevilla en 2006 y que tiene ahora como entrenador a Aitor Karanka, iba a llamarlo para siempre por su apodo: el Boro. O en su defecto, el Boro inglés. Sin embargo, para encontrar un medio de transporte en el que ir hasta allí, tuve que decir el nombre de la ciudad unas 500 veces. Nunca me entendieron.
Eran dos horas y pico de viaje, pero valía la pena. Fui solo, a pesar de mis intentos por llevar a muchos chavales que querían acompañarme. Llegué a la estación de autobuses y cogí un taxi hasta el Riverside Stadium, a las afueras de la ciudad, para ver, casualmente, al Villarreal CF. Resulta que estaba de pretemporada en Inglaterra y su primera parada era el Boro. No podía desperdiciar la oportunidad de ver por primera vez un partido en un campo inglés, y encima frente al Submarino. Compré la entrada por 10 libras y entré al estadio 20 minutos antes del pitido inicial. Me lleve sorpresa doble: primero, al entrar por la puerta del campo, te encuentras con una especie de hall abarrotado de aficionados bebiendo pintas y comiendo hamburguesas. El paraíso, vamos. ¿Cuándo aprenderán en España? Me pedí media pinta y creo que los ingleses me miraron peor que si no llevara nada.
La segunda sorpresa llegó al entrar por el acceso a las gradas. Me encontré con el césped, a ras, y con los jugadores del Villarreal a un metro. Pude hacerme fotos con Cani y Tomás Pina. Conocí a unos amigos de Mario, el lateral derecho, que fueron muy simpáticos ayudándome con las fotos de los jugadores y con otra chica española que estaba allí y que no conseguí ni siquiera su nombre. ¡Una pena! Me quedé con la espina de no estrecharle la mano a Marcelino y decirle que estaba haciendo un gran trabajo en el Villarreal. Creo que le tuve mucho respeto. Demasiado.
Vi el partido cerquísima del césped, al lado de los banquillos, y con una señora del Boro que descubrió que yo era español y que se dedicó a decirme todos los sitios de España que había visitado: Alicante, Benidorm, Alpujarra, los Picos de Europa... incluso me invitó a un bollo, que rechacé porque sospechaba que llevaba pasas en su interior. ¡Con lo buenos que están con chocolate! La señora se llegó a interesar por el Submarino. Me preguntó de dónde era y cual era su mejor jugador. Se sorprendió con los goles amarillos en la primera parte. Y me dedicó una enorme sonrisa cuando se marchó al descanso a causa de la lluvia.
Cuando terminó el partido, me fui corriendo a comprarme un cuarto de libra con queso en el puesto, y fui a la rotonda en la que me dejó el taxi porque le pregunté al conductor si podía volver cuando acabara el partido. El taxista fue muy amable, y aunque no pudo ir, mandó a un compañero a recogerme.
Éste, al comprobar mi pésimo inglés, se molestó sobremanera en indicarme cómo tenía que encontrar mi autobús en la estación. Pensaba que era fácil, pero fue de locos. Verme a mí, corriendo de un lado para otro entre autobuses, con todas las puertas cerradas -porque ahí no se podía entrar si no era para acceder directamente al autobús- y buscando el que me llevara a Scarborough, cuando solo quedaban cinco minutos para que arrancara, fue una situación de lo más cómica. Cuando buscaba la pantallita con el número, un hombre mayor se cayó al suelo en mis narices. Le ayudé a levantarse hasta que llegó su acompañante y me dio los gracias, pero yo el autobús lo perdía, estaba seguro. Entonces el tipo me ayudó y conseguí dar con él. Muy agradecido.
Todo el lío, las cuatro horas y media de viaje, en un autobús destartalado que no podía subir las cuestas con un desnivel del 25 % y que hacía paradas en medio de la nada, valió muchísimo la pena. Para mí, hay una escena que se me va a quedar para siempre en la retina. Riverside Stadium, descanso. Se oyen cánticos de fondo. De repente, empieza a llover y comienza a sonar 'Wake me up when September ends', de Green Day, por megafonía. Se me pusieron los pelos de punta. Día inolvidable.
jueves, 31 de julio de 2014
SCARBOROUGH 3: Doble Filo
Lo que voy a relatar es la historia extraída de unas exhaustivas conclusiones a raíz de una extensa investigación sobre el pueblo inglés en el que estoy viviendo y que recibe el nombre de Scarborough -si es que lo he escrito bien-. Bueno, en realidad es una serie de observaciones superfluas, pero qué más da. Al menos he encontrado la manera de poner las tildes en el teclado.
Scarborough, como ya dije, te da la primera impresión de pueblecito en la costa en el que se vive un remanso absoluto de paz. Lo cierto es que hay zonas espectaculares para ello, desde un complejo de Spa que se anuncia en un cartel cada cien metros hasta grandes zonas donde se respira naturaleza por los cuatro costados. Incluso sobre las ocho de la tarde, momento en el que la inmensa mayoría de la población se encuentra ya inmersa en un profundo sueno -no, no he encontrado todavía la manera de poner la N de EspaNa-, se puede pasear por las calles escuchando poco más que la brisa de la playa o los graznidos de las doscientas mil gaviotas que pueblan este lugar.
Y además, las vistas de Scarborough son magníficas. Ya dije que todo sitio en el que me encantaría vivir debería tener naturaleza y mar. Aquí puedes pasear por sendas plagadas de vegetación -más propia de las Amazonas- y acabar en la playa, o subir a un castillo y contemplar el hermoso paisaje que dibujan los bellos prados, con las casitas británicas a lo lejos y el mar de fondo. Sí, uno querría despertarse con esa visión todas las mananas -sí, maNanas-.
Y a los que dicen que no se puede hacer nada en este "pueblo de jubilados", os diré que Scarborough está plagado de supermercados, centros comerciales, parques, feria, playa y abundantes sitios de comida rápida. Pero sobre todo bares. Y una estupenda librería en la que estoy ahora mismo y en la que tengo que cambiarme de ordenador cada media hora para poder seguir gorroneando Internet.
Ahora, al igual que el doctor Jekyll y el señor Hyde, Scarborough tiene un lado oscuro, casi siniestro. Empezando por las gaviotas que te miran fíjamente a los ojos posadas en una papelera mientras tiras un envoltorio. Siguiendo por lo negro que se vuelve todo por la noche, cuando parece que las nueve son las cuatro de la manana en cualquier lugar del mundo. El ambiente es desolador, y no es difícil encontrarte con gente chunga y tener miedo. El otro día iba a TESCO y para entrar tienes que hacer un laberinto de cojones. Yo ya pensaba que era una trampa de dos tipos con chupa que iban detras de mí y querían extraerme los órganos.
En Scarborough hay decenas de contenedores por calle y presumen de tener los jardines cuidados y los puentes recién pintados. Pero, como podemos ver en la foto, hay rincones que dejan mucho que desear.
Sí, este parece un lugar tranquilo, pero aquí hay movimiento contínuo mientras el sol esté en lo alto. A veces hay que esperar hasta diez minutos para pasar de una calle a otra. Aparecen coches por todas partes. Hay cruces enormes en los que no hay semáforos y en la acera se ven calaveras de gente que murió esperando para pasar.
Y luego, a cada hora, uno de esos coches es una ambulancia o un furgón policial. Es verdad que he visto en películas cómo bomberos rescatan a gatitos en las copas de los árboles, pero no creo que lleguen a ese punto -o sí-. El caso es que aquí a cada rato pasa algo. El otro día, hubo una pelea en un bar y la policía acudió para obligar al que había empezado a que pidiera perdón. Éste lo hizo y los agentes se retiraron sin detener a nadie. Ah, y uno de los primeros carteles que leí nada más llegar fue uno de la comisaría de Scarborough, que avisaba de la búsqueda de un hombre por triple asesinato. Casi nada.
La delincuencia aquí es un hecho, y parece que no se llevan a cabo las medidas pertinentes para detenerla. En lugar de eso, se obliga a pedir perdón y se empenan -sí, empeNan- en construir calles sin salida para que cualquiera se despiste y acabe en las manos de la mafia inglesa.
Aunque el mayor crimen, y ya hablo en general de todo Reino Unido, es el de cobrar comisión cada vez que se saca dinero de la tarjeta. Mira que EspaNa hace cosas mal, pero por lo menos si voy a mi banco no tengo que pagar por extraer efectivo de mi cuenta. Aquí te roban los ladrones y las empresas.
Capítulo 1: Otro Mundo
Capítulo 2: La Vida al Revés
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