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No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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viernes, 17 de julio de 2015
30 pasos a seguir para subir la potencia de la luz en Iberdrola
1. Darte cuenta de que se va la luz con sólo poner la lavadora, el lavavajillas o cargar el móvil.
2. Decírselo al casero, que por suerte, es electricista.
3. Tirarse una hora trasteando, sin éxito. Llegó a decir: "Qué vergüenza no saber qué pasa".
4. Que el casero llame por la tarde y te diga que es porque han cambiado la instalación y ahora tenemos la tarifa más baja. Hay que llamar a Iberdrola para pedir un aumento de vatios o aguantar con la actual. Decidimos aguantar.
5. Dos semanas después, la cosa empeora. Se va hasta por encender la luz del baño. Hablamos con el casero y llamamos a Iberdrola.
6. Nos dicen que tenemos que decir el número del contrato y el dni del titular. Colgamos.
7. Preguntar al casero. Me lo pone por Whatssap. Vuelvo a llamar.
8. Me dicen que el boletín que tenemos no soporta más de 1,5 vatios. Que tiene que venir un electricista a cambiarlo.
9. Decírselo al casero. El casero nos dice que el boletín está en perfectas condiciones. Que llama él.
10.Nos llama el casero. Dice que ya está arreglado. Que el lunes -estamos a jueves- nos la suben.
11. Lunes por la tarde. Llama el casero. Dice que le ha llamado Iberdrola. Que hay que cambiar el titular del contrato porque él ya es titular de otro y no puede subir la potencia de éste (?). Que llame.
12. Llamar a Iberdrola. Me dicen, otra vez, que diga el dni y el número de contrato. También la dirección y el nombre del contrato actual.
13. Me cambian de agente. Me dicen, otra vez, que diga el dni y el número de contrato, la dirección, el nombre del contrato actual, mi nombre y apellidos y hasta en qué horarios suelo defecar.
14. Me dicen que le diga el número de cuenta. Es el de mi madre. No lo sé de memoria.
15. Acordar con la agente que llame en 5 minutos. Llamar a mi madre. Me dice que está en la calle, que no sabe su número de cuenta.
16. Me dice su contraseña digital y entro a la web del Banco Santander. Apuntar la cuenta. Esperar llamada.
17. Me llaman. Les digo el número de cuenta. Me repiten todos los datos. Me dicen que sólo queda un paso para cambiar el titular. Me dice que le da ERROR.
18. No entiende qué da error. Cree que es porque hay una solicitud anterior de subida de vatios. Que primero hay que subir la potencia y luego cambiar el titular. ¿PERO NO ERA AL REVÉS?
19. Me cambian de agente. Me preguntan el dni, el número de contrato, la dirección, el nombre del contrato actual, mi nombre y apellidos, en qué horarios defeco y si pienso suicidarme hoy o mañana.
20. Hablar con voz quebrada, apunto de llorar. Explicar que primero me dijeron que cambiara el titular como condición para cambiar la potencia, y ahora que cambiara la potencia para cambiar el titular.
21. Me dice que la primera vez que rechazaron la subida de vatios fue porque no teníamos un boletín que soportara más vatios. Que teníamos que mandar un correo con los datos.
22. Decir que la rechazaron la primera vez, pero que luego llamó el casero y lo arregló. Me dice que no tienen constancia de correo y que en ese caso tendría que mandarlo otra vez.
23. Colgar. Contemplar la posibilidad de tirarse por el balcón.
24. Llamar al casero. Le digo que nos han dicho que hay que cambiar primero la potencia antes que el titular del contrato, y que no tienen datos del boletín, que hay que mandar un correo electrónico. Me dice que no puede ser. Que va a llamar.
25. Me llama el casero y me dice que ya está arreglado. Que mañana hay que confirmarlo y que tardará unos días. Después, de todas formas, habrá que cambiar el titular.
26. Pasan tres días. Me habla el casero y me dice que entre las 9 y 10 de la mañana del día siguiente va a venir un tipo de Iberdrola a subir la potencia.
27. Las 11 del día siguiente. No viene nadie. Se lo digo al casero y llama. A la media hora, aparece el tipo de Iberdrola y sube la potencia.
28. Hacer la prueba de enchufar el lavavajillas y el aire acondicionado al mismo tiempo. Va de lujo.
29. La prueba definitiva. Pertusa enciende la luz del baño. Y se fue la luz, OTRA VEZ.
30. Hay que subir la potencia otra vez y, por lo tanto, seguir los 29 pasos anteriores. O tirarse desde el noveno, que es justo lo que voy a hacer.
sábado, 4 de julio de 2015
Mi compañero
Mi compañero de piso se levantaba siempre muy tarde. Tenía el horario cambiado, y como los búhos, dormía por las mañanas y vivía por las noches. Cómo yo con la Copa América, vamos. Siempre aparecía en gayumbos, con la cara hecha un asco y los ojos a punto de reventar. Cogía su móvil, respondía los 20.000 whatssaps pendientes -y dejaba 20.000 más para más tarde-, cogía el ordenador y se ponía a leer artículos sin parar. Quizá fueran las 15 h, pero él no tenía hambre, nunca. Hasta que le ponía un plato de macarrones a la carbonara en la mesa. Entonces engullía como si de un pato se tratara.
Luego se tiraba en el sofá y se quedaba viendo Zapeando mientras trataba de responder los 20.000 whatssaps de antes. A veces, se iba al aseo, y tenía miedo de que nunca jamás volviera. Si nos teníamos que ir a un sitio, la palabra 'ducha' se convertía en 'interminable'. Por la noche, como digo, había que vivir. Salir de fiesta, gastarse un dineral en pubs y taxis. O sino, todo lo contrario: apagar todas las luces y ver capítulos de Juego de Tronos como salvajes.
A mi compañero le encantaba la televisión. O los documentales. O ver películas a destajo. o vídeos de goles. Y leer artículos científicos o de curiosidades. Le molaba fumar cachimba, beber tinto de verano, comer hamburguesas -la Monster- cuando estoy a dieta y, entre él y José, acabar con todas las existencias de leche en el piso. No era un tipo sucio, pero nunca supo poner el lavavajillas, y creo que tampoco la lavadora. Se planchó una camisa en hora y media, eso sí.
De mi compañero de piso conocía muchas cosas. Llevamos juntos ocho años, joder. Para mí es como un hermano. He vivido con él ocho meses y no he aprendido nada importante de él. Sólo los pequeños detalles. Lo bueno, lo mejor, ya lo conocía. La única diferencia entre hace ocho meses y ahora es que entonces era el tío más afortunado del mundo por vivir con Sergio Berenguer, y ahora, cada día que pasa desde que se fue, siento un vacío imposible de llenar.
La mayor putada de todas en el día de hoy, el día de su cumpleaños, es no poder felicitarle en persona. No poder celebrarlo con él. No poder escribir esto en la pizarra de la pared en lugar de en este blog -aunque se ha librado de leer mi letra infernal-. Sólo espero que pase un día genial, como él sólo sabe, porque se merece todo lo bueno de este mundo. Porque aunque ya no sea mi compañero de piso, siempre será compañero de vida. Siempre.
jueves, 18 de junio de 2015
¿Y qué pasa ahora?
Ahora que el sueño se ha acabado, y que la selección española ha sido apeada del Mundial de fútbol femenino a las primeras de cambio sin ganar un sólo partido (1-1, 1-0 y 2-1), conviene recordar que el sólo hecho de haber disputado la fase de grupos se podría considerar poco menos que una hazaña.
Reconozco que hace unos años ni siquiera contemplaba la posibilidad de que el fútbol femenino debiera equipararse al masculino. Ya sea por ignorancia, o porque no le daba la importancia suficiente, por mi cabeza no pasaba esa idea. Y eso que fui durante varios años entrenador de un equipo escolar femenino, con el que conseguí ganar dos campeonatos. La conciencia y la responsabilidad me llegó de verdad cuando escuché por primera vez a Verónica Boquete, capitana de la selección española. La entrevistamos en noviembre de 2012, en el programa ¡Córrete la Banda! de Radio UMH, y sus palabras me dejaron boquiabierto.
"Tenemos una guerra constante y diaria con todo. Con la Federación, con todas las instituciones, con la sociedad, con la gente,.. es una carrera de fondo, como decimos nosotras". Aún con falta de apoyo, las chicas consiguieron clasificarse para la Eurocopa por segunda vez en toda su historia, logrando alcanzar los cuartos de final. Después, lo que ya sabemos: clasificación para el Mundial por primera vez en la historia. Todo ello, en un país con raíces machistas, sin liga profesional -las jugadoras no pueden vivir del fútbol- y sin ayudas. ¿Y qué pasa ahora?
Algo está cambiando, por supuesto. El fútbol femenino ya es prioridad en muchísimos países, videojuegos como el FIFA incluyen el Mundial entre sus competiciones, las portadas de los diarios se vuelcan con la causa, las redes sociales se inundan de apoyos a las selecciones y las audiencias son mejores que nunca. Pero aún queda un largo camino. No hay nada hecho.
Sí, es cierto que el fútbol femenino todavía no tiene, ni mucho menos, la mitad del tirón que tiene el masculino. Sobre todo en España, donde es más importante si Cristiano Ronaldo se echa crema en un barco que un golazo de Boquete en la final de la Champions. Ahí es donde tienen responsabilidad los medios. Deben saber vender el producto, concienciar a las masas, denunciar las injusticias.
Una gran responsabilidad tiene también la RFEF, que no ha cumplido su parte. Lo explica bien Rubén Uría en 'Ahora que nos nace la consciencia':
A finales del año pasado, la RFEF anunciaba un paquete de medidas de apoyo a las chicas, pactando una rueda de amistosos internacionales por territorio español. El mínimo era de un partido al mes hasta el comienzo de la cita mundialista, con una gira por EEUU como antesala al viaje a Canadá. En su lugar, la selección debió conformarse con jugar contra un equipo de la Comunidad de Madrid, con disputar apenas cinco amistosos (contra Nueva Zelanda se llegó a jugar dos veces) y con jugar entre ellas el último encuentro de preparación, porque no se pudo cerrar el último amistoso. ¿Saben en qué quedó la supuesta gira por EEUU? En nada, no tuvo lugar. España llega a Canadá sin haberse adaptado, sin haberse enfrentado a rivales de nivel y sin haber completado la gira que la RFEF prometió. Igualito que los chicos, ya ven.
Ahí lo tienen. España fue sin la preparación necesaria al Mundial, y aun así estuvo a un gol de clasificar a octavos. Aun así, compitió con dos de las grandes favoritas a llevarse el título. Y aun así recibieron críticas de muchos que no tienen ni la menor idea de lo que ocurre. A éstos, les diría que vieran el Informe Robinson 'Fútbol y Femenino', y que contemplen con sus propios ojos la gran realidad. No hay otra.
Una liga profesional debe ser el primer paso. Si muchos jugadores del mundo emigran a nuestro país para disputar la reconocida Liga BBVA, en el fútbol femenino pasa todo lo contrario: tienen que salir de España para crecer. Eso hizo Verónica Boquete, actual jugadora del Bayern Munich y recién proclamada campeona de Europa con el Wolfsburgo. Y eso hicieron Natalia Pablos, Celia Jiménez y Vicky Losada. Eso da pie a un bucle: la Liga, ya de por si mermada, sufre el abandono de sus mayores estrellas. ¿Por qué no se invierte en fútbol femenino? ¿Porque no vende? ¿Y no habrá que invertir para poder vender? El Espanyol, por ejemplo, ha realizado duros recortes en su sección y no pueden pagar a las jugadoras ni hacer fichajes. La muestra más clara de que algo no funciona es que el Real Madrid no cuenta con un equipo de fútbol -ni de baloncesto- femenino.
"Que nuestros mejores talentos tengan que emigrar para progresar como futbolistas y poder vivir de esto es un hecho inequívoco de que algo falla. No es malo que pase, pero sí que se vea como algo normal sin buscar un remedio para que no ocurra". Esto decía David Menayo, especialista en fútbol femenino del Diario MARCA, tras la eliminación ante Noruega en la Eurocopa 2013. Dos años después, el discurso obtiene la misma vigencia.
lunes, 15 de junio de 2015
¡Qué difícil es adelgazar en Madrid!
Es muy difícil adelgazar en Madrid. Ya de por sí es una tarea complicada en cualquier parte del mundo, pero en la capital española te encuentras el triple de obstáculos que en ningún otro sitio. Por lo menos yo. Y os voy a explicar por qué.
1. Madrid es una ciudad preciosa. Y hay que aprovechar el tiempo en ella. Desde que estoy aquí el aburrimiento ha desaparecido de mi vida. Y eso limita las horas para hacer deporte. Cuando iba al Máster, llegaba a casa casi a las 16 h, comía y no hacía la digestión hasta cuatro horas después. Entonces ya había algún partido que ver o alguna quedada importante. Y en invierno, un frío de cojones. Ahora, hasta que empiece las prácticas, tengo un poquitín más de tiempo, pero quizá no el suficiente.
2. En Callosa había unas facilidades inmensas para correr. Sólo había que bajar las escaleras y salir en dirección a la huerta. Aquí, hay que coger el metro para correr en un parque o hacerlo directamente en la calle, parando en semáforos una y otra vez. Es un poco coñazo.
3. Los que me conocen saben que adoro comer. Es uno de los grandes placeres de esta vida, y en Madrid la variedad es maravillosa. Ya he probado decenas de bares y restaurantes, y he disfrutado como un niño tapeando por el centro. Lamentablemente, quizá como más de lo que debería. Y es muy difícil comer menos si tienes el McDonalds, el TGB, el Burguer King y el Telepizza tan cerca. Si tienes dos compañeros de piso que tienen fritanga en las venas. Si existen sitios como el Tigre para ponerte las botas por dos duros. Y si estás deseando que lleguen cumpleaños, comuniones y bodas para atiborrarte. Así no se puede.
4. El estrés me da hambre. Los nervios me dan hambre. Tener que hacer cosas me da hambre. En realidad, tengo hambre casi las 24 horas del día. Y es difícil saciar el apetito. En Callosa, a veces, conseguía domarlo bebiendo agua como un condenando, pero aquí sólo tenemos del grifo y si no está fría sabe a rayos.
¿Cómo remediar todo eso? La única manera es con fuerza de voluntad. Me voy a proponer perder peso, no porque quiera ir a la playa y enseñar algo que no sea una barriga cervecera, sino porque quiero verme bien, sentirme ágil y llevar una vida bastante más sana de la que llevo.
1. Correr 3 días a la semana.
2. Hacer abdominales todos los días.
3. Comer menos y variedad. Capricho: un día a la semana. Chocolate: un día a la semana.
Día 1: 78,1 kg
Día 2
Día 3
Día 4
Día 5
Día 6
Día 7
Semana 2
Día 8
Día 9
Día 10
Día 11
Día 12
Día 13
Día 14
Semana 3
Día 15
Día 16
Día 17
Día 18
Día 19
Día 20
Día 21
* En azul, días que me voy a correr.
* En rojo, capricho
jueves, 28 de mayo de 2015
Cambridge: Capítulo 3
Escribo este capítulo final ya en casa, en Madrid, con la habitación hecha un desastre y después de recuperar muchas horas de sueño acumulado. En la madrugada de ayer, todavía en tierras inglesas, cogí en Cambridge un autobús a las tres de la madrugada para ir al aeropuerto, esperar hasta las seis para coger el avión y llegar al piso a las once de la mañana. Sí, fue una muerte lenta y dolorosa.
Pero mereció la pena. Sobre todo por un último día alucinante. Contamos desde la noche del lunes, cuando fuimos a un sitio magnífico e irreal de Cambridge, el 'LOLALO', un lugar donde ponen todo el reggaeton que te puedas imaginar, ambientado en una especie de selva tropical. Ojo, porque pusieron hasta la 'Macarena', y fliparíais viendo a los guiris, borrachos perdidos, bailando aquello. Ojo: en la foto, con Mónica, otra callosina por el mundo. Estamos en todas partes. ¡En todas!
Como en todos los garitos de Inglaterra, el Lolailo cerró a las tres de la madrugada -de nuevo, chapamos el pub-, así que teníamos unas cinco horas para descansar antes del gran viaje a Londres. Sin embargo, la muerte y la resaca nos obligaron a salir hacia la capital inglesa, en tren, a las doce.
Llevaba nueve años sin pisar Londres. Lo que recordaba del Támesis era un río donde la mujer que me acogía por entonces se ganaba la vida tocando la guitarra. Cuando lo vi, esplendoroso, enorme -un poco lleno de mierda, también- delante de mis narices, supe que con 16 años no había apreciado de verdad la magnitud de donde me encontraba.
Dimos un rodeo chulo por la zona, antes de irnos a comer a una especie de antro -inciso: en Inglaterra, al contrario que en España, los antros son, además de antros, caros de cojones-. Después, vimos el Big Ben, el Golden Eye, el palacio de Buckinham, Green Park y, por último, Picadilly Circus, parcialmente acompañados por la señorita Ana Sancho, quien nos enseñó la zona, nos llevó a a beber cervezas en happy hour y nos descubrió una de las mejores hamburguesas que he comido.
La vuelta fue mortal, sí. Llegamos a Cambridge a las doce de la madrugada y quedaban tres horas para coger el bus. Pero había que ir a Londres, y disfrutar de un día increíble en el que a la gente le chocaba ver a Sergio y a mi con las camisetas de Liverpool y Manchester (¡Mirad, están andando juntos!), en el que comprobamos que la capital está dominada por una franquicia llamada PRET AND MANGER (pero Fenoll desafió el sistema dejando un regalito en uno de ellos); y en el que hablar inglés -o spanglish, o inglés murciano- nunca fue tan reconfortante.
Nos lo hemos pasado en grande. Sobre todo con mis gratas experiencias con los taxistas. En la noche del Lolailo, el conductor me agarró del brazo porque Fenoll todavía no le había pagado. Y en la vuelta de Londres, como todavía no me acostumbro y estaba tan cansado que no vi el volante, me senté en el asiento del taxista. El hombre, ya mayor, abrió la puerta y me preguntó, con tono serio: Are you a driver? Sergio todavía se está descojonando.
Han sido miles los detalles que han hecho que este viaje sea maravilloso. Lamentablemente, no me acuerdo de todos, y darían para escribir diez entradas como esta. Pero el más importante es el hecho de saber que da igual estar en Madrid, en Alicante, en Cambridge, en Múnich o en Singapur. La amistad jamás se rompe. Y estamos dispuestos -cuando ahorremos- a ir hasta el fin del mundo si es necesario.
lunes, 25 de mayo de 2015
Cambridge: Capítulo 2
Escribo con agujetas en la parte inferior de las nalgas -no penséis mal- y sin planta de los pies porque creo que he andado y montado en bici como no lo he hecho en mi vida. Ojo, cuando vuelva no me vais a ver más delgado ni mucho menos. Todo esfuerzo físico se ha compensado con mucha grasa british -es el plato típico de aquí, nosotros tenemos la tortilla de patatas y ellos la grasa british-.
¿Por qué andamos tanto y montamos tanto en bici? Lo primero, porque en el día 2, diez horas después de dormir como cosacos y comernos un desayuno al más puro estilo inglés, Berenguer y yo decidimos perdernos al comprobar que quedaban 22 minutos para que llegara el autobús. Vimos patos y vacas rodeando el río Cam, y decidimos 'acortar' para ir al centro. Acabamos en Milton, un pueblo a las afueras de Cambridge, en la nada más absoluta. Había pradera a la izquierda y pradera a la derecha. Hasta una señora nos dijo algo parecido a "no sigáis, un poco más allá está Mordor".
Dimos la vuelta, cuando nos dimos cuenta que igual aparecíamos en la huerta de Callosa, y encontramos una hora después a Fenoll, que nos llevó un poco más allá del inframundo para comer una buena ración de fish and chips. Luego decidió que era buena idea recoger la bici en casa de su amigo, entre 45 y 60 minutos andando. Y después de recoger la bici, que se le caiga el sillín y tener que ir andando hasta su casa. Entre las veces que se equivocó y las otras tantas que se desvió para que viéramos no se qué, acabamos recorriendo la periferia, el centro y las afueras de Cambridge. Luego fuimos al Hospital para que me amputaran los pies.
La vida en este pueblo es placentera. En las calles que no están en el centro, reina una tranquilidad pasmosa. El olor a fritanga -sobre todo a bacon- invade el ambiente, al igual que las grandes dimensiones de césped que dan ganas de tumbarte y vivir allí toda la vida. Cambridge tiene naturaleza, tiene río, tiene vida social y tiene una riqueza cultural increíble. Como dice Sergio, preferiría vivir aquí antes que en Londres.
Esta mañana, después de dar mil vueltas en bici -parecíamos los chavales de verano azul- hemos acabado desayunando en un café italiano, donde hemos conocido a una chica majísima de Jaén, que lleva cuatro años viviendo en la ciudad. Nos hemos tomado unos chocolates calientes y unos cruasanes de chocolate y jamón-queso, y nos hemos adentrado en el centro, donde hemos disfrutado de los collegues -o como se escriba-, del mercado, de las iglesias y catedrales y de -según Fenoll- la casa donde vive Stephen Hawking. Hemos comido en un mexicano, nos hemos tirado en el césped, hemos visitado el café donde trabaja Fenoll y hemos podido contemplar -uoh- el puente de las matemáticas.
Ahora estamos reponiendo fuerzas porque esta noche vamos a una discoteca que se llama Lolailo o no se qué. Sergio está tirado en la cama como un saco de patatas y Fenoll... bueno, Fenoll está exactamente igual. Yo necesito un masaje en los pies, pero por lo demás estoy listo para otra noche estupenda en Cambridge, la ciudad donde amanece a las cuatro de la mañana, donde la gente pone candados en sus contenedores por si les roban la basura, donde hay más bicis que personas y donde te puedes encontrar en medio de la calle -ojo a esto- ratones, puercoespines, e incluso zorros. Sí, Sergio y yo vimos un zorro esperando al autobús. No sabemos si llevaba ticket.
domingo, 24 de mayo de 2015
Cambridge: Capítulo 1
Así que nos embarcamos mi amigo Berenguer y yo en un avión que zarpaba a las seis de la mañana, después de habernos hinchado en el Tigre -lo que adoramos el Tigre- y de haber tomado algo por última vez en la Risueña. Una última Copa en un lugar castizo, español -aunque el 70% de los clientes eran sudamericanos-. Lo que vendría después serían cervezas, cocteleras y más cervezas. Pero antes, la matada del siglo.
Llegamos al aeuropuerto sobre las 4:30, algo contentos por los litros de cerveza y tinto de verano en el cuerpo. Gran momento el de estar esperando a que llegara la chica al mostrador de la puerta de embarque y que los cientos de personas allí sentados se levantaran al instante, como si acabaran de abrir un Mediamarkt el día de la salida de la PlayStation 5. A Sergio le pusieron en la cola PRIORIDAD y a mi en LA OTRA FILA. Sí, como si fuera pasajero de tercera clase. Luego, en el avión, nos pusieron a 20 asientos de distancia, pero la matada fue tal que casi dio igual. Como siempre, despegar fue genial. Aterrizar... bueno, me pegué un susto de muerte. Yo estaba esperando con los ojos cerrados porque habían dado el aviso hacía ya 10 minutos. Así que cuando di el respingo, la pareja de sudamericanos sentada junto a mí se descojonó en mi cara.
Llegamos a buena hora al auropuerto de Londres -una hora antes, jeje (me maten)-, lo malo es que nos encontramos con una cola espectacular para enseñar el DNI. Era triste ver mi cara de muerto, con una moquita infernal, y repitiéndome la salsa que le echan a todo en el Tigre. Lo mejor fue la conversación con el del control, demostrando que mi inglés sigue siendo genuino.
Hombre: ¡Hola!
Yo: Hello!... ¡Hola!
Hombre: From Madrid?
Yo: ... Yeeees!
Hombre: How many days?
Yo: Um..... four!
Hombre: London?
Yo: ... Yeeeees. And Cambridge.
Hombre: Ahhhh! Okei, Okei. Bye!
Yo: Bye!
Llegamos a la estación de autobuses diez minutos antes de que saliera nuestro autobús. Fenoll nos dijo que creía que era el 19, y la operaria nos lo confirmó. Sin embargo, un buen rato después de la hora de salida, le pregunté Where is my bus? y la chica me dijo que ¡OHH! Tienes que cambiar los billetes. No nos lo podíamos creer. Luego resultaba que la operaria se llamaba Marissa, sabía español y se había equivocado, era el 17. Pero nos cobraron 11 libras más, sin ningún problema. Fuckin Marissa.
Dos horas y pico después, cogimos el autobús dirección Cambridge. En unos asientos acolchados, propios de una zona VIP, caímos rendidos hasta llegar al centro del pueblo, donde esperaba Fenoll con una bici, un papel donde nos decía todo lo que teníamos que hacer para llegar a casa sanos y salvos y una llave doblada. Es un genio.
Llegamos en perfectas condiciones, gracias a las indicaciones de Fenoll. Al entrar a la casa, nos dijo que no había nadie y que su habitación era la de enfrente de las escaleras. Lo que obvió fue que la habitación estaba SUBIENDO las escaleras, no en el piso de abajo. Entramos a la habitación y apareció una chica recién salida de la ducha chillando como una posesa. Estuvimos a un pelo de Antonio Resines de verla completamente desnuda.
En el papel ponía que abriéramos su armario. Estaba lleno de todo tipo de guarrerías de chocolate: nutella, mini-napolitanas, kinder bueno, galletas... comimos unos sandwiches y fuimos al centro, donde nos esperaba nuestro amigo y una chica de Jaén, Ana, que se apuntó al maravilloso plan de ver Eurovisión mientras nos hinchábamos a beber cerveza. Fue en un pub de Ely, un pueblo cercano a Cambdrige, donde nos comimos una hamburguesa legendaria, conocimos al disparatado profesor de Fenoll, vimos actuar a Edurne sin sonido y bebimos chupitos de Jagger y cerveza en las jarras que usa mi madre para guardar el agua.
Reconozco que NO pude votar a Edurne. Era la primera vez que estaba fuera de España en Eurovisión, y los ingleses me torpedearon para que no pudiera llamar ni mandar sms. Hay un amaño importante en este sentido. Pero bueno, disfruté diciéndole a un aficionado del ManU que De Gea se iba a Madrid porque echaba de menos a su girlfriend. Y de regalo, les dábamos a Bale. Se indignó completamente, como si Gareth fuera Faubert en sus peores tiempos.
Después nos fuimos al Regal -creo que se llamaba-, una especie de Discoteca elegante pero plagada de guiris borrachos. Lo mejor eran los camareros, casi todos disfrazados. Uno iba de soldado imperial de Star Wars, otro de Gandalf... y estos de la foto, ni puñetera idea.
Llegamos a casa después de que un taxi conducido por un colombiano nos pusiera 'Dime si conmigo quiereh hacer travesurah' y tras parar en un cajero que no nos dejó sacar dinero -le pagamos en euros-. Esperamos una hora a que llegara Fenoll, que había ido a por la bici -y a comer algo en el McDonald. Caímos rendidos a la espera de un nuevo día, éste del que estamos disfrutando ahora mismo. El viaje no empieza nada mal.
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