No señores, no se ha acabado el mundo. Hemos sobrevivido al año 2012. Sin embargo, la profecía de los mayas sigue vigente. El 21 de diciembre acabó una Era y empezó otra, la Era del Conocimiento y la Sabiduría. Esta Era da paso a una purificación absoluta en la humanidad, por el bien de nuestro querido planeta y ser vivo, la Tierra. Podríamos estar hablando de otro Apocalipsis. Las profecías mayas son infalibles, por lo tanto es más que probable que los próximos años sean los últimos de tu existencia. Y en este blog vamos a disfrutarlos al máximo ;)
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miércoles, 26 de agosto de 2015

Mis 8 valoraciones de los Oscar (4)

1. Gran Hotel Budapest: Rara de cojones. La película más original de las nominadas, recuerdo que mi madre y mi hermana se levantaron del sofá con una cara total de desconcierto. Su ritmo trepidante, su multitud de personajes, su decoración, sus mil detalles... la convierten en una película única, aunque un tanto extravagante. Lo mejor, la actuación del gran Ralph Fiennes. Una pena que no fuera nominada para el Oscar.


2. La Teoría del Todo: Para mí, una de las grandes películas del último año. La que más me gustó de todas las nominadas, la historia mejor adaptada -aunque no se llevara la estatuilla por ello- y la mejor interpretación -esta sí-. Stephen Hawking apareció en la gran pantalla gracias a la maestría de un Eddie Redmayne colosal. La historia, preciosa y cruel al mismo tiempo, va acompañada de una banda sonora maravillosa. Puro cine.

3. Boyhood: Muchas expectativas ante una película rodada en 12 años, reconstruyendo la infancia y adolescencia de un niño real. Es increíblemente difícil hacer una película prácticamente sin argumento, y convertirla en una obra de arte. Para colmo, dura casi tres horas. Casi tres horas de lo más entretenidas. Para mí, mereció el Óscar a mejor película que le arrebató Birdman.

4. Whiplash: Buena, aunque quizá me habría sobrado entre las nominadas -por Perdida o Interstellar, por ejemplo-. La interpretación de JK Simmons es, simplemente, espectacular, y hay escenas que son alucinantes. Pero la música y los platillos terminan por volverte loco.

5. Descifrando Enigma: Gran historia la del matemático Alan Turing, una de esas películas biográficas sobre grandes personajes de la historia que realizan hazañas a pesar de sus excentricidades y de los muchos obstáculos que se encuentran. Cumberbach es el Turing perfecto, y el film, como suelo decir muchas veces, "está muy bien hecho". Es decir, que casi nadie habría podido reconstruirla mejor.



6. Birdman: Peliculón. La película más divertida se llevó el Oscar -no pasaba desde hace muchos años- gracias a un guion tremendamente original, unas interpretaciones magistrales -unidas a diálogos muy buenos- un rodaje con planos secuenciales magníficos, y una historia, la que le ocurría entonces al propio Michael Keaton, que te hace sentir lástima y alegría casi al mismo tiempo.

7. El Francotirador: Tercer año consecutivo que Bradley Cooper repite nominación a mejor actor, esta vez con un papel trágico, y acaparando los flashes en primera fila, haciendo de un héroe americano que se llevó demasiadas vidas y que acabó pagándolo caro. Una gran película, como siempre, del legendario Clint Eastwood.

8. Selma: Meses y meses he tenido que esperar para ver esta gran película. Hacía tiempo que esperaba una reconstrucción de la vida de Martin Luter King. En este caso es sólo una parte -decisiva, eso sí-, pero es más que suficiente. Su lucha fue incansable. La de los suyos, también. Juntos, a pesar de las injusticias, consiguieron los derechos que les habían arrebatado. Una reconstrucción maravillosa de un momento histórico que pone los pelos de punta.


lunes, 17 de agosto de 2015

Mis Fiestas


Para mí, y cuando hablo de mí hablo de un ser súper raro, las Fiestas es levantarte con un malestar terrible y tirarte al sofá. Es comer un día unos macarrones, otro las sobras de un revuelto de arroz, todo a las cinco de la tarde. Y cenar cada día en un sitio distinto, pero no puede faltar una en la que esté todo el grupo, otra en la que Jorge y yo nos comamos un plato de 11 euros del Kebab, y otra en la que Carlos,mi primo Frank y yo disfrutemos de un pollico, unas patatas asadas y unas fritas. Es no ver ni un desfile, a no ser que nos pille en casa y pongamos Telecallosa. Es ver la Alborada porque no hay más remedio, porque todo el mundo la está viendo, y porque al fin y al cabo, queda muy cool beberse un gintonic en la oscuridad contemplando desde las gradas de una pista de fútbol sala unas cuantas palmeras brillantes en el cielo.

Es beber cervezas de trago, aunque ya no las bebas como antes. Aunque tu amigo, que es como un embudo, casi te obligue a mantener su ritmo, y acabar siempre con una cogorza con la que es difícil hasta respirar. Es llegar a la barraca y en lugar de bailar, hablar con todo cristo. Con aquel que hace años que no hablas, y te pregunta qué tal por Marca. Con los que se declaran fan de lo que escribes -aunque te cueste creerlo-. Con el amigo de toda la vida con el que empiezas a recordar buenos momentos y nunca terminas, con el que sabes que te pasarías horas y horas hablando de fútbol, con el que no conoces de nada y te hartas a hablar hasta darte cuenta de que ojalá, en otra vida, en otro momento, nos hubiéramos conocido mejor. Con el que desearías que el tiempo no pasara nunca y que ese momento quedara congelado para siempre.

Las Fiestas es acabar la barraca e irte a desayunar a la Virgen de la Portería, y descubrir que las pizzas están buenísimas, sobre todo a esa hora. Y que los cruasanes de chocolate siguen siendo tan sabrosos y explosivos como siempre. Es perder la noción del tiempo, olvidarlo todo salvo que estás allí, y abandonar una a una todas las preocupaciones, aunque te encuentres a un amigo borracho perdido e incapaz de moverse, lo lleves a tu casa, lo acuestes en tu cama y aparezca tu madre y se monte la de Dios.

Es hacer botellón enfrente de mi casa. A las tantas, cuanto más tarde mejor. Subir cada dos por tres para coger cervezas, hielo, patatas fritas o botellas de Ron Barceló. Es dejar que tus amigos defequen, si es preciso. Y pasar las horas hasta que nos demos cuenta de que son las cinco y cuarto de la madrugada y que la música está a punto de terminar. Pero joder, la mayoría adoramos tanto el lento proceso del botellón, el charlar de todo y el reír de todo, que bailar cuatro o cinco canciones -incluyendo la maldita Gosadera- es lo de menos.

Porque lo importante, como me ha recordado una amiga esta tarde cuando le he dejado entrever que las Fiestas de Redován son el Mal, es la gente de la que te rodeas. "El truco no está en la fiesta, sino en la que gente con la que la disfrutes y cómo te lo quieras pasar". Es una verdad como un templo. Y no, no me pongo una túnica ni cojo una lanza, tampoco me paso el día en comidas y en charangas. No tengo local en el que beber ni me muero si dejo de ver la mascletá, la alborada o un desfile multicolor. Me basta con mi sonrisa y la de los míos.


viernes, 17 de julio de 2015

30 pasos a seguir para subir la potencia de la luz en Iberdrola


1. Darte cuenta de que se va la luz con sólo poner la lavadora, el lavavajillas o cargar el móvil.
2. Decírselo al casero, que por suerte, es electricista.
3. Tirarse una hora trasteando, sin éxito. Llegó a decir: "Qué vergüenza no saber qué pasa".
4. Que el casero llame por la tarde y te diga que es porque han cambiado la instalación y ahora tenemos la tarifa más baja. Hay que llamar a Iberdrola para pedir un aumento de vatios o aguantar con la actual. Decidimos aguantar.
5. Dos semanas después, la cosa empeora. Se va hasta por encender la luz del baño. Hablamos con el casero y llamamos a Iberdrola.
6. Nos dicen que tenemos que decir el número del contrato y el dni del titular. Colgamos.
7. Preguntar al casero. Me lo pone por Whatssap. Vuelvo a llamar.
8. Me dicen que el boletín que tenemos no soporta más de 1,5 vatios. Que tiene que venir un electricista a cambiarlo.
9. Decírselo al casero. El casero nos dice que el boletín está en perfectas condiciones. Que llama él.
10.Nos llama el casero. Dice que ya está arreglado. Que el lunes -estamos a jueves- nos la suben.
11. Lunes por la tarde. Llama el casero. Dice que le ha llamado Iberdrola. Que hay que cambiar el titular del contrato porque él ya es titular de otro y no puede subir la potencia de éste (?). Que llame.
12. Llamar a Iberdrola. Me dicen, otra vez, que diga el dni y el número de contrato. También la dirección y el nombre del contrato actual.
13. Me cambian de agente. Me dicen, otra vez, que diga el dni y el número de contrato, la dirección, el nombre del contrato actual, mi nombre y apellidos y hasta en qué horarios suelo defecar.
14. Me dicen que le diga el número de cuenta. Es el de mi madre. No lo sé de memoria.
15. Acordar con la agente que llame en 5 minutos. Llamar a mi madre. Me dice que está en la calle, que no sabe su número de cuenta.
16. Me dice su contraseña digital y entro a la web del Banco Santander. Apuntar la cuenta. Esperar llamada.
17. Me llaman. Les digo el número de cuenta. Me repiten todos los datos. Me dicen que sólo queda un paso para cambiar el titular. Me dice que le da ERROR.
18. No entiende qué da error. Cree que es porque hay una solicitud anterior de subida de vatios. Que primero hay que subir la potencia y luego cambiar el titular. ¿PERO NO ERA AL REVÉS?
19. Me cambian de agente. Me preguntan el dni, el número de contrato, la dirección, el nombre del contrato actual, mi nombre y apellidos, en qué horarios defeco y si pienso suicidarme hoy o mañana.
20. Hablar con voz quebrada, apunto de llorar. Explicar que primero me dijeron que cambiara el titular como condición para cambiar la potencia, y ahora que cambiara la potencia para cambiar el titular.
21. Me dice que la primera vez que rechazaron la subida de vatios fue porque no teníamos un boletín que soportara más vatios. Que teníamos que mandar un correo con los datos.
22. Decir que la rechazaron la primera vez, pero que luego llamó el casero y lo arregló. Me dice que no tienen constancia de correo y que en ese caso tendría que mandarlo otra vez.
23. Colgar. Contemplar la posibilidad de tirarse por el balcón.
24. Llamar al casero. Le digo que nos han dicho que hay que cambiar primero la potencia antes que el titular del contrato, y que no tienen datos del boletín, que hay que mandar un correo electrónico. Me dice que no puede ser. Que va a llamar.
25. Me llama el casero y me dice que ya está arreglado. Que mañana hay que confirmarlo y que tardará unos días. Después, de todas formas, habrá que cambiar el titular.
26. Pasan tres días. Me habla el casero y me dice que entre las 9 y 10 de la mañana del día siguiente va a venir un tipo de Iberdrola a subir la potencia.
27. Las 11 del día siguiente. No viene nadie. Se lo digo al casero y llama. A la media hora, aparece el tipo de Iberdrola y sube la potencia.
28. Hacer la prueba de enchufar el lavavajillas y el aire acondicionado al mismo tiempo. Va de lujo.
29. La prueba definitiva. Pertusa enciende la luz del baño. Y se fue la luz, OTRA VEZ.
30. Hay que subir la potencia otra vez y, por lo tanto, seguir los 29 pasos anteriores. O tirarse desde el noveno, que es justo lo que voy a hacer.


sábado, 4 de julio de 2015

Mi compañero




Mi compañero de piso se levantaba siempre muy tarde. Tenía el horario cambiado, y como los búhos, dormía por las mañanas y vivía por las noches. Cómo yo con la Copa América, vamos. Siempre aparecía en gayumbos, con la cara hecha un asco y los ojos a punto de reventar. Cogía su móvil, respondía los 20.000 whatssaps pendientes -y dejaba 20.000 más para más tarde-, cogía el ordenador y se ponía a leer artículos sin parar. Quizá fueran las 15 h, pero él no tenía hambre, nunca. Hasta que le ponía un plato de macarrones a la carbonara en la mesa. Entonces engullía como si de un pato se tratara.

Luego se tiraba en el sofá y se quedaba viendo Zapeando mientras trataba de responder los 20.000 whatssaps de antes. A veces, se iba al aseo, y tenía miedo de que nunca jamás volviera. Si nos teníamos que ir a un sitio, la palabra 'ducha' se convertía en 'interminable'.  Por la noche, como digo, había que vivir. Salir de fiesta, gastarse un dineral en pubs y taxis. O sino, todo lo contrario: apagar todas las luces y ver capítulos de Juego de Tronos como salvajes.

A mi compañero le encantaba la televisión. O los documentales. O ver películas a destajo.  o vídeos de goles. Y leer artículos científicos o de curiosidades. Le molaba fumar cachimba, beber tinto de verano, comer hamburguesas -la Monster- cuando estoy a dieta y, entre él y José, acabar con todas las existencias de leche en el piso. No era un tipo sucio, pero nunca supo poner el lavavajillas, y creo que tampoco la lavadora. Se planchó una camisa en hora y media, eso sí.

De mi compañero de piso conocía muchas cosas. Llevamos juntos ocho años, joder. Para mí es como un hermano. He vivido con él  ocho meses y no he aprendido nada importante de él. Sólo los pequeños detalles. Lo bueno, lo mejor, ya lo conocía. La única diferencia entre hace ocho meses y ahora es que entonces era el tío más afortunado del mundo por vivir con Sergio Berenguer, y ahora, cada día que pasa desde que se fue, siento un vacío imposible de llenar.

La mayor putada de todas en el día de hoy, el día de su cumpleaños, es no poder felicitarle en persona. No poder celebrarlo con él. No poder escribir esto en la pizarra de la pared en lugar de en este blog -aunque se ha librado de leer mi letra infernal-. Sólo espero que pase un día genial, como él sólo sabe, porque se merece todo lo bueno de este mundo. Porque aunque ya no sea mi compañero de piso, siempre será compañero de vida. Siempre.

jueves, 18 de junio de 2015

¿Y qué pasa ahora?



Ahora que el sueño se ha acabado, y que la selección española ha sido apeada del Mundial de fútbol femenino a las primeras de cambio sin ganar un sólo partido (1-1, 1-0 y 2-1), conviene recordar que el sólo hecho de haber disputado la fase de grupos se podría considerar poco menos que una hazaña.

Reconozco que hace unos años ni siquiera contemplaba la posibilidad de que el fútbol femenino debiera equipararse al masculino. Ya sea por ignorancia, o porque no le daba la importancia suficiente, por mi cabeza no pasaba esa idea. Y eso que fui durante varios años entrenador de un equipo escolar femenino, con el que conseguí ganar dos campeonatos. La conciencia y la responsabilidad me llegó de verdad cuando escuché por primera vez a Verónica Boquete, capitana de la selección española. La entrevistamos en noviembre de 2012, en el programa ¡Córrete la Banda! de Radio UMH, y sus palabras me dejaron boquiabierto.

"Tenemos una guerra constante y diaria con todo. Con la Federación, con todas las instituciones, con la sociedad, con la gente,.. es una carrera de fondo, como decimos nosotras". Aún con falta de apoyo, las chicas consiguieron clasificarse para la Eurocopa por segunda vez en toda su historia, logrando alcanzar los cuartos de final. Después, lo que ya sabemos: clasificación para el Mundial por primera vez en la historia. Todo ello, en un país con raíces machistas, sin liga profesional -las jugadoras no pueden vivir del fútbol- y sin ayudas. ¿Y qué pasa ahora?

Algo está cambiando, por supuesto. El fútbol femenino ya es prioridad en muchísimos países, videojuegos como el FIFA incluyen el Mundial entre sus competiciones, las portadas de los diarios se vuelcan con la causa, las redes sociales se inundan de apoyos a las selecciones y las audiencias son mejores que nunca. Pero aún queda un largo camino. No hay nada hecho.

Sí, es cierto que el fútbol femenino todavía no tiene, ni mucho menos, la mitad del tirón que tiene el masculino. Sobre todo en España, donde es más importante si Cristiano Ronaldo se echa crema en un barco que un golazo de Boquete en la final de la Champions. Ahí es donde tienen responsabilidad los medios. Deben saber vender el producto, concienciar a las masas, denunciar las injusticias.

Una gran responsabilidad tiene también la RFEF, que no ha cumplido su parte. Lo explica bien Rubén Uría en 'Ahora que nos nace la consciencia':


A finales del año pasado, la RFEF anunciaba un paquete de medidas de apoyo a las chicas, pactando una rueda de amistosos internacionales por territorio español. El mínimo era de un partido al mes hasta el comienzo de la cita mundialista, con una gira por EEUU como antesala al viaje a Canadá. En su lugar, la selección debió conformarse con jugar contra un equipo de la Comunidad de Madrid, con disputar apenas cinco amistosos (contra Nueva Zelanda se llegó a jugar dos veces) y con jugar entre ellas el último encuentro de preparación, porque no se pudo cerrar el último amistoso. ¿Saben en qué quedó la supuesta gira por EEUU? En nada, no tuvo lugar. España llega a Canadá sin haberse adaptado, sin haberse enfrentado a rivales de nivel y sin haber completado la gira que la RFEF prometió. Igualito que los chicos, ya ven.

Ahí lo tienen. España fue sin la preparación necesaria al Mundial, y aun así estuvo a un gol de clasificar a octavos. Aun así, compitió con dos de las grandes favoritas a llevarse el título. Y aun así recibieron críticas de muchos que no tienen ni la menor idea de lo que ocurre. A éstos, les diría que vieran el Informe Robinson 'Fútbol y Femenino', y que contemplen con sus propios ojos la gran realidad. No hay otra.



Una liga profesional debe ser el primer paso. Si muchos jugadores del mundo emigran a nuestro país para disputar la reconocida Liga BBVA, en el fútbol femenino pasa todo lo contrario: tienen que salir de España para crecer. Eso hizo Verónica Boquete, actual jugadora del Bayern Munich y recién proclamada campeona de Europa con el Wolfsburgo. Y eso hicieron Natalia Pablos, Celia Jiménez y Vicky Losada. Eso da pie a un bucle: la Liga, ya de por si mermada, sufre el abandono de sus mayores estrellas. ¿Por qué no se invierte en fútbol femenino? ¿Porque no vende? ¿Y no habrá que invertir para poder vender? El Espanyol, por ejemplo, ha realizado duros recortes en su sección y no pueden pagar a las jugadoras ni hacer fichajes. La muestra más clara de que algo no funciona es que el Real Madrid no cuenta con un equipo de fútbol -ni de baloncesto- femenino.

"Que nuestros mejores talentos tengan que emigrar para progresar como futbolistas y poder vivir de esto es un hecho inequívoco de que algo falla. No es malo que pase, pero sí que se vea como algo normal sin buscar un remedio para que no ocurra". Esto decía David Menayo, especialista en fútbol femenino del Diario MARCA, tras la eliminación ante Noruega en la Eurocopa 2013. Dos años después, el discurso obtiene la misma vigencia.

Si nuestras chicas, sin recursos y ayudas, fueron capaces de llegar a cuartos de una Eurocopa y competir en un Mundial con dos de las mejores selecciones del mundo... ¿Qué harían con ayudas? ¿Qué pasará con las jóvenes de categorías inferiores que cada vez acumulan más podios y medallas? ¿Y con aquellas jugadoras que tienen que dejarlo porque tienen que estudiar y trabajar a la vez? ¿Y con las niñas que sueñan en un futuro con ser futbolistas? Hay que hacer algo para seguir soñando en grande. Y hay que hacerlo ya.


lunes, 15 de junio de 2015

¡Qué difícil es adelgazar en Madrid!




Es muy difícil adelgazar en Madrid. Ya de por sí es una tarea complicada en cualquier parte del mundo, pero en la capital española te encuentras el triple de obstáculos que en ningún otro sitio. Por lo menos yo. Y os voy a explicar por qué.

1. Madrid es una ciudad preciosa. Y hay que aprovechar el tiempo en ella. Desde que estoy aquí el aburrimiento ha desaparecido de mi vida. Y eso limita las horas para hacer deporte. Cuando iba al Máster, llegaba a casa casi a las 16 h, comía y no hacía la digestión hasta cuatro horas después. Entonces ya había algún partido que ver o alguna quedada importante. Y en invierno, un frío de cojones. Ahora, hasta que empiece las prácticas, tengo un poquitín más de tiempo, pero quizá no el suficiente.

2. En Callosa había unas facilidades inmensas para correr. Sólo había que bajar las escaleras y salir en dirección a la huerta. Aquí, hay que coger el metro para correr en un parque o hacerlo directamente en la calle, parando en semáforos una y otra vez. Es un poco coñazo.

3. Los que me conocen saben que adoro comer. Es uno de los grandes placeres de esta vida, y en Madrid la variedad es maravillosa. Ya he probado decenas de bares y restaurantes, y he disfrutado como un niño tapeando por el centro. Lamentablemente, quizá como más de lo que debería. Y es muy difícil comer menos si tienes el McDonalds, el TGB, el Burguer King y el Telepizza tan cerca. Si tienes dos compañeros de piso que tienen fritanga en las venas. Si existen sitios como el Tigre para ponerte las botas por dos duros. Y si estás deseando que lleguen cumpleaños, comuniones y bodas para atiborrarte. Así no se puede.

4. El estrés me da hambre. Los nervios me dan hambre. Tener que hacer cosas me da hambre. En realidad, tengo hambre casi las 24 horas del día. Y es difícil saciar el apetito. En Callosa, a veces, conseguía domarlo bebiendo agua como un condenando, pero aquí sólo tenemos del grifo y si no está fría sabe a rayos.

¿Cómo remediar todo eso? La única manera es con fuerza de voluntad. Me voy a proponer perder peso, no porque quiera ir a la playa y enseñar algo que no sea una barriga cervecera, sino porque quiero verme bien, sentirme ágil y llevar una vida bastante más sana de la que llevo.

Por eso, voy a seguir un plan específico -ideado por mí, paso de pagar dietistas- que publicaré en el blog por si alguien lo lee y puede recriminarme que no lo estoy cumpliendo. Estos son los objetivos:

1. Correr 3 días a la semana.
2. Hacer abdominales todos los días.
3. Comer menos y variedad. Capricho: un día a la semana. Chocolate: un día a la semana.

Día 1: 78,1 kg
Día 2
Día 3
Día 4
Día 5
Día 6
Día 7

Semana 2

Día 8
Día 9
Día 10
Día 11
Día 12
Día 13
Día 14

Semana 3

Día 15
Día 16
Día 17
Día 18
Día 19
Día 20
Día 21




* En azul, días que me voy a correr.
* En rojo, capricho


jueves, 28 de mayo de 2015

Cambridge: Capítulo 3




Escribo este capítulo final ya en casa, en Madrid, con la habitación hecha un desastre y después de recuperar muchas horas de sueño acumulado. En la madrugada de ayer, todavía en tierras inglesas, cogí en Cambridge un autobús a las tres de la madrugada para ir al aeropuerto, esperar hasta las seis para coger el avión y llegar al piso a las once de la mañana. Sí, fue una muerte lenta y dolorosa.

Pero mereció la pena. Sobre todo por un último día alucinante. Contamos desde la noche del lunes, cuando fuimos a un sitio magnífico e irreal de Cambridge, el 'LOLALO', un lugar donde ponen todo el reggaeton que te puedas imaginar, ambientado en una especie de selva tropical. Ojo, porque pusieron hasta la 'Macarena', y fliparíais viendo a los guiris, borrachos perdidos, bailando aquello. Ojo: en la foto, con Mónica, otra callosina por el mundo. Estamos en todas partes. ¡En todas!


Como en todos los garitos de Inglaterra, el Lolailo cerró a las tres de la madrugada -de nuevo, chapamos el pub-, así que teníamos unas cinco horas para descansar antes del gran viaje a Londres. Sin embargo, la muerte y la resaca nos obligaron a salir hacia la capital inglesa, en tren, a las doce.

Llevaba nueve años sin pisar Londres. Lo que recordaba del Támesis era un río donde la mujer que me acogía por entonces se ganaba la vida tocando la guitarra. Cuando lo vi, esplendoroso, enorme -un poco lleno de mierda, también- delante de mis narices, supe que con 16 años no había apreciado de verdad la magnitud de donde me encontraba.


Dimos un rodeo chulo por la zona, antes de irnos a comer a una especie de antro -inciso: en Inglaterra, al contrario que en España, los antros son, además de antros, caros de cojones-. Después, vimos el Big Ben, el Golden Eye, el palacio de Buckinham, Green Park y, por último, Picadilly Circus, parcialmente acompañados por la señorita Ana Sancho, quien nos enseñó la zona, nos llevó a a beber cervezas en happy hour y nos descubrió una de las mejores hamburguesas que he comido.

La vuelta fue mortal, sí. Llegamos a Cambridge a las doce de la madrugada y quedaban tres horas para coger el bus. Pero había que ir a Londres, y disfrutar de un día increíble en el que a la gente le chocaba ver a Sergio y a mi con las camisetas de Liverpool y Manchester (¡Mirad, están andando juntos!), en el que comprobamos que la capital está dominada por una franquicia llamada PRET AND MANGER (pero Fenoll desafió el sistema dejando un regalito en uno de ellos); y en el que hablar inglés -o spanglish, o inglés murciano- nunca fue tan reconfortante.



Nos lo hemos pasado en grande. Sobre todo con mis gratas experiencias con los taxistas. En la noche del Lolailo, el conductor me agarró del brazo porque Fenoll todavía no le había pagado. Y en la vuelta de Londres, como todavía no me acostumbro y estaba tan cansado que no vi el volante, me senté en el asiento del taxista. El hombre, ya mayor, abrió la puerta y me preguntó, con tono serio: Are you a driver? Sergio todavía se está descojonando.

Han sido miles los detalles que han hecho que este viaje sea maravilloso. Lamentablemente, no me acuerdo de todos, y darían para escribir diez entradas como esta. Pero el más importante es el hecho de saber que da igual estar en Madrid, en Alicante, en Cambridge, en Múnich o en Singapur. La amistad jamás se rompe. Y estamos dispuestos -cuando ahorremos- a ir hasta el fin del mundo si es necesario.